"Mis criaturas nacen de un largo rechazo."
PABLO NERUDA




















miércoles, 22 de octubre de 2014

"Muerte de un superhéroe", de Anthony McCarten




Ha sido mayúscula la grata sorpresa que me he llevado al leer Muerte de un superhéroe, del escritor, dramaturgo y director de cine Anthony McCarten, nacido en 1961 al pie del monte Taranaki, un volcán cercano a la ciudad neozelandesa de New Plymouth. Adquirí su novela (que ya tiene película, aunque no sé si se estrenará o ya se ha estrenado en España, tan poco cinéfilo como soy) movido por la pasión que siento hacia el cómic -leerlo y dibujarlo, esto último a nivel de simple aficionado-, sobre todo el de superhéroes; nada más leer la sinopsis de la contraportada, supe enseguida que esta historia no me aburriría. Con lo que no contaba era con la inteligencia emocional que desbordan sus páginas, con el realismo de sus personajes y el acertado estilo utilizado por su autor, en clave de -no podía ser de otra manera- guión de tebeo. Probablemente, Muerte de un superhéroe sea la novela más original y emotiva que haya podido leer este año, más recomendable como lectura para los chavales que el Lazarillo de Tormes (con todo mi respeto a esa obra) y como reclamo de nuevos adeptos al buen hábito de la lectura, pero también indicada para esos adultos que nunca olvidaron ser jóvenes, que alguna vez se sintieron desplazados o incomprendidos y que se refugiaron en el dinamismo y en las explosiones de color de las viñetas de un buen cómic.

Supone un gran mérito escribir una historia que, al mismo tiempo que te está rompiendo el corazón, también te está matando de risa. Y es que a veces las situaciones más trágicas de esta vida ocurren con no pocos tintes de comedia. McCarten abre esclusas a la temática de la privación de la adolescencia, pariendo un relato que, aun gozando de todos los elementos que podemos encontrar en cualquier novela de iniciación, se sale de la norma en este tipo de historias. Cualquier persona que leyera al azar unas pocas páginas podría creer que estamos ante uno de esos autores que tratan de ingresar en el Olimpo de los escritores bajo la manoseada etiqueta de "transgresores", sin que su lenguaje soez y su prosa deliberadamente provocativa sea rasgo de ningún talento. Sin embargo, en esta novela estos recursos son muy efectivos, y lo son porque la historia es sólida y su propósito profundo como pocos: mientras otras novelas de iniciación nos muestran a adolescentes que se niegan a crecer y no quieren formar parte del mundo adulto, en Muerte de un superhéroe ocurre justo al contrario. La madurez a veces no está reñida con la pubertad, y alguien escribió alguna vez  -cito de memoria, así que pueden ahorrarse las delaciones- que un adulto nunca vuelve a tener la misma seriedad que tiene un niño cuando juega.

El estado natural de Donald Delpe, muchacho de catorce años que se muere de leucemia, es la furia. Está obsesionado con la idea de que morirá antes de poder probar el sexo, pero esa inquietud es sólo un vago reflejo de todas las cosas que no podrá hacer en el futuro, porque el cortocircuito en su organismo que espera de manera inminente no le permitirá crecer, no le permitirá casarse, ni tener hijos, ni hipoteca, ni envejecer. En definitiva, y en contraposición al protagonista de El guardián entre el centeno, no podrá madurar. Como lenitivos, Delpe escucha música a todo volumen en su ipod, fuma la marihuana que le roba a su hermano mayor y dibuja compulsivamente la novela gráfica de un superhéroe muy peculiar, Miracle Man, un tipo que tiene la desgracia de ser invulnerable y no morir nunca, además de su engorroso problema de aerofagia, el cual le impide estar con alguna chica sin que se le escapen pedos. Cuando el chaval prefiere tratar de suicidarse antes que morir poco a poco, sus padres le ponen en manos de Adrian King, un psicólogo muy profesional con una vida deprimente, que vive entregado a los caprichos y las infidelidades de la bruja de su esposa. King ve en los dibujos de Delpe un claro reflejo de lo que el chaval está pasando, y a espaldas de la planta de oncología en la que trabaja asistiendo a moribundos que se niegan a morir decide pagarle al joven dibujante una prostituta de lujo. Contra todo pronóstico, Donald Delpe les dará a todos una lección de madurez, caballerosidad y buena educación, y además será él quien ayude a su psicólogo a salir de la relación de dependencia que tiene con la mujer que no le ama. Aprenderán el uno del otro, en un canto de amistad que será difícil que no le saque alguna lagrimilla a cualquier lector mínimamente sensible.

No puedo sino reafirmarme en lo escrito un poco más arriba: estamos ante una novela que les hará llorar mientras les parte de la risa. Profunda, muy profunda y aleccionadora. Por lo que a mí respecta, pueden irle dando por culo a Daniel el Mochuelo y a Holden Caufield; Donald Delpe es más real, más maduro, más íntegro y, en definitiva, más actual. Ha muerto un superhéroe, y el mundo debería rendirle honores.


Título: Muerte de un superhéroe

Autor: Anthony McCarten

Editorial: Suma de letras

ISBN: 978-84-8365-043-1

Nº de páginas: 316


miércoles, 24 de septiembre de 2014

"Desgracia", de J.M. Coetzee




De las novelas de John Maxwell Coetzee (Ciudad del Cabo, 9 de febrero de 1940) dice Javier Marías que son luminosas y desconcertantes. Si bien es cierto que con lo segundo no puedo estar más de acuerdo, no lo es menos que el primer adjetivo me chirría bastante, al menos con Desgracia, novela que suscita una extraña fascinación y que al autor sudafricano (aunque nacionalizado en Australia, país en el que reside actualmente) le valió su segundo Premio Booker, convirtiéndose así en el primer escritor que había conseguido en dos ocasiones el prestigioso galardón. Y es que sucede con esta obra que, a la fascinación que he comentado antes, le precede y se le suma la repulsa. Esto hace que este libro sea difícil de digerir, aunque esta característica se deba a las portentosas dotes de narración de su autor. Como un actor al que odiamos por ser magistral interpretando a personajes malvados, a esta obra he llegado a odiarla por lo bien que están descritas algunas de las bajas pasiones más deleznables del ser humano; un marco ambiguo dentro de la legalidad, unido a la asfixiante resignación de algunos de sus personajes, convierten en escandalosas las revelaciones entre estas páginas. Y sin necesidad de recurrir a los métodos del Marqués de Sade (que, como bien dijo Vargas Llosa, aunque con otras palabras, es quien es por haber sido el primero en escribir tales cosas, y no por su dudoso talento literario) o los de Henry Miller, ese escritor disperso e inconexo que le debe todo a una mujer y a la dopada admiración de la Generación Beat y Bukowski; en esta historia no hay nada soez, salvo la turbia intencionalidad de sus personajes. Bravo por Coetzee.

Con todo, hay tramos de esta novela que pueden resultar algo confusos si el lector carece de toda noción sobre la ola de criminalidad y los problemas raciales de Sudáfrica. Algunos de los personajes que transitan por esta novela hablan dialectos locales, pertenecientes a las tribus de la región, y a ellos hay que sumarles las costumbres y leyes para con sus miembros y los vecinos de esas tribus, del todo machistas y vejatorias a la vista de los países más desarrollados. Se hace necesario, entonces, informarse un poco sobre el tema o andar ya en preaviso, si no se quieren hacer prematuros juicios de valores o que ligeras moralinas nos estropeen la lectura o nos conduzcan a tomar a un gran escritor por lo que no es. 

