"Mis criaturas nacen de un largo rechazo."
PABLO NERUDA




















martes, 18 de febrero de 2014

"El sonido de mi voz", de Ron Butlin




Se hace muy visible, en narrativa, si quien ha escrito un relato o una novela es un poeta, para bien y para mal: imágenes poderosas que casi pueden acariciarse, metáforas originales o ingeniosas, el casi obligado monólogo interior que todo poeta, en última instancia, mantiene consigo mismo y con sus inquietudes... Para bien, porque la belleza, el ingenio y la devoción por la palabra llevada hasta su última expresión están aseguradas; para mal, porque es necesario a veces cambiar de uniforme de trabajo, dependiendo de la tarea que se va a desempeñar, y el autor especializado en métrica y verso corre el riesgo de escribir una novela en demasía poética, esto es, disoluta, confusa, rica en imágenes y construcciones de palabras pero errática en cuanto argumento. Aunque no es del todo el caso de Ron Butlin (Edimburgo, 1949), sí es cierto que en su prosa asoman los defectos profesionales del poeta que fue y  que es, con nada menos que seis poemarios en su haber. Según este autor escocés, del que se dice que es uno de los autores más aclamados de Escocia, se decidió a escribir relatos y novelas (e incluso algún libreto de ópera) porque hay más gente que escribe poesía que la que la lee y la compra, cosa con la que no puedo estar más de acuerdo. El experimento no le ha salido mal, y ya sólo con esta obra, El sonido de mi voz, ha cosechado los premios Millepages y Lucioles.

Tal vez lo más destacable de esta novela corta sea su estructuración. Hay una voz íntima que lo llena todo, que habla al personaje protagonista, que lo conduce a él y relata al lector los acontecimientos en tiempo real; una voz inmediata e insidiosa, que pese a ser la propia voz interior del protagonista no podría decirse que se trata de su conciencia, porque a cada instante lo exculpa de la cadena de errores y situaciones ridículas a los que su enorme adicción lo aboca. Se dice que esta novela sacude al lector con uno de los retratos del alcoholismo más potentes jamás mostrados, pero yo no estoy de acuerdo, si me baso en mi experiencia del trato que he tenido con personas reales que sufrían o sufren esta enfermedad. Aunque los antecedentes del protagonista de esta historia son traumáticos, la suya es una adicción por la vida, por empeñarse en ser feliz, por alzar la copa y hacer constantes brindis, vacuos y pueriles, por cualquier nimiedad; en él no se da esa tendencia a la violencia que suele acompañar a los alcohólicos, y los cambios de humor que sufre a cada instante no son descargados contra nadie: ni contra su mujer, intolerablemente comprensiva, ni contra sus hijos, a los que el protagonista gusta de llamar "las acusaciones". Y sin embargo, este perfil de persona adicta, aunque pueda resultar de a ratos poco verídico, aporta a las historias sobre el infierno de las adicciones una singularidad refrescante, novedosa, original, que conmina a sentir cariño por el protagonista.

Morris es un ejecutivo de treinta años, con una trayectoria exitosa, una mujer que lo ama y dos hijos que lo estudian, a veces, obsesivamente. En su exaltación y su euforia alcohólica, no se percata de que le miran de esa manera por los comportamientos ridículos que tiene después de sus sesiones de coñac y música clásica. No puede prescindir de ese tóxico lenitivo: es la llave que cierra la puerta del rechazo que su padre siempre sintió por él y la vacación particular que necesita para descargar la presión que conlleva ser uno de los directivos más prometedores de una conocida marca de galletas. Siente que a menudo pierde el control, pero el sonido de su voz lo convence una y otra vez de que eso sólo se debe a que ama la vida sin medida, y debe celebrar constantemente su enorme suerte y los méritos propios que le han hecho estar donde está.

Escrita con una hipnótica prosa, Butlin juega en esta novela con un estilo narrativo a caballo entre la crónica y el diario íntimo, plagado de inflexiones y de originales metáforas. Nunca pasa nada y, a la vez, pasa todo: la euforia amanece, se desvanece, vuelve a aparecer, en un agradable delirio literario que se parece mucho a la lucha interior que los adictos libran para mantener a raya las tentaciones. Su brevedad -esto es, su intensidad- juega un punto a su favor, y su visión del infierno de las adicciones es del todo original. Sírvanse una copa y atrévanse con este experimento bien desarrollado.







