"Mis criaturas nacen de un largo rechazo."
PABLO NERUDA




















miércoles, 22 de enero de 2014

"Ensayo sobre la lucidez", de José Saramago




Hay democracias que, a veces, corren la desgracia de parecer dictaduras encubiertas, con sistemas electorales que ya han quedado obsoletos o que parecen deliberadamente diseñados para asegurar el éxito siempre de los mismos partidos. Esto parecía tenerlo muy claro José Saramago (Azinhaga, Santarém, Portugal, 16 de noviembre de 1922 - Tías, Lanzarote, España, 18 de junio de 2010) cuando escribió esta novela, que ya desde su mismo título -acertado, conciso e incluso, por qué no decirlo, hermoso- da no pocos indicios del contenido que el lector se encontrará entre sus páginas. En este volumen, la imaginativa pluma del escritor portugués elabora una ficción visionaria a la altura de las de Orwell y Bradbury, con capacidad suficiente para hacer que se remuevan, inquietos en sus escaños cual si padecieran de engorrosas hemorroides, nuestros políticos más favorecidos. 

¿Por qué hay que avisar a las autoridades pertinentes cuando va a efectuarse una huelga o una manifestación? ¿Por qué hay que contar con el beneplácito de la legalidad, en su más hermético y estricto sentido, cuando los gobiernos no escuchan las peticiones que les hacen los pueblos a los que representan o mienten impunemente sobre los programas electorales que prometieron cumplir, e incluso no predican con el ejemplo? ¿Las revoluciones consentidas son revoluciones o, por el contrario, es la manera que tienen los gobernantes de dejar que nos desfoguemos gritando unas pocas consignas y se nos pase el cabreo, como a un crío al que se deja llorar hasta quedar agotado? ¿La rebelión atiende a las exigencias de una desobediencia gratuita y autónoma en sí misma, que no cree en las normas, o acaso es una consecuencia lógica del hartazgo de ver no cumplirlas a quien precisamente las ha establecido? Leyendo esta novela, y con el panorama político que nos está lloviendo como ácido en este país, uno no puede evitar hacerse estas y otras preguntas. Y sin embargo, entre estas páginas las calles no arden como en el barrio burgalés de Gamonal: el paisaje que Saramago nos describe con su prosa nutrida y laberíntica es tan calmo como una balsa de aceite, las hordas que ponen en jaque al gobierno son tan pacíficas como un rebaño de caracoles, las avenidas de la ciudad que ya apareciera en su otra novela, Ensayo sobre la ceguera -también reseñada en esta bitácora-, permanecen limpias e inmutables, serenas, impasibles en su cotidianidad pese a las fuertes medidas que el gobierno ha adoptado para aplacar a los insurgentes, y la ciudadanía parece dar una lección acerca de lo que debería ser una auténtica democracia. Aunque a ratos se antoje utópica y pusilánime, la buena praxis de la sociedad que el Nóbel de literatura nos acerca en estas páginas hace que aún sea más meritorio el trabajo realizado, pues para un autor menos versado hubiera sido más fácil y cómodo hacerse valer de los recursos de la violencia para exponer su idea de la revolución.

Durante las elecciones municipales de una ciudad cuyo nombre se ignora, la mayoría de sus habitantes deciden votar, inesperadamente, en blanco. El gobierno, creyendo que todo se debe a una equivocación o a un estado generalizado de confusión de la ciudadanía, decide repetir el día de voto; pero, para su sorpresa, el número de votantes que han decidido ejercer su derecho al voto en blanco aumenta considerablemente, poniendo en evidente peligro a una democracia degenerada, cuyos corruptos pilares amenazan con derrumbarse. Acrítico, soberbio e incapaz de ver en esta revolución soterrada la terrible consecuencia de sus errores y trapacerías constantes, el gobierno comienza a creer que todo es producto de una conjura anarquista internacional o de desconocidos grupos de extremistas, e impone el estado de sitio. La máscara de la democracia se corroe entonces y aparece la verdadera faz de la dictadura: hay que encontrar a los culpables y eliminarlos; y si no se hallan, se inventan.

"Puede ser que un día tengamos que preguntarnos Quién ha firmado esto por mí", se dice en un tramo de esta novela que es una lúcida crítica a los mecanismos del poder. La pega de esta obra, sin embargo, es que el autor haya querido parir una suerte de segunda parte de Ensayo sobre la ceguera, lo que a mi parecer hace que le reste credibilidad y limita el disfrute de su lectura a quien antes no haya leído esa otra obra. Por lo tanto, recomiendo al lector que se asome por primera vez al trabajo de Saramago que no lea Ensayo sobre la lucidez sin haber leído antes Ensayo sobre la ceguera. Segundas partes nunca fueron buenas (o sí, pero no ocurre en este caso, sinceramente, aun con el profundo respeto y la admiración que siento por la bibliografía del autor portugués), y el resultado hubiera sido más redondo si esta novela se hubiese mantenido independiente de la otra. De todos modos es indudable el despliegue de imaginación requerido para escribir estas páginas, y además su propuesta nos conciencia, hace que nos hagamos preguntas, que nos cuestionemos a quiénes votamos y por qué, y si realmente el sistema electoral del que gozamos es tan justo como creemos o el sistema político que nos conduce es, o no, el de una auténtica democracia. Siempre lúcido, Saramago.


Título: Ensayo sobre la lucidez

Autor: José Saramago

Editorial: Punto de Lectura

ISBN: 84-663-1474-1

Nº de páginas: 464




3 comentarios:

Gabriela Lago dijo...

Gracias por tu reseña. Es un libro que tengo pendiente y por la temática sé que me gustará además del autor que me encanta. Saludos. Gaby

La Maga Lunera dijo...

Gran reseña, como todas las que haces, especialmente las de este magnifico autor por el que tanto respeto se nota que sientes. Cada día eres más grande, TE AMO CON TODA MI ALMA AMOR DE MI VIDA.

Raúl Viso dijo...

Tú sí que eres grande. El placer de descubrir a este autor fue doble, porque lo descubrí a tu lado. TE AMO, MI NIÑA.