David Lurie tiene cincuenta y dos años, dos divorcios a sus espaldas, una hija seudohippie y poco de lo que enorgullecerse. Incompleto con su trabajo de profesor de universidad, su única aspiración en la vida es aplacar su deseo sexual. Cuando una alumna le denuncia, tras acceder a acostarse con él después de un obstinado trabajo de seducción rayano en el acoso por parte del profesor, David preferirá renunciar a su puesto antes que pedir disculpas a los padres de la muchacha y a la propia universidad. Con ello se gana el rechazo de todos sus vecinos, y con la reputación echada a perder decide irse a vivir con su hija lesbiana a la granja que esta dirige sola, convencida de que los recursos que le da la tierra es lo único que necesita para vivir. Con una clara incompatibilidad de caracteres, y a regañadientes -o tal vez porque no le queda más remedio, hundidos ya su buen nombre y su carrera-, accede a ayudarla en sus tareas agrícolas y de recogida de perros abandonados. Entretanto, en sus ratos libres, el profesor prepara una ópera sobre Byron y su amante, hasta que tres individuos, familiares del vecino y ayudante que la hija paga para los trabajos más duros de la granja, irrumpen en la propiedad y violan a la chica mientras a él tratan de quemarlo vivo. A partir de ahí, la convivencia se hará del todo insoportable con su hija, al ver cómo acata la agresión a la que ha sido sometida por personas que son de la misma sangre que el ayudante al que tiene asalariado. 

Unas afiladas dotes analíticas por parte del autor, sumadas a su capacidad para describir desde todos los puntos de vista comportamientos escandalosos o incomprensibles, consiguen que el lector sienta antipatía por casi cada uno de los personajes que aparecen en esta novela: por David Lurie, cuyo obsceno ahínco por seducir a su alumna está muy cerca de hermanarse con el perfil de un pederasta o un violador; por la alumna del profesor, que prefiere elaborar una denuncia falsa antes que admitir que no tuvo personalidad y se lió con quien no debía; por la hija de David, con su resignación sobrehumana, su pusilanimidad y su negación de unos hechos que le han destrozado la vida y con los que tendrá que lidiar hasta el fin de sus días, ya que sus agresores viven al lado de ella; por el ayudante de la hija de David y sus eternas disculpas hacia los familiares que han violado a su jefa y vecina, con el propósito soterrado de convertirse en breve en el dueño de todas las tierras. A todo ello, y a modo de guinda, Coetzee deja entrever los signos de una venganza divina hacia el lascivo profesor, tan sumamente brutal que al final no será difícil compadecerse de él, aunque con el buen gusto de no caer en pormenores escabrosos, permitiendo en la narración cortes oportunos en los momentos más duros y sugiriendo más que diciendo, a la manera del William Faulkner de Santuario.

Una obra envidiable, en definitiva, que despertará en el lector una náusea, pero a partir de razonamientos tan concienzudamente elaborados y una prosa tan compacta que el lector no podrá apartar los ojos de la lectura, con esa fascinación que a veces nos producen las cosas más oscuras de este mundo. Absténgase de leerla las conciencias más sensibles. 


Título: Desgracia

Autor: J.M. Coetzee

Editorial: Debolsillo

ISBN: 978-84-9759-944-3

Nº de páginas: 272


jueves, 18 de septiembre de 2014

"Compás de espera", de Eva Alarte Garví




Fue Lope de Vega quien dijo que el amor fue el inventor de la poesía, y lo cierto es que es indiscutible que este es el motor primordial de aquella, su médula, temática indeclinable a la que han recurrido todos los poetas en todo el mundo y en todas las épocas. Nada mejor para un poeta en ciernes que dejar de darle a la chola buscando la gastada originalidad y estrenarse en esto de la métrica siendo valiente y versificando su sentimiento amoroso, que es uno diferente en cada alma y a la vez el mismo en todas, y que además está cargado de múltiples matices que el buen trovador sabrá plasmar en sus letras con toda su crudeza. Eso es algo que sabe muy bien Eva Alarte Garví, filóloga y traductora cuya enorme labor en diversas disciplinas artísticas -musicales y escénicas- y como profesora del Instituto Cervantes le ha dejado todavía tiempo para escribir y publicar su segundo poemario, Compás de espera, un grito de pasión desaforada que transita sin complejos por esos múltiples matices del amor de los que hablaba antes, reunidos aquí sobre esa vagoneta de montaña rusa en la que viaja quien ha conocido los despechos e imposturas de los amores que son prisión.

Los poemas de este volumen son una guitarra triste en la noche, un silencio resignado pero lleno de ecos donde reina el sonido de ese metrónomo que sugiere la gotera de un grifo mal cerrado o el ritmo marcial de un segundero avanzando en un reloj de pared. Ya desde su mismo título -muy acertado-, la autora nos da rastros a seguir sobre lo que será este ejercicio de dignidad y querencia a sí misma convertido a la hermosa unidad de un libro. Lo mismo que amantes descreídos y abandonados, haremos un recorrido irregular pero de vital aprendizaje que nos conducirá al autoengaño, a la sumisión hacia un amor que no espera de nosotros lo mismo que nosotros esperamos de él, para luego ir arribando (a fuerza de lamernos las heridas, poco a poco, dejando tender al tiempo su río inmensurable) al despertar de nuevas posibilidades, mejores y más prósperas, que nos encumbren fuera ya de la existencia de quien no nos merecía. "No quiero que estés solo / en un paso importante / como es dejarme sola", canta la autora con esa intuición tan necesaria en poesía y que le advierte ya de un final escrito desde los albores de la relación amorosa, no sin antes hacernos partícipes de los lenitivos a los que se aferrará para tratar de olvidar, y que sirven de temática para el poema de apertura del volumen, Siempre han estado ahí.

La larga noche de espera inútil de este poemario, lograda verso a verso por Eva Alarte, nos va describiendo dos perfiles muy concretos de amantes. Aun sin expresarlo abiertamente -así es como debe ser: la poesía no debe decir, sino sugerir-, entre estas construcciones aparecen, por un lado, el amante canalla, infiel y probablemente ya comprometido, el Byron que se marcha y regresa a su antojo para mancillar la palabra amor con sus caprichosos juegos de seducción; por el otro, a Penépole tejiendo y destejiendo desde la falsa seguridad de su Ítaca imaginaria, solamente existente en sus expectativas, siempre falseadas y derribadas por ese Ulises que está a bordo de un yate de lujo, practicando en cubierta y a pleno sol un gran bukkake con las sirenas. Pero no todo en este libro asiste a una progresiva destrucción de la autoestima del que espera; poemas como Nocturno dentro, entre otros, nos advierten de que la abandonada resurgirá, y ponen en preaviso al que abandona: "Me voy para llover", o también: "Quédate con tu pulpa de cuarzo empobrecido / Con tu cabás de ofertas de seca persuasión".

Con una determinación para la poesía similar a la de Ana Rossetti, aunque sin ser tan explícita en el terreno erótico, se nota que Eva Alarte Garví ha apostado fuerte por los casi cuarenta poemas que forman Compás de espera. Si consideramos que el segundo libro de cualquier autor supone el auténtico bautismo de fuego, Compás de espera no es un mal resultado.