Título: El sonido de mi voz

Autor: Ron Butlin

Editorial: Rayo Verde Editorial

ISBN: 978-84-15539-20-9

Nº de páginas: 168

martes, 11 de febrero de 2014

"El precio de la desigualdad", de Joseph E. Stiglitz




Tal vez alguien, al arribar por casualidad en esta bitácora mientras navega por la red, se ande preguntando por qué diantres en un blog de literatura se reseña un libro sobre economía. A eso debo responder que no sólo de literatura vive el hombre. O el lector, para ser más preciso. Creo que quien gusta de considerarse un lector ávido, acérrimo, debe saber beber de todas las fuentes a su disposición, y sería una lástima que su curiosidad quedase relegada únicamente a los libros de ficción. Nos rodea un panorama político, social y económico, cuanto menos, inquietante, y es necesario de cuando en cuando sacar las narices de nuestras bibliotecas personales y otear en la letra impresa de periódicos y libros de índole distinta a la de la ficción literaria en busca de alguna esperanza que poder salvar de entre los restos del naufragio, aún tan metidos en la galerna que nos azota desde hace algunos años, tratando así de cribar las apariencias de lo que se nos vende y obteniendo, del contenido que nos queda tras esa depuración, las verdades, las medias verdades y las mentiras que casi se no ha obligado a aceptar sin más. "Me hice economista para que no me engañasen otros economistas", le oí decir a alguien en una ocasión. Del mismo modo, y aunque mis pretensiones no puedan alcanzar esas cotas por falta de conocimientos, desgraciadamente, yo a veces leo libros sobre la realidad que nos circunda en la actualidad, y trato de buscar en ellos las respuestas a muchas preguntas que, al igual que yo, estoy seguro, se hace la ciudadanía.

El Nóbel de Economía Joseph E. Stiglitz  (Gary, Indiana, 9 de febrero de 1943) nos facilita la tarea a aquellos que nos saltábamos sistemáticamente las páginas de economía de los periódicos para ir a dar de lleno en las de cultura. Y es que el suyo es un libro de economía escrito para personas que no entienden de economía, claro, accesible, sin reversos ni enrevesados tecnicismos, como si de un debate con amigos tomando cañas se tratase, tratando de arreglar el mundo acodados en la barra del bar. En él se desglosan los antecedentes de una crisis devastadora que casi ha hecho fenecer el tan sobrestimado sueño americano en Estados Unidos, que ha logrado que los pueblos comiencen a desconfiar de algunas democracias, que ha convertido en más pobres a los pobres y en muchísimo más ricos a los ricos, entre otras muchas razones que dejarán al lector rumiando sobre lo que las sociedades hemos elegido y, por lo tanto, permitido, con no pocas dosis de ignorancia y apoltronamiento y, en un grado menor, también de irresponsabilidad. 

Con la desigualdad asoman a la superficie factores tan peligrosos como el aumento del índice de criminalidad, la degeneración de los sistemas sanitario y educativo, niveles menores de cohesión social, los nuevos talentos se pierden, la vocación deja de existir y, con ella, la responsabilidad moral. Stiglitz nos desglosa una a una sus causas, nos da todas las respuestas y propone un conjunto de reformas que contribuirían a crear una sociedad más equitativa, con una economía más sólida y estable para todos. Como valor añadido, en esta nueva edición se incluye un nuevo y cuidado prólogo sobre la situación específica de España, y en él se nos describen las similitudes que, por desgracia, guardan en causa y efecto la crisis del gigante americano y la nuestra propia, a la que el autor no duda en llamarla, sin medias tintas y con todas las letras, depresión. España vive una depresión y no una crisis, y tanto los mensajes de prematuro optimismo de nuestros políticos como los tirones de oreja que se nos pega desde Alemania son erróneos. No se puede vender la piel del oso antes de cazarlo ni pedirle austeridad a quien nada tiene, nos dice con palabras más certeras Joseph E. Stiglitz.

El precio de la desigualdad es una obra que lleva impresa en su contenido el dolor de la lucidez. En ella se nos desvela el porqué del fracaso del euro, de una moneda única para un conjunto de países tan dispares económicamente entre sí, entre otras cuestiones que es seguro que el lector más despierto ya habría intuido a lo largo de esta crisis brutal, sin atreverse a pronunciarse por temor a que lo tildaran de ignorante. Un libro magnífico, ameno incluso para quien no le interesen estas temáticas. Un libro, en definitiva, que es un grito, pero también una súplica.


Título: El precio de la desigualdad

Autor: Joseph E. Stiglitz

Editorial: Punto de Lectura

ISBN: 978-84-663-2781-7

Nº de páginas: 512