"Mis criaturas nacen de un largo rechazo."
PABLO NERUDA




















sábado, 13 de septiembre de 2014

"La caverna", de José Saramago




Segunda novela que leo, en este año, del portugués José Saramago, escritor que para mí se ha convertido en un referente indiscutible de la originalidad al servicio de la literatura. Tanto es así que, con esta lectura, me ha quedado muy claro que donde mejor se movía el Nóbel de Literatura 1998 era en el terreno de la ficción; aunque novelas suyas de otro corte -el de ramalazo histórico, por ejemplo, con títulos como Levantado del suelo o Caín- no dejan nunca de tener la aprobación del lector, es cuando desplegaba su lúcida imaginación que encontramos al Saramago magistral, a un escritor que debió disfrutar mucho de su profesión y sentirse muy cómodo inventando historias genuinas como las que encontramos en Ensayo sobre la ceguera, Las intermitencias de la muerte, El hombre duplicado, Ensayo sobre la lucidez o esta que les traigo hoy a esta malograda bitácora, La caverna. Relatos desconcertantes, concebidos siempre desde un discurso inteligente y cabal, que a través de la calidez de sus personajes nos dan una medida de la coherencia de Saramago, puede incluso que de su bondad. El portugués fue muchas otras cosas antes de ser escritor, trabajó en muchos oficios, y eso es algo que se nota en novelas de su producción tales como la ya mencionada Levantado del suelo, la exquisita Claraboya o la que se reseña hoy aquí.

Si tuviera que dar un único y gran titular para resumir este libro, diría que es una metáfora. Se dicen cosas así, constante y socorridamente, de muchos libros, de muchas novelas; sin embargo, en este caso no puede ser más acertado decirlo. Nuestra forma de vida (la forma de vida de la sociedad actual, en que la inmediatez y la búsqueda de recompensas facilonas, de rápida y cómoda adquisición, nos ha convertido en seres desapegados, siempre al servicio de una practicidad deshumanizadora que apoya sus bases en una cultura -incultura, más bien- de usar y tirar), ha sido diseñada para destruir la vocación y para depurar responsabilidades, para desterrar de nuestra honestidad el sentido autocrítico y para recompensarnos sin que haya mediado antes ningún esfuerzo que nos haga merecedores de esas recompensas. Por suerte, Saramago sabía que la vocación, la tan necesaria vocación que convierte a simples mortales en artistas o artesanos, que de un médico hace un héroe y no un simple operario de medicina, que halla su esencia en la disciplina y en el crecimiento personal y no en ganancias cuantiosas obtenidas rápidamente, es quien puede salvarnos de nosotros mismos. Es indiscutible que la tecnología es una herramienta eficacísima, nada desdeñable, que logra grandes bienes en el mundo; pero jamás debería convertirse en sustitutiva de las cualidades más características que nos convierten (o deberían convertirnos, al menos) en mejores personas.

Valiéndose de la Alegoría de la caverna (más conocida, tal vez, como el Mito de la caverna de Platón), el escritor portugués nos relata los últimos días de una pequeña alfarería que ha dejado de serle útil al mundo, y que deberá luchar por subsistir en tanto que un descomunal centro comercial va creciendo más y más a muy pocos kilómetros. No se llamen a engaño aquellos que piensen que este argumento es tema aburrido para una novela. Lo sería, tal vez, si hubiera sido otro autor y no Saramago quien lo abordase; pero el portugués, con su laberíntica y nutrida prosa y la elección de unos personajes que brillan por su calidez humana, hace que las desventuras de Cipriano Algor, alfarero viudo que vive junto a su hija y su yerno, no sean menos fatigosas ni menos meritorias que las del propio Ulises, decidan ustedes si el de Homero o el de Joyce. Añádanle a eso palpables reminiscencias de las mejores novelas denominadas como distópicas -el centro comercial que va creciendo y engullendo la ciudad, donde todo se conduce con secretismo y oscuras leyes y donde uno puede encontrar de todo, desde tiendas de ropa hasta apartamentos o incluso microhábitats, idiotizando a la gente hacia una cultura de consumismo innecesario y, por lo tanto, irresponsable-, al más puro estilo de las historias de Orwell, Huxley o Bradbury, (tal vez un tímido homenaje de Saramago hacia ese género novelístico, o puede que solamente sea un alarde de su prodigiosa imaginación), y culminen la receta con una historia de amor repleta de saludable inocencia, la relación entrañable con el perro Encontrado y un final sorprendente, puede que desesperanzador, pero que dejará al lector cavilando sobre esta lectura durante varios días.

Es un hecho incuestionable que las novelas de Saramago requieren la paciencia del lector. Este deberá transitar por pequeños mundos dentro del mundo que se expresa en sus relatos, tendrá que escuchar discursos, absorver máximas, ideas, citas, divagaciones, descripciones que despliegan el mapa humano donde quedarán marcados los pasos cruciales de sus cálidos personajes... Pero fondear en sus páginas y faenar en sus palabras traerá un merecido salario para quien se asome a la obra de este magnífico escritor. Si resulta fácil de obtener, es que no es una recompensa. Y el lector que decida atreverse a bucear en el trabajo de este artesano tendrá la absoluta certeza, después de leerlo,. de que su esfuerzo valió la pena. Bendita vocación la de este hombre, bendita lucidez en un mundo donde sobran listos y faltan inteligentes.





Título: La caverna

Autor: José Saramago

Editorial: Punto de Lectura

ISBN: 978-84-663-6964-0

Nº de páginas: 400

2 comentarios:

La Maga Lunera dijo...

cÓMO SE NOTA EN TUS RESEÑAS CUANDO DISFRUTAS LEYENDO, Y SARAMAGO SIEMPRE TE PROPORCIONA ESA SENSACIÓN. CADA VEZ TENGO MÁS GANAS DE VOLVER A LEERME ALGO SUYO. TE AMO CON TODA MI ALMA CARIÑO.

Raúl Viso dijo...

Sí que he disfrutado, sí. A ti te recomendaría "Las intermitencias de la muerte" o "El hombre duplicado", que aunque hayas visto "Enemy", su versión cinematográfica, le sacarás mucho más partido.

TE AMO CON LOCURA, MI DEIDAD.