Título: Compás de espera

Autor: Eva Alarte Garví

Editorial: Alfar

ISBN: 978-84-7898-569-2

Nº de páginas. 78


miércoles, 17 de septiembre de 2014

"Pacto de lealtad", de Gonzalo Giner




Este verano lo he ocupado leyendo, entre otras, la novela Pacto de lealtad, fenómeno literario con más de 600.000 lectores en su haber que ha debido reportarle muchas satisfacciones a su autor, Gonzalo Giner (Madrid, 1962), veterinario de profesión que dio el salto a la literatura en el año 2004 con la novela La cuarta alianza, aunque el éxito le llegó después, al publicar El sanador de caballos y, más tarde, El jinete del silencio, cuya fórmula debió resultarle eficacísima si consideramos que con Pacto de lealtad ha usado temáticas parecidas -la participación de animales en las contiendas humanas, la elección de personajes desahuciados que encuentran en la compañía de una mascota un apoyo fundamental para retomar las riendas de sus vidas-, aunque englobadas en contextos, escenarios y momentos históricos diferentes. Y es que se nota a la legua la verdadera vocación que corre por las venas de Gonzalo Giner, su pasión por los animales y sus consignas para concienciar a los lectores de que han formado, forman y formarán parte esencial en la vida del ser humano, aun cuando la Historia los mantenga en un segundo plano o ni siquiera los mencione entre las hazañas de los hombres.

Tanto es así, que Giner reconoce en las últimas páginas de este libro que le costó mucho trabajo encontrar documentación sobre la intervención de perros durante la Guerra Civil española, unas veces en tareas humanitarias y otras desempeñando el papel de espías o artificieros. No ocurre así, sin embargo, con los numerosos documentos encontrados sobre la participación de perros en las dos guerras mundiales, y es sabido por casi todo el mundo que quien peor uso hizo de ellos fueron los nazis, sacando su mayor agresividad para convertirlos en vigilantes de guetos y campos de concentración. Algo de eso hay también en esta novela, aunque Giner va mucho más allá, profundizando en el tema y convirtiéndolo en una historia paralela a la historia de nuestra propia guerra. Y es que el rasgo más meritorio de este autor madrileño quizá sea su ahínco en encontrar pistas a lo largo de las páginas de la Historia, rescatando relatos de gente anónima que le sirvieron para fabular las aventuras de Zoe Urgazi y Campeón, protagonistas principales de Pacto de lealtad.

En un breve periodo de tiempo, previo al estallido de la Guerra Civil, Zoe Urgazi asiste al desmoronamiento de su vida: su marido muere durante la revolución de los mineros asturianos al tiempo que ella descubre que le era infiel, su padre es encarcelado y es desahuciada del palacete madrileño donde reside, además de luchar contra los prejuicios machistas que todavía no creen posible que una mujer pueda ser veterinaria. Antes de la marcha de su hermano para realizar tareas de espionaje y contraespionaje en ambos bandos, una vez estallada la guerra, este la deja a cargo de Campeón, un perro sin raza que irá ayudándola a sortear los peligros de una geografía envenenada por la barbarie y el cerrilismo de ambas españas, la nacional y la republicana. Mientras tanto, en Alemania y en otros lugares de Europa donde el Partido Nacionalsocialista está cobrando cada vez más fuerza y adeptos, el veterinario Luther Krugg es nombrado responsable, contra su voluntad, de un proyecto que tiene como fin recuperar la extinta raza bullenbeisser mediante experimentos genéticos de cruce con otras razas de perros, para conseguir un animal agresivo, asesino, que los nazis contemplan como el auténtico guerrero ario de los canes. Las vidas de Zoe y Luther acabarán cruzándose, con consecuencias nefastas pero también esperanzadoras. 

Por esta novela transitan tanto personajes ficticios como auténticos, tales como los mismísimos responsables nazis Himmler y Göring -este último obsesionado, en la vida real, con la recuperación de especies desaparecidas y protagonistas de antiguas leyendas nórdicas, como fue el caso del bisonte indoeuropeo o uro, con el que consiguió repoblar un antiquísimo bosque ubicado en la actual Bielorrusia-, y el secreto de su éxito radique quizá en la imparcialidad con que el autor madrileño refiere los hechos acaecidos en España entre los años 36 y 39 y la minuciosidad con que se ha documentado y ha hecho personales los relatos de particulares que fueron testigos de la participación de perros en la contienda.

Con todo, y pese a los pormenores de la guerra y el fanatismo, Gonzalo Giner ha logrado parir una novela para todos los públicos, recomendable para el jubilado del parque y también para el adolescente con dos dedos de frente. Aventura, Historia, amor y, sobre todo, una vocación ajena a las letras, son bien conjugados para brindarle al lector sin prejuicios un bonito canto a la lealtad y un emotivo homenaje al mejor amigo del hombre. Quien tenga perro, sabrá a la perfección de lo que habla; quien no lo tenga, posiblemente correrá a un albergue o una protectora de animales -no lo compren, se lo ruego- a adoptar uno para que llene su vida con matices únicos e insustituibles. 


Título: Pacto de lealtad

Autor: Gonzalo Giner

Editorial: Planeta

ISBN: 978-84-08-12785-7

Nº de páginas: 640

sábado, 13 de septiembre de 2014

"La caverna", de José Saramago




Segunda novela que leo, en este año, del portugués José Saramago, escritor que para mí se ha convertido en un referente indiscutible de la originalidad al servicio de la literatura. Tanto es así que, con esta lectura, me ha quedado muy claro que donde mejor se movía el Nóbel de Literatura 1998 era en el terreno de la ficción; aunque novelas suyas de otro corte -el de ramalazo histórico, por ejemplo, con títulos como Levantado del suelo o Caín- no dejan nunca de tener la aprobación del lector, es cuando desplegaba su lúcida imaginación que encontramos al Saramago magistral, a un escritor que debió disfrutar mucho de su profesión y sentirse muy cómodo inventando historias genuinas como las que encontramos en Ensayo sobre la ceguera, Las intermitencias de la muerte, El hombre duplicado, Ensayo sobre la lucidez o esta que les traigo hoy a esta malograda bitácora, La caverna. Relatos desconcertantes, concebidos siempre desde un discurso inteligente y cabal, que a través de la calidez de sus personajes nos dan una medida de la coherencia de Saramago, puede incluso que de su bondad. El portugués fue muchas otras cosas antes de ser escritor, trabajó en muchos oficios, y eso es algo que se nota en novelas de su producción tales como la ya mencionada Levantado del suelo, la exquisita Claraboya o la que se reseña hoy aquí.

Si tuviera que dar un único y gran titular para resumir este libro, diría que es una metáfora. Se dicen cosas así, constante y socorridamente, de muchos libros, de muchas novelas; sin embargo, en este caso no puede ser más acertado decirlo. Nuestra forma de vida (la forma de vida de la sociedad actual, en que la inmediatez y la búsqueda de recompensas facilonas, de rápida y cómoda adquisición, nos ha convertido en seres desapegados, siempre al servicio de una practicidad deshumanizadora que apoya sus bases en una cultura -incultura, más bien- de usar y tirar), ha sido diseñada para destruir la vocación y para depurar responsabilidades, para desterrar de nuestra honestidad el sentido autocrítico y para recompensarnos sin que haya mediado antes ningún esfuerzo que nos haga merecedores de esas recompensas. Por suerte, Saramago sabía que la vocación, la tan necesaria vocación que convierte a simples mortales en artistas o artesanos, que de un médico hace un héroe y no un simple operario de medicina, que halla su esencia en la disciplina y en el crecimiento personal y no en ganancias cuantiosas obtenidas rápidamente, es quien puede salvarnos de nosotros mismos. Es indiscutible que la tecnología es una herramienta eficacísima, nada desdeñable, que logra grandes bienes en el mundo; pero jamás debería convertirse en sustitutiva de las cualidades más características que nos convierten (o deberían convertirnos, al menos) en mejores personas.

