"Mis criaturas nacen de un largo rechazo."
PABLO NERUDA




















jueves, 30 de enero de 2014

"Mientras agonizo", de William Faulkner




Qué satisfecho estoy con los volúmenes que voy consiguiendo de a poco, en librerías de viejo y ferias del libro de segunda mano (a un precio ridículo, considerando la indudable calidad de las obras y la elegancia de las ediciones), pertenecientes a la colección Obras Maestras de la Literatura Contemporánea que la editorial Seix Barral sacase allá por la década de los 80. Gracias a ésta estoy pudiendo hacerme, a un mínimo coste, con casi toda la bibliografía de William Faulkner (New Albany, Misisipi, 25 de septiembre de 1897 - Byhalia, 6 de julio de 1962), autor de obligada lectura que no debería faltar en cualquier biblioteca que se precie como tal. Con Luz de agosto, Sartoris y El ruido y la furia esperando todavía en mi mesita de noche para ser devorados, reseño hoy, en esta malograda bitácora, Mientras agonizo, una novela que habla de propósitos y del justo deber de cumplir las promesas que hacemos, pero también de la redención que a veces sólo es posible conseguir trascendiendo a leyenda, a esa leyenda particular que la muerte hace de cada uno de nosotros, a ojos de nuestros allegados y seres más queridos. 

Es ya de sobra conocida la férrea disciplina que Faulkner mantenía respecto al oficio de escribir, sus estrictos horarios de trabajo, la pasión que ponía en esa tarea, solamente equiparable a la que sentía por las bebidas alcohólicas. Y, en ciertos oficios, la vocación resulta más efectiva que la titulación. Eso es algo que se palpa en la obra del autor sureño, se acaricia en cada una de sus frases, se paladea en cada palabra que escogía con precisión y cuidado. Buena prueba de ello son los diferentes estilos que en esta novela utiliza para hacer creíbles cada una de las voces de los diferentes personajes que aparecen en ella: rudo y violento a veces, aguerrido; soñador otras; solemne y cavernoso, como de regreso de la ultratumba; resignado o acaso cansado; jovial, optimista; hipócrita, propenso al fariseísmo... Infinidad de recursos dan una voz particular, una sólida personalidad literaria, a cada uno de los personajes que componen el variopinto reparto de Mientras agonizo. 

Addie Bundren se muere; su cuerpo, agotado y esquelético, apenas logra el volumen de una silueta bajo el cobertor de la cama donde agoniza. Nadie quiere convencerse de su final, ni sus numerosos hijos, ni su marido, al que mucho tiempo atrás obligó a prometerla que, cuando muriera, trasladaría su cadáver hasta Jefferson para ser enterrada junto a sus seres queridos. Ha sido una mujer dura y recia, sin verdadera madera de madre ni esposa, estricta con sus vástagos e indolente con su marido, al que nunca llegó a querer, y ahora resulta intolerable verla tan vulnerable y marchita. Pero la muerte la alcanza, y a sus familiares y amigos no les queda más remedio que consolar al sumiso granjero Anse Bundren, ayudándole a cumplir la promesa que le hizo a la mujer que le despreció siempre, que se casó con él por lástima y conformismo. Cuarenta millas en la época en que se relata la historia no son cosa baladí, menos aún si el viaje se hace en carromato, cargado con toda una familia y un ataúd hecho a mano, y una lluvia torrencial anega los campos, aumenta la crecida de un río salvaje y rugiente y los puentes han sido derribados por las riadas. 

Darl, el hijo pródigo, muchacho tolerante que toma el papel de pacificador de la familia; Jewel, el hermano rudo, rebelde pero constante, que mantiene una relación de amor/odio con su caballo y no se detendrá hasta domarlo del todo; Dewey Dell, la hija resignada que entiende, con la muerte de su madre, que deberá empeñar sus sueños y su vida por cuidar de la familia; Cash, trabajador disciplinado e incansable, que no cesará hasta acabar el ataúd que su madre, altiva hasta en eso, le ha ordenado hacer a su gusto mientras todavía agoniza; Vardaman, el pequeño de la familia, asilvestrado, rural, a quien trastornará la muerte de su madre; el sumiso Anse, marido entregado y confuso, apocado, que no sabe cómo tomar las riendas de su granja tras la muerte de su esposa; Cora y Vernon, el matrimonio amigo de la familia, beata ella, realista él; el reverendo Whitfield, hipócrita, impostado, más preocupado en las penitencias que se impone para sus propios pecados que en tratar de no volver a cometerlos; la propia Addie Bundren, inconmovible, dura como el pedernal, que hasta más allá de la vida gobernará con mano de hierro a los suyos... Cada capítulo de este libro es una voz; cada voz, un personaje; cada personaje, un universo particular que desentraña las cualidades más significativas del ser humano. Mediante los retazos de sus intimistas relatos, cada una de sus voces irán casando como las piezas de un puzzle hasta conformar una novela redonda, de una ternura indecible, pero descrita desde la violencia que suscita cumplir los propósitos póstumos de alguien que no nos quiso. Magistral, William Faulkner.

Título: Mientras agonizo

Autor: William Faulkner

Editorial: Seix Barral

ISBN: 84-322-2337-2

Nº de páginas: 265

2 comentarios:

La Maga Lunera dijo...

Grandísima reseña que incita a los que como yo, que no hemos leído nada de este autor,a meternos en sus obras. Es palpable el respeto y la admiración que muestras por ciertos autores. Eres muy grande, amor. TE AMO.

Raúl Viso dijo...

Es una obra muy notable, y te invito a leerla. Tú sí que eres grande, preciosa. TE AMO CON TODA MI ALMA.