"Mis criaturas nacen de un largo rechazo."
PABLO NERUDA




















miércoles, 9 de abril de 2014

"El francotirador paciente", de Arturo Pérez-Reverte




La cabra tira al monte, no hay duda. Y si la hay, pregúntenle a Arturo Pérez-Reverte, que, tras muchos años alejado de los conflictos bélicos que en otro tiempo cubrió como corresponsal de guerra, ha vuelto a sentir el batir de la sangre en sus sienes y ese gusto por la segregación masiva de adrenalina que sienten las personas de acción, involucrándose personalmente en otro conflicto con el fin de reunir documentación para su última novela, El francotirador paciente: el que mantienen los escritores de grafiti con las autoridades y con el mundo del arte, y que se parece mucho a una guerrilla urbana. No sé si puedo defender, como lo hace el académico en los medios de comunicación, ese argumento de que los grafiteros tienen derecho a llamarse escritores -supongo que sí, viendo que personas de menos talento escriben y publican a menudo desde la comodidad de sus blogs y otros espacios, sin jugarse la cabellera, y no dudan en considerarse como tales; pueden incluirme entre ellos, si les place-, y tampoco voy a entrar en el eterno debate que existe entre admiradores y detractores del escritor murciano, entre los que disfrutan de las lecturas sin prejuicios y los que condenan cualquier obra que huela a éxito de ventas; mi posición a ese respecto ha quedado bien clara muchas veces, tanto en esta malograda bitácora como en grupos de redes sociales dedicadas a linchar de manera cobarde y bajuna al autor de El capitán Alatriste, y sólo me limitaré a añadir, una vez más, que a mí las lecturas de Pérez-Reverte, por norma general, siempre me han reportado muchas y enormes satisfacciones. Eso sin mencionar que siempre aprendo alguna cosa leyéndolo y que, guste o no guste, nadie debería poder reprocharle que no se involucra en su trabajo hasta las últimas consecuencias, colocándose en primera línea de fuego para escribir los libros que a él le apetece escribir, mientras otros languidecen frente al teclado tratando de vendernos legajos infumables que nadie entiende, pero de los que todo el mundo se hace el entendido y el experto diciendo de ellos que son obras que hablan del sentido de la vida (con dos cojones), entre otras chorradas por el estilo.

Dicho esto, me resulta muy divertido imaginar a Pérez-Reverte, a sus años -con todos mis respetos y también mi envidia, porque estoy seguro de que goza de mejor forma física que la mía, siendo yo casi treinta años más joven-, pululando clandestinamente por las calles de Madrid, con nocturnidad y alevosía y spray de pintura en mano, junto a un grupo de grafiteros encapuchados, amén de que se hace extraño leer entre sus páginas nombres de bandas de música rap o alternativa como Beastie Boys o Cypress Hill; pero lo cierto es que esa ha sido la manera que el miembro de la RAE ha tenido de solventar sus dudas frente a este mundo fuera de la legalidad y poder plasmarlo con veracidad en su novela. Y no es de extrañar viniendo de un hombre que siempre ha sentido simpatía por los códigos de honor y el arrojo con que algunos delincuentes o personas fuera de la ley dan ejemplo a supuestos hombres de provecho, encorbatados, banqueros, políticos y un sinfín de hipócritas y atracadores extra oficiales. El resultado, a ese respecto, ha sido óptimo: el autor nos describe con todo lujo de detalles el mundo interno de los escritores de paredes, sus reglas, sus códigos, incluso las consecuencias que acarrea el jugársela para bombardear en unos minutos un vagón de tren o metro, o acceder a las zonas más peligrosas de un edificio o un puente para plasmar allí un tag, un dibujo o una denuncia social que no escape a la vista de nadie. También me ha resultado muy positivo el planteamiento general de la novela: una crítica bien construida acerca de los mercachifles y los caraduras que gobiernan las galerías de arte, mafias de galeristas incluidas, y de la que ya nos ofreciera algún rasgo en esa otra novela suya, magistral, El pintor de batallas.

Todo el mundo busca a Sniper, reputado artista que se ha ganado un nombre con letras de oro en el mundo del grafiti y promotor de acciones callejeras fuera de los límites de la legalidad, algunas con resultados fatales, organizadas desde las redes sociales y exhibidas después de cometidas en Youtube: lo buscan los medios de comunicación, que nunca han conseguido verle la cara; lo busca la policía, por los daños cometidos al patrimonio nacional; lo busca Biscarrúes, adinerado empresario y padre de un compañero suyo que murió al precipitarse desde lo alto de un famoso edificio madrileño mientras hacían una pintada, para vengarse por la muerte de su hijo; lo buscan las galerías de arte de más renombre de todo el mundo, para seducirle a exponer mediante ingentes cantidades de dinero; y, sobre todo, lo busca Alejandra Varela, protagonista de esta historia y especialista en arte urbano que es mandada tras su pista mediante un importante (y cuantioso) encargo editorial. Pero Sniper no se vende; esa convicción es la que lo diferencia de los mercachifles que se hacen llamar artistas, y para expresarla tiene una máxima: "Si es legal, no es grafiti." La búsqueda conducirá al lector desde Madrid a Lisboa, y desde allí a Verona y Nápoles, en una persecución que nos dará la perspectiva exacta desde la que apunta la mira telescópica -su feroz crítica a los cánones de cultura actuales- del francotirador paciente.

Hace ya algún tiempo -desde su novela histórica El asedio- que creo que a Pérez-Reverte se le están acabando los cartuchos con los que disparar, y aunque sus temáticas siempre resultan atractivas, y la lucidez y el conocimiento con que las aborda son intachables, da la impresión de que últimamente se repite un poco. Sin embargo, esta última novela suya me ha parecido mejor que la anterior, El tango de la guardia vieja -también reseñada en este blog-, y además debemos contar con que los mayores y mejores escritores de la historia, desde Stevenson a Steinbeck y saltándome un sinfín de nombres, siempre han tenido sus obsesiones, sus temas recurrentes, viniendo a demostrar eso que alguien dijo sobre que un escritor siempre anda escribiendo el mismo libro, una y otra vez, cosa con la que no puedo estar más de acuerdo. El resultado es un libro ameno, suficiente, que puede gustar a quien no se haya asomado antes a la bibliografía del autor murciano, pero que a los que llevamos muchos años siguiendo su trayectoria puede no parecernos tan satisfactorio. Se le perdona, revisitando las páginas de obras suyas como El club Dumas, La carta esférica, La Reina del Sur, El pintor de batallas o la serie magistral de novelas de nuestro espadachín más famoso, El capitán Alatriste.


Título: El francotirador paciente

Autor: Arturo Pérez-Reverte

Editorial: Alfaguara

ISBN: 978-84-204-1649-6

Nº de páginas: 301

2 comentarios:

La Maga Lunera dijo...

Sabes que a mi este libro no ha terminado de convercerme, pero admiro mucho a este autor por otros grandes títulos. Además, le tengo un cariño especial asociado a ti. Gracias por leérmelo. Te amo con toda el alma!!!!!!

Raúl Viso dijo...

No hay de qué. Ya sabes que me encanta leerte. TE AMO CON TODA EL ALMA.