Valiéndose de la Alegoría de la caverna (más conocida, tal vez, como el Mito de la caverna de Platón), el escritor portugués nos relata los últimos días de una pequeña alfarería que ha dejado de serle útil al mundo, y que deberá luchar por subsistir en tanto que un descomunal centro comercial va creciendo más y más a muy pocos kilómetros. No se llamen a engaño aquellos que piensen que este argumento es tema aburrido para una novela. Lo sería, tal vez, si hubiera sido otro autor y no Saramago quien lo abordase; pero el portugués, con su laberíntica y nutrida prosa y la elección de unos personajes que brillan por su calidez humana, hace que las desventuras de Cipriano Algor, alfarero viudo que vive junto a su hija y su yerno, no sean menos fatigosas ni menos meritorias que las del propio Ulises, decidan ustedes si el de Homero o el de Joyce. Añádanle a eso palpables reminiscencias de las mejores novelas denominadas como distópicas -el centro comercial que va creciendo y engullendo la ciudad, donde todo se conduce con secretismo y oscuras leyes y donde uno puede encontrar de todo, desde tiendas de ropa hasta apartamentos o incluso microhábitats, idiotizando a la gente hacia una cultura de consumismo innecesario y, por lo tanto, irresponsable-, al más puro estilo de las historias de Orwell, Huxley o Bradbury, (tal vez un tímido homenaje de Saramago hacia ese género novelístico, o puede que solamente sea un alarde de su prodigiosa imaginación), y culminen la receta con una historia de amor repleta de saludable inocencia, la relación entrañable con el perro Encontrado y un final sorprendente, puede que desesperanzador, pero que dejará al lector cavilando sobre esta lectura durante varios días.

Es un hecho incuestionable que las novelas de Saramago requieren la paciencia del lector. Este deberá transitar por pequeños mundos dentro del mundo que se expresa en sus relatos, tendrá que escuchar discursos, absorver máximas, ideas, citas, divagaciones, descripciones que despliegan el mapa humano donde quedarán marcados los pasos cruciales de sus cálidos personajes... Pero fondear en sus páginas y faenar en sus palabras traerá un merecido salario para quien se asome a la obra de este magnífico escritor. Si resulta fácil de obtener, es que no es una recompensa. Y el lector que decida atreverse a bucear en el trabajo de este artesano tendrá la absoluta certeza, después de leerlo,. de que su esfuerzo valió la pena. Bendita vocación la de este hombre, bendita lucidez en un mundo donde sobran listos y faltan inteligentes.





Título: La caverna

Autor: José Saramago

Editorial: Punto de Lectura

ISBN: 978-84-663-6964-0

Nº de páginas: 400

martes, 9 de septiembre de 2014

"Tres noches", de Austin Wright




Probablemente, lo peor a lo que debe enfrentarse un escritor estadounidense de éxito editado en España (a no ser, claro está, que se trate de un Nóbel de literatura o de un Príncipe de Asturias) es a esos grupúsculos de amigos del linchamiento que rápidamente aflorarán para tildarlo -y eso en su contexto más diplomático- de autor de best-sellers (como si ese anglicismo, a la fuerza y en todos los casos, fuera sinónimo de mediocridad). Y si no, que le pregunten a mi primo Stephen King, cuya obra no me gusta en su totalidad -de él me atraen más sus libros de ficción corriente y moliente que los de terror-, pero al que admiro sinceramente por su sobrada capacidad para el trabajo y la disciplina, por haber parido unas cuantas historias maravillosamente humanas -Corazones en la Atlántida, La milla verde, Cadena perpetua o El cuerpo, cuya versión cinematográfica Cuenta conmigo se convirtió en una película entrañable y emblemática para todos los que crecimos o nacimos en los 80- y por ser un superviviente de primer orden, pasando de malvivir en una caravana destartalada a disfrutar de su familia en una fastuosa mansión, todo gracias a haber sudado tinta e ideas durante tantos años de penurias junto a su mujer. No me extrañaría, entonces, que al autor y crítico literario Austin Wright (Nueva York, 6 de septiembre de 1922 - Cincinnati, 23 de abril de 2003), cuya única novela editada en nuestro país por la editorial Salamandra es la que les traigo hoy a esta malograda bitácora (aunque en su edición de Círculo de Lectores), le pueda ocurrir igual y se le tache de lo mismo, sobrando decir que injustamente.

Estigmas gasto muy pocos, por más que a la plebe le encante colocárselos al prójimo. Por eso, cuando agarro una novela con la solidez y la consistencia de Tres noches, que no te permite apartar la vista de la página y absorbe toda tu atención con las cualidades hipnóticas que se les atribuye a los ojos de algunas serpientes, no puedo hacer otra cosa que destocarme y mostrar mi respeto a su creador, le pese a quien le pese. Las dos historias paralelas que se desarrollan en Tres noches no sólo entretienen, sino que logran imbuir al lector en una extensa meditación acerca de la utilidad que pueda tener o no la venganza en su más amplio espectro, incluido el de la justicia, esa especie de venganza cívica. En estas páginas el lector encontrará metaliteratura, violencia, culpa, melancolía y un civismo que quien lee debe discernir si se debe a una buena intencionalidad y a valores férreos o a la pusilanimidad de uno de sus personajes principales. Si el lector no deja llevarse a engaño durante las primeras páginas -puede darle la sensación al lector, al principio, de haber comprado el guión melodramático del telefilm más casposo-, su sorpresa durante las siguientes será tan grata que no podrá dejar de leer hasta el final.

Tras muchos años de separación, Susan recibe el manuscrito de la primera novela de Edward, su primer marido, escritor frustrado al que ella criticaba sin compasión. Aprovechando la ausencia de su actual marido, hombre egoísta e infiel al que lo único que le preocupa es la ascensión de su carrera profesional, Susan utilizará tres noches para leer el manuscrito que le ha enviado Edward. Entre sus páginas se encontrará la trágica historia de Tony Hastings y su familia. Durante una discusión automovilística entre conductores con un absurdo sentido de la rivalidad, la mujer y la hija de Tony son secuestradas, violadas y asesinadas, sin que él consiga reunir valor suficiente para protegerlas. Él se engaña creyendo que su incapacidad para la acción se debe a sus valores, a su fe en la redención y a no creer en la pena de muerte. Pero de la mano de un policía con una enfermedad terminal que ya no tiene nada que perder, de métodos poco correctos y que en todo momento reprocha soterradamente a Hastings por su cobardía, Tony entenderá que todos llevamos en nuestro interior el sentido de la venganza. La novela hará que Susan desarrolle la admiración que nunca tuvo por Edward, pero también hará que tiemblen los cimientos sobre los que ella ha erigido su nueva vida, y llegará a sospechar si el manuscrito de su ex marido no es también una venganza, una prueba del talento que ella le negó durante su matrimonio y del éxito que podrían haber disfrutado juntos. 

