"Mis criaturas nacen de un largo rechazo."
PABLO NERUDA




















jueves, 4 de septiembre de 2014

"Escritos en la corteza de los árboles", de Julia Uceda




Creo que fue el poeta y novelista Luis García Montero quien dijo o escribió que el tiempo es de tibia descreencia. Esto se confirma, en mi caso, cuando mi percepción de él se ve distorsionada en cuanto hallo disociaciones entre distancia y transcurso; parece un sueño que la profunda admiración y el enorme respeto que siento por Julia Uceda (Sevilla, 22 de octubre de 1925) se remonte ya a casi diez años atrás, cuando descubrí sus enormes dotes con la poesía al hacerme con un ejemplar de En el viento, hacia el mar, volumen indispensable en mi biblioteca que revisita la obra poética de la autora andaluza afincada en Galicia comprendida entre 1959 y 2002, y que la hizo merecedora del Premio Nacional de Poesía 2003. Poemas como En ti la luz o colecciones de poemas como Poemas de Cherry Lane despertaron mi sed de querer poseer cada cosa que saliera de su pluma. Luego vendrían los poemarios Hablando con un haya y Zona desconocida, que asentó aún más -este último- mi admiración por Uceda gracias a construcciones poéticas como Palabras o Driving, y después de eso hubo un vacío que ya se hacía necesario llenar. Tan desactualizado como estoy en novedades editoriales, salvo las que conozco de primera mano gracias a las colaboraciones que hago, tecleaba una y otra vez su nombre en la barra del buscador de Internet de mi ordenador, hasta que hace poco más de un año mi búsqueda dio frutos y pude ver que Uceda había sacado nuevo libro: Escritos en la corteza de los árboles.

Se hace indispensable leer, además de la colección de veintiocho poemas que incluye el volumen, el prólogo que, con el título ¿Somos quienes quisimos ser?, Julia Uceda brinda al lector para desentrañar un poco su propia persona. Entre esas páginas iniciales, que advierten al lector de lo que vendrá después (lo mismo que el viento repentinamente levantado en una tarde de verano anuncia una tormenta), la poetisa confiesa sentirse más interesada por el pasado que por el futuro y nos traslada su opinión de cuál debe ser la relación que todo aspirante a poeta debe tener con sus propios versos. Pero su interés por el pasado no se centra en el tipo de melancolía en que puede sumirse quien anda demasiado involucrado en el lastre del pudo ser y no fue; sus inquietudes a ese respecto tienen que ver más con una curiosidad ontológica, con el lugar de donde vinimos al nacer y con esos recuerdos apócrifos que se instalan con qué razones en la memoria. Así lo explica en un tramo del prólogo: "Mis dudas se iniciaban, aparentemente, en relación a niveles temporales o espaciales a los que habíamos sido abandonados, pero significaron mucho más. Esas dudas manifestaron enseguida la inseguridad humana de no saber quiénes somos ni cuál debería ser nuestra función, más allá de las elementales como especie, durante el tiempo que nos fuera dado. [...] Estas sombras pueden asaltarnos muy pronto. Recuerdo una pregunta, tal vez fue la primera que hice a los adultos, respecto al hecho de mi llegada al mundo: ¿dónde estaba yo antes de estar aquí?, dije." Esa primera y esencial cuestión en su vida es el tema de Kairós, poema que abre el volumen y que nos dará una medida de lo que encontraremos en las siguientes páginas.

Completamente convencida de que el poeta debe dar testimonio de sí mismo y del lugar en el que habita, temporal y espacialmente, la autora andaluza confirma haber encontrado huecos en algunos poemas de este volumen y también de poemarios anteriores. Para hacerse más inteligible, cita a C.G. Jung: "[...] dentro de cada uno hay alguien que no soy yo", y con esas palabras prestadas hace referencia a todos esos mitos personales que pueblan los poemas y a los que el lector debe llegar más por la intuición que por la comprensión. En el caso de Julia Uceda, muchos de estos mitos personales viven al servicio de una memoria apócrifa, de recuerdos sobre hechos que, sin haber nunca ocurrido, tienen una fuerza escénica y visual tan potente como la de cualquier recuerdo verídico. O puede que incluso más porque, al no haber ocurrido, nadie -ni el tiempo, enemigo paciente e infalible, ni tampoco los otros- ha podido arrebatarles su esencia, su vigencia ni su nitidez.

Los poemas de este volumen son como los anillos en el tronco de un árbol derribado: su memoria está escrita y su edad, pero nadie sabrá de todas las cosas de las que fue testigo mudo y espectador privilegiado. Nada sabemos de los otros y muy poco de nosotros mismos, y no pasaremos de aprendices. Aunque, en esa ardua tarea de no llegar a ser quienes quisimos ser, podemos lograr proezas y encontrar atisbos de esa belleza inasible que pasa por serlo porque nunca será nuestra del todo, como la que ha logrado, una vez más, Julia Uceda con esta nueva obra. Indispensable.


Título: Escritos en la memoria de los árboles

Autor: Julia Uceda

Editorial: Fundación José Manuel Lara

ISBN: 978-84-96152-75-1

Nº de páginas: 96




4 comentarios:

El infierno de Barbusse dijo...

Uceda es de una delicadeza, inteligencia y sensibilidad difícilmente encontrables (simultáneamente) en la poesía contemporánea española.

Y le da mil vueltas a los que se patrocinan y promocionan como "grandes poetas". Pero bueno, hay queda la grandeza de su obra, que habla por sí sola y -estoy seguro- permanecerá en el tiempo, mientras que las de otros que hoy son "lo más", -estoy seguro también- se acartonarán imparable e irremediablemente.

Un saludo.

La Maga Lunera dijo...

La reseña es magnífica, así como haberte regalado este libro en nuestro tercer aniversario y poder disfrutarte mientras lees absorto...pero te has pasado con la foto, jajajaja...TE AMÍSIMO!!

Raúl Viso dijo...

Vaya, señor Barbusse, le creía de vacaciones.

Pues sí, secundo todo lo que dices. Lo único que me queda por leer de ella es "Hablando con un haya", y estoy ansioso por hacerme con un ejemplar.

Saludos.

Raúl Viso dijo...

Muchas gracias, mi vida, por el libro y por alimentar siempre mis pasiones. Jamás nadie me hubiera regalado un libro de esta magnífica poetisa.

En cuanto a la foto, bueno, jajajaja... No es muy común, pero es original y muy atrevida para una señora de sus años, aunque quizá sea más joven de actitud que nosotros dos juntos.

TE AMÍSIMO, NENA.