Espero ansiosamente que la editorial Salamandra se anime a traducir y publicar los otros libros escritos en vida por Austin Wright. Si mantienen la misma tensión, la misma solidez y la misma inteligencia para el análisis y para plantear cuestiones que creíamos solucionadas en la sociedad occidental, poco correctas políticamente, el placer leyendo está totalmente garantizado. Este autor sabía, como pocos, que a veces el éxito personal es la forma más refinada de cometer una venganza. Bravo por él. 



Título: Tres noches

Autor: Austin Wright

Editorial: Círculo de Lectores

ISBN: 978-84-672-5523-2

Nº de páginas: 400

jueves, 4 de septiembre de 2014

"Escritos en la corteza de los árboles", de Julia Uceda




Creo que fue el poeta y novelista Luis García Montero quien dijo o escribió que el tiempo es de tibia descreencia. Esto se confirma, en mi caso, cuando mi percepción de él se ve distorsionada en cuanto hallo disociaciones entre distancia y transcurso; parece un sueño que la profunda admiración y el enorme respeto que siento por Julia Uceda (Sevilla, 22 de octubre de 1925) se remonte ya a casi diez años atrás, cuando descubrí sus enormes dotes con la poesía al hacerme con un ejemplar de En el viento, hacia el mar, volumen indispensable en mi biblioteca que revisita la obra poética de la autora andaluza afincada en Galicia comprendida entre 1959 y 2002, y que la hizo merecedora del Premio Nacional de Poesía 2003. Poemas como En ti la luz o colecciones de poemas como Poemas de Cherry Lane despertaron mi sed de querer poseer cada cosa que saliera de su pluma. Luego vendrían los poemarios Hablando con un haya y Zona desconocida, que asentó aún más -este último- mi admiración por Uceda gracias a construcciones poéticas como Palabras o Driving, y después de eso hubo un vacío que ya se hacía necesario llenar. Tan desactualizado como estoy en novedades editoriales, salvo las que conozco de primera mano gracias a las colaboraciones que hago, tecleaba una y otra vez su nombre en la barra del buscador de Internet de mi ordenador, hasta que hace poco más de un año mi búsqueda dio frutos y pude ver que Uceda había sacado nuevo libro: Escritos en la corteza de los árboles.

Se hace indispensable leer, además de la colección de veintiocho poemas que incluye el volumen, el prólogo que, con el título ¿Somos quienes quisimos ser?, Julia Uceda brinda al lector para desentrañar un poco su propia persona. Entre esas páginas iniciales, que advierten al lector de lo que vendrá después (lo mismo que el viento repentinamente levantado en una tarde de verano anuncia una tormenta), la poetisa confiesa sentirse más interesada por el pasado que por el futuro y nos traslada su opinión de cuál debe ser la relación que todo aspirante a poeta debe tener con sus propios versos. Pero su interés por el pasado no se centra en el tipo de melancolía en que puede sumirse quien anda demasiado involucrado en el lastre del pudo ser y no fue; sus inquietudes a ese respecto tienen que ver más con una curiosidad ontológica, con el lugar de donde vinimos al nacer y con esos recuerdos apócrifos que se instalan con qué razones en la memoria. Así lo explica en un tramo del prólogo: "Mis dudas se iniciaban, aparentemente, en relación a niveles temporales o espaciales a los que habíamos sido abandonados, pero significaron mucho más. Esas dudas manifestaron enseguida la inseguridad humana de no saber quiénes somos ni cuál debería ser nuestra función, más allá de las elementales como especie, durante el tiempo que nos fuera dado. [...] Estas sombras pueden asaltarnos muy pronto. Recuerdo una pregunta, tal vez fue la primera que hice a los adultos, respecto al hecho de mi llegada al mundo: ¿dónde estaba yo antes de estar aquí?, dije." Esa primera y esencial cuestión en su vida es el tema de Kairós, poema que abre el volumen y que nos dará una medida de lo que encontraremos en las siguientes páginas.

Completamente convencida de que el poeta debe dar testimonio de sí mismo y del lugar en el que habita, temporal y espacialmente, la autora andaluza confirma haber encontrado huecos en algunos poemas de este volumen y también de poemarios anteriores. Para hacerse más inteligible, cita a C.G. Jung: "[...] dentro de cada uno hay alguien que no soy yo", y con esas palabras prestadas hace referencia a todos esos mitos personales que pueblan los poemas y a los que el lector debe llegar más por la intuición que por la comprensión. En el caso de Julia Uceda, muchos de estos mitos personales viven al servicio de una memoria apócrifa, de recuerdos sobre hechos que, sin haber nunca ocurrido, tienen una fuerza escénica y visual tan potente como la de cualquier recuerdo verídico. O puede que incluso más porque, al no haber ocurrido, nadie -ni el tiempo, enemigo paciente e infalible, ni tampoco los otros- ha podido arrebatarles su esencia, su vigencia ni su nitidez.

Los poemas de este volumen son como los anillos en el tronco de un árbol derribado: su memoria está escrita y su edad, pero nadie sabrá de todas las cosas de las que fue testigo mudo y espectador privilegiado. Nada sabemos de los otros y muy poco de nosotros mismos, y no pasaremos de aprendices. Aunque, en esa ardua tarea de no llegar a ser quienes quisimos ser, podemos lograr proezas y encontrar atisbos de esa belleza inasible que pasa por serlo porque nunca será nuestra del todo, como la que ha logrado, una vez más, Julia Uceda con esta nueva obra. Indispensable.


Título: Escritos en la memoria de los árboles

Autor: Julia Uceda

Editorial: Fundación José Manuel Lara

ISBN: 978-84-96152-75-1

Nº de páginas: 96




miércoles, 27 de agosto de 2014

"Quién de nosotros", de Mario Benedetti




Anteayer mismo devoré, en poco menos de dos horas, la primera novela de Mario Benedetti (Paso de los Toros, 14 de septiembre de 1920 - Montevideo, 17 de mayo de 2009), Quién de nosotros, ópera prima cuya aparición fue celebrada por la crítica, calificándola como el libro más prometedor que la literatura de ficción uruguaya había producido en ese momento. Desde entonces, esta novela ha sido reeditada continuamente y ha servido de germen para el resto de la extensa producción del escritor de mostacho solemne y sonrisa amable, que cuenta con más de ochenta libros y ha sido traducida a más de veinte idiomas. Nunca antes me había acercado a la faceta novelística de Benedetti -sí a sus trabajos con el relato y la poesía, no obstante, gustándome más sus recursos con la prosa que con el verso-, pero rápidamente mis expectativas se vieron recompensadas con creces, tras comprobar desde la primera página su prosa limpia y depurada, cuidada al milímetro, que no deja nada fuera de lugar y no tolera el más mínimo indicio de desorden, ninguna vaguedad literaria gratuita. 

Un libro como el que cayó antes de ayer en mis manos debería ser la prueba más tangible de cuándo un escritor está llamado a perdurar para siempre entre los nombres más laureados de la historia de la literatura universal: sencillo en forma y argumento, pero en ningún caso simple; inteligente e intuitivo, pero no pedante ni intolerablemente ficticio; breve, pero intenso y turbador; sentimental, inteligentemente emocional, pero no por ello cursi... Podría dedicar todo un párrafo de esta reseña a elogiar las virtudes que sin duda copan sus poco más de ciento cuarenta páginas, y quizá aún no lograra del todo comunicar a los lectores la belleza de su unidad. El ritmo es el ideal a la historia que se cuenta, y cada palabra tiene su lugar exacto en la frase, cada frase su lugar exacto en el párrafo, cada párrafo su lugar exacto en el capítulo. Benedetti nos demuestra que no es necesario recurrir a argumentos en exceso truculentos, geniales o peculiares, para alumbrar una historia interesante, rica en matices y claroscuros, que consiga atraer la máxima atención del lector y lo clave como a un poste en el sillón. También, que en literatura las temáticas originales ya no existen -en realidad, y como es lógico, ya casi en ningún ámbito existe algo original-, y que da igual el tema que un autor trate en su obra, siempre y cuando ésta esté bien escrita. 

Seccionada en tres partes claramente definidas, cada una de ellas perteneciente a un personaje y una voz, Benedetti nos acerca la historia de un triángulo amoroso que rompe esquemas en este tipo de intrigas. Dicho triángulo está formado por Miguel, hombre que nunca se ha tenido a sí mismo en muy alta estima y que vive obsesionado con que su mujer, Clara, le ha sido o le gustaría serle infiel con Lucas, amigo de ambos desde la juventud; Clara, mujer de Miguel, que está cansada de que su marido sea un incurable derrotista y casi le arroje a los brazos de Lucas; Lucas, amigo de la pareja cuya presencia nunca ha dejado de estar vigente entre el matrimonio, a pesar de que ya vive lejos de ellos. Lo más importante de esta novela no es lo que se dice, no es lo que nos van revelando sus personajes mediante sus escritos -Miguel, desde sus diarios íntimos; Clara, a través de una larga carta de despedida que le escribe a su marido cuando va a reunirse con Lucas; Lucas con los cuentos que publica, más autobiográficos de lo que le gustaría admitir, y que le han reportado cierta fama de escritor talentoso-, sino lo que callan cada uno de ellos, lo que insinúan, el verdadero camino al infierno que está empedrado de buenas intenciones. Así, mediante silencios y sobreentendidos, averiguaremos que Miguel está tan enamorado de Clara que no puede hacer otra cosa que entregársela al genial Lucas, con quien siempre sospechó que sería más feliz, pero que ese generoso enamoramiento está enturbiado por las infidelidades de Miguel cometidas con otra mujer, y el lector llega a sospechar si el suyo no será un pretexto para empezar una nueva vida con su amante; que Clara ha decidido abortar su misión de hacer feliz a Miguel, acusándole de haberla entregado a los brazos de Lucas, con el que siempre ha vivido obsesionado, imaginando un idilio entre ambos, pero que en esa acusación es muy posible que exista un verdadero y antiguo deseo de estar con Lucas, siendo entonces fundadas las sospechas de Miguel; que Lucas nunca tuvo mucho aprecio por Miguel y no dudará en acoger a Clara en sus brazos, aunque cabe la posibilidad de que su entrega a Clara se deba más a un ejercicio de soberbia y a una enconada rivalidad con Miguel, que a un auténtico sentimiento amoroso. Todo y nada es lo que parece en esta genial historia, que despertará las suspicacias de los lectores más celosos y les pondrá cierta inquietud en la boca del estómago. 

 Después de esta maravillosa experiencia, estoy deseando ya leer otra novela suya que tenía aparcada en mi biblioteca, La tregua, y saber de primera mano si allí, entre sus páginas, vuelven a confirmarse la pericia del autor uruguayo con la prosa, que de su pluma viene limpia, clara, revitalizante como el agua que baja de la montaña. Siempre vivo, Mario Benedetti.





Título: Quién de nosotros

Autor: Mario Benedetti

Editorial: Punto de Lectura

ISBN: 978-84-663-0244-1

Nº de páginas: 144

martes, 26 de agosto de 2014

"La maestra republicana", de Elena Moya




Hace ya unos cuantos meses estuve visitando Morella, preciosa población del interior de la provincia de Castellón que forma parte de la red Los pueblos más bonitos de España. Quedé encantado con la visita, y tal vez esa fuera la razón principal por la que me animé a leer la nueva novela de Elena Moya (Tarragona, 1970), cuya acción se traslada, entre otros lugares, a esta villa que es la tercera en extensión de la Comunidad Valenciana. Es posible que, para muchos, el mío sea vacuo criterio para decidir qué leer; sin embargo, en mi subjetiva opinión, mi condición de turista literario tiene o debería tener tanto peso a la hora de elegir un libro como el nombre del autor y su currículum, o el argumento que haya elegido para la obra que ha publicado. En este caso, la ecuación ha operado al contrario: visité el lugar geográfico que sirve de escenario al relato antes de leer el mismo, cuando suelo hacerlo justo al revés. De cualquier modo, y como el orden de los factores no altera el producto, la recompensa a tal criterio ha sido una novela interesante, rica en contenido, correcta en su propósito de hacernos pasar un buen rato mientras se vigila a los churumbeles en la piscina o la playa, que nos acerca de nuevo (pero con carácter retroactivo) los motivos por los que un país como el nuestro pudo entrar en una situación económica tan lamentable.

Quien se asome a estas páginas, y si es español el lector, reconocerá ya de lejos el paisaje. No el paisaje físico que circunda e incumbe a Morella, no su castillo ni su muralla medieval ni su acueducto (aunque también), ni siquiera el mistral que allí suele soplar y encoger las almas durante los meses centrales del invierno, sino el paisaje de la corrupción que se ha hecho tan habitual a nuestros ojos y nuestras costumbres. En esta novela, dicho paisaje se nos presenta en la forma embrionaria de la crisis que nos asola, durante la burbuja inmobiliaria y operando allí un alcalde zafio y egoísta -estupidez y ambición son siempre elementos claves para crear políticos laureados, aunque solo se les conozca en sus pueblos de origen- que planea la venta de la antigua escuela, sin saber aún si para convertirla en un casino, en pisos o en un centro satélite de un colegio elitista. Para evitarlo está la protagonista de esta historia, Valli Querol, hija de unos humildes masoveros de la población castellonense, que después de años de exilio tras la Guerra Civil, y con la llegada de la democracia, regresó a Morella para ejercer de nuevo de maestra. Ahora es una octogenaria, para muchos repleta de ideales tan románticos como casposos, pero eso no la amilanará para tratar de evitar que su escuela se convierta en moneda de cambio entre políticos corruptos.

La verdadera vocación, esa que ya le va haciendo falta al mundo, la que se ejerce con cariño y pasión y desde los más elevados valores, y no en pos de unos ingresos cuantiosos, es el tema principal de este relato. De fondo están la crisis, claro, la burbuja inmobiliaria, la corrupción, todos los elementos detestables que antecedieron a nuestra precaria situación, pero si hay que destacar con mayúsculas un argumento principal en la novela de la autora catalana, es el del valor de tener algún buen propósito con que llenar los vacíos que a menudo deja la existencia, más allá de los espejismos de la popularidad y el dinero obtenidos fácilmente, y de la trapacería innombrable que supone el prestigio ganado a costa de aniquilar los méritos y los sueños de otros.

No es un mal resultado el que ha logrado con su segunda novela esta catalana afincada en el norte de Londres, a causa del trabajo que desempeña en el periódico inglés The Guardian, y que afirma sentir aún los coletazos del franquismo por su condición de lesbiana y periodista. Su primer libro, Los olivos de Belchite, cosechó un notable éxito y críticas excelentes en el Reino Unido. Confío en que La maestra republicana siga la misma ascensión, y que Elena Moya se convierta en una de las voces literarias femeninas de más renombre tanto en nuestro país como en el país que la ha acogido.










Título: La maestra republicana

Autor: Elena Moya

Editorial: Punto de Lectura

ISBN: 978-84-663-2708-4

Nº de páginas: 560


martes, 19 de agosto de 2014

Agosto asiste




Quisiera desnacer en esta fecha
y otra vez nacer pero con más convencimiento,
verter cruda arena en los relojes y su pulso
y cegar el curso irrefrenable en su engranaje
de ruedas atajando hacia la muerte,
treinta y dos veces treinta
besar la entraña abierta y el vientre de tu madre,
con cifra excelsa de milagro obrado,
con nombre de Dios hecho sacros números
en suma dirigida hacia tu alba primera.

Quisiera haber estado allí, testigo
del despertar de mi amor primero y último.
Los años que faltamos
fueron una vida entre dos bostezos,
el coágulo de inútiles actos
donde escoraba la sangre ofrecida
a ningún sacrificio.

¿Cuándo naciste, si yo estaba muerto?
¿Cuándo nací, si tú estabas muerta?
En la edad que ahora cumples
yo amurallo mi vida:
lo anterior a nosotros fue la nada,
la desencuadernada dimensión
de un tiempo en que no nos asistíamos.

Cómo decir que sin ti, que nunca antes,
que no fui entonces, que antes de ti
ni Big Bang ni esbozo de Paraíso,
que durante soy un hombre completo
y después quiero que no haya un después.
Cómo explicarle a quien así leyera
que llevo por sabor
los años que acumulas,
que mi experiencia quedó relegada
a aquello que miraron tus ojos algún día,
que me enamoré de los que de ti
nunca se enamoraron
y que en esta nueva edad que ahora cumples
agosto asiste, agosto me asiste y me consagra
al azahar que ignoras que existe en tu piel niña.

Cómo explicar ahora
que han sido suplantados mis logros por tus años.


Alcalá de Henares, 18 de agosto de 2014



FELIZ CUMPLEAÑOS, MI VIDA. NO EXISTE YA AMENAZA ALGUNA EN EL FUTURO; TAN SÓLO ATRACCIONES DE FERIA EN LOS MALECONES Y LOS ESPIGONES DE LOS PUERTOS QUE VISITAREMOS JUNTOS, Y LOS HIJOS QUE TENDREMOS, Y MUCHAS ANYAS CON AGAPORNIS. ;) TE AMO CON TODA MI ALMA, MI DEIDAD.

domingo, 6 de julio de 2014

"DesHielo", de Ilija Trojanow




El cambio climático es un problema real y muy serio. Eso es algo que ni siquiera Estados Unidos, capital mundial por antonomasia de la megalomanía y el ecoescepticismo en estas décadas que llevamos de pérdida de la criosfera, se ha atrevido a negar últimamente. No resulta ya suficiente el argumento de que el planeta Tierra ha conocido anteriormente violentas transformaciones climáticas en el curso de su existencia; hay diferencias notables entre el calentamiento que estamos viviendo en nuestro presente y la edad de hielo que finalizó hace unos 12.000 años, pero carezco de competencia para explicárselas. Para eso tenemos la furiosa novela -furiosa, sí, han leído ustedes bien- DesHielo, de Ilija Trojanow, escritor y editor alemán nacido en 1965 en la capital de Bulgaria y que ha residido en diversos lugares del mundo; también, el no menos furioso prólogo de Jorge Riechmann, valor añadido a este libro que nos pondrá en antecedentes sobre la precaria situación de nuestro escindido planeta. 

Partiendo de la idea original de que nadie es inocente -así nos lo hace saber el protagonista de esta historia, en un tramo de la novela, al hacerse esta pregunta: "¿Cómo pudo perdurar la idea romana de la presunción de inocencia en una civilización impregnada por el concepto del pecado original?"-, Trojanow elabora un discurso amargo, no exento de poesía, acerca de la autocontención de la que carece el ser humano, y de los efectos y las consecuencias que surgen de un egoísmo global. Y sin embargo, no tienen motivo para asustarse esos lectores que ya estén imaginando una novela catastrofista, de tintes similares a los de las películas más casposas sobre desastres naturales; porque DesHielo es una historia de propósitos, que mediante los objetivos que se ha propuesto alcanzar su protagonista, el profesor Zeno Hintermeier, nos hace partícipes de una crítica feroz a esos viajeros acomodaticios, que buscan la foto perfecta que mostrar a sus amigos a la vuelta de sus viajes, ya sea a costa de molestar a una colonia de focas o de faltar al respeto a tantos asesinados en Auschwitz. Una crítica, en definitiva, bien elaborada y magistralmente argumentada, acerca de la propensión del ser humano al egoísmo y la autocomplacencia sin límites.

Desencantado de la vida y de sus congéneres, el profesor Zeno vive la desaparición de "su" glaciar como una pérdida propia. Tanto es así, que decide abandonar su cátedra y embarcarse como guía en cruceros turísticos que viajan a la Antártida. En el silencio de tierras inhóspitas busca su propia voz, cargada de ira, y entre tanto se percata de que incluso los compañeros que trabajan mano a mano con él para concienciar a la gente de la paulatina destrucción del planeta, no alcanzan a entender que todo se lo tome como una afrenta personal. Ni siquiera entre los amantes de la naturaleza y el ecologismo es capaz de encontrar a alguien a quien poder llamar su alma gemela, porque nadie como él vive tan intensamente la tragedia ni escucha el grito de angustia del mundo, el latido cada vez más débil del planeta. Él comparte paseos por cubierta con guías, periodistas y pasajeros que, tras la travesía turística, volverán a sus vidas y mostrarán sus fotografías como trofeos personales, olvidando fácilmente que han sido testigos privilegiados del epicentro de la tragedia que acabará alcanzándolos a todos ellos.


 La violencia permanece soterrada en la prosa nutrida y poética de Ilija Trojanow. Una ira creciente se esconde en cada frase, una indignación progresiva se adhiere como una película de bilis en cada palabra cuidadosamente escogida. DesHielo es una novela que los lectores ecoescépticos deberían leer, asimilar y disfrutar. Su discurso es furioso; su propósito, lo más honorable que encontrarán ustedes últimamente en literatura.  




Título: DesHielo

Autor: Ilija Trojanow

Editorial: Rayo Verde

ISBN: 978-84-15539-18-6

Nº de páginas: 176

lunes, 23 de junio de 2014

"El fuerte de las nueve torres", de Qais Akbar Omar




El mundo merece leer este libro, y su autor merece que el mundo lo lea. Podría resumir la reseña de El fuerte de las nueve torres con esta simple frase y ahorrarme, de este modo, numerosas divagaciones y palabras de elogio hacia un libro que habla por sí solo. Sin embargo, la valentía y la imparcialidad que su autor, el afgano Qais Akbar Omar, destila en cada párrafo hace de esta reseña una tarea sumamente placentera, solamente comparable a leer este relato autobiográfico, cargado de horror y, pese a ello, de belleza, que ha cosechado críticas inmejorables en los medios internacionales más importantes y nos ha abierto los ojos a muchos occidentales acerca del eterno problema de un país profundamente herido como Afganistán. Y es que cuesta creer, viviendo en un país desarrollado y acostumbrado a picotear vagamente imágenes de los conflictos que se suceden allí en cualquier telediario, que hace tres décadas Afganistán fuera un país pleno, rico, culto, sabio, donde la religión, aun teniendo un enorme calado en las costumbres de su población, no había llegado a condicionar la vida de sus habitantes. El musulmán de raza -el verdadero musulmán en suma, no el talibán cerril y cruento que hace erróneas interpretaciones del Sagrado Corán- es una persona forjada en la generosidad sobre todo, que no se cierra a estudiar otras religiones buscando semejanzas con la suya propia, que siente un profundo respeto hacia la mujer -con algunas connotaciones machistas susceptibles de ser mejoradas, cierto, pero no más que como ocurre con todas las religiones, y si no lo creen así pregúntenle a la Iglesia Católica sobre todas esas mujeres a las que se las obliga a tener hijos con malformaciones letales o que son producto de violaciones-, que no lapida a las adúlteras ni a las prostitutas, que permite estudiar y vestir a las mujeres a la última, que no obliga a los hombres a ir a orar cinco veces al día a la mezquita, a dejarse barba ni a llevar el vello de las axilas o los genitales con una longitud concreta, entre otras numerosas leyes, a cual más absurda y despiadada, que los talibanes impusieron en nombre de Dios tras derrotar a otras muchas facciones de muyahidines casi tan crueles como los propios talibanes.

Esta novela de corte autobiográfico se propone romper falsos mitos, cerrarle la boca a los racistas y abrirle los ojos a esos liberales cuya obsesión por la tolerancia los lleva a ser comprensibles con grupúsculos de seres humanos que no deberían denominarse de tal modo. Qais Akbar Omar elabora una hermosa y cruenta -ambos adjetivos no chirrían en una misma frase, tratándose de este relato- panorámica de un paisaje que la mayoría solo conocemos vagamente de las imágenes que consumimos de los telediarios. Su historia es el relato de un éxodo, de un viaje fabuloso por la constante cicatriz que cruza la cartografía de un país que ha sido foco de todas las contiendas, desde los invasores rusos e ingleses hasta las guerras civiles perpetradas en nombre de Dios, pasando por los últimos ataques norteamericanos. En medio de todo ello, un pueblo amable, generoso y sabio languidece viendo cómo se recortan la educación y el bienestar, cómo se prohíbe a mujeres y niños asistir a la escuela o la universidad, cómo a los hombres les resulta muy difícil prosperar laboralmente teniendo que atender las incólumes exigencias de la religión. Algo más que desierto hubo en Afganistán hace algunas décadas: la media luna impartiendo su luz en la noche diáfana fue sustituida por el destello de los misiles antes de atronar; la devoción por una religión con un principio básico de bondad -principio que se da en todas las religiones del mundo, en la propia espiritualidad del ser humano, y que se ha corrompido por culpa de la manipulación y las malas interpretaciones de los libros sagrados- se plagó de cerrilismo y de contextos erróneos; la prosperidad económica se hizo sierva del soborno y el egoísmo (factores ambos contrarios al Islam); el respeto del hombre hacia la mujer afgana, trabajadora y luchadora, icono imprescindible en el núcleo de la familia, se tornó en maltrato y vejación...

Qais Akbar Omar debía exorcizar sus demonios, liberarse de una enorme carga que llevaba sobre los hombros desde que era un niño. Su familia era gente próspera que daba trabajo y asilo a todo el que lo solicitase, pero el comienzo de la Guerra Santa hizo añicos su percepción de la religión y lapidó su bienestar. Los numerosos miembros de su familia tuvieron que disgregarse, y el autor y su familia más directa emprendieron un viaje por todo el país en busca de contrabandistas que pudieran conseguirles un visado a Europa. Atrapados en un país dominado por las diferentes facciones muyahidines, sus esperanzas de supervivencia fueron mermándose paulatinamente. Aun con todo, el autor sacó en claro muchas cosas de sus numerosos viajes en busca de tierras de promisión, y no dudó en absorver todas las experiencias vividas y aprender a vivir con los nómadas kuchis, a tejer alfombras artesanas turcomanas o a embeberse de sabiduría con los libros de los clásicos de la filosofía -Sócrates, Platón, etcétera- que su abuelo le regaló (Biblia incluida, aun siendo musulmán convencido) y que, más tarde, prohibidos por los talibanes, tuvo que quemar a escondidas, entre lágrimas -las lágrimas de quien sabe que la quema de libros durante una guerra es uno de los crímenes más despiadados que pueden cometerse contra la humanidad- durante un resgitro en el Fuerte de las nueve torres, antigua fortificación de un amigo íntimo y que durante mucho tiempo les dio hogar, y cuyo nombre da título al libro.

De pocos libros puede decirse que sean trascendentes, y este lo es en un grado inimaginable. Occidente entero debería leerlo. Qais Akbar Omar cuenta solo con treinta años, pero su experiencia es la misma que la de una acacia centenaria. Boxeador, tejedor de alfombras, nómada, graduado en periodismo, imparcial y conciso. Su relato es una perfecta conjunción de superación y esperanza, y de hasta las cenizas y las ruinas de las guerras ha sabido recuperar la belleza y entregárnosla, con esa generosidad inherente al verdadero musulmán.


Título: El fuerte de las nueve torres

Autor: Qais Akbar Omar

Editorial: Espasa

ISBN: 978-84-670-4120-0

Nº de páginas: 446


domingo, 1 de junio de 2014

"La invención del amor", de José Ovejero




Un soberbio ejercicio de imaginación es el resultado del último trabajo de José Ovejero (Madrid, 1958), La invención del amor, una historia truculenta acerca de la suplantación de identidades que mereció ser ganadora del Premio Alfaguara de novela 2013. Ya desde la primera página se despliegan las dotes de un escritor todoterreno, que ha cultivado todos los géneros, y en el que parecen innatas la arrolladora fuerza de su imaginación y esa capacidad pasmosa para hacernos creer que es sencillo inventar una nueva existencia de la noche a la mañana. Ovejero nos convence, rotura como con un tiralíneas el escenario propicio a ese hastío indefinido que domina la vida de muchas personas -"y miré aquellos días, pude abarcarlos todos con la memoria, / y los sentí vividos sin dolor, y sin amor vividos.", escribió desde una idéntica desidia Francisco Brines- y desde ese punto muerto erige una nueva existencia, esculpiendo en cenizas una ficción literaria sólida y absorvente, protagonizada por un personaje que va relatándonos en tiempo real sus desavenencias con el compromiso y que opta, para darle pasión a su vida anodina, por ejecutar un vuelo de vencejo tan acrobático como suicida.

Hay fascinaciones que fulgen con una fuerza arrolladora hasta casi convertirse en obsesiones, y es más susceptible de caer en ellas quien considera que, mereciendo no obstante la pena, su vida hace tiempo que ha ingresado en rutinas insoportables, en la dinámica engullidora de una espiral sin trascendencia. No es tema baladí como para no plasmarlo en una novela, y sumamente difícil trasvasarlo al papel con la pericia y la credibilidad con que lo ha hecho José Ovejero. El descreimiento y el sopor de una vida agotada de magia se susurran en estas páginas al modo de una confesión que, emitida desde un humor cansado, nos revela la necesidad de un cambio drástico, de un giro de los acontecimientos que logren reinventar la existencia. Dos recursos primordiales son de los que se vale el autor madrileño para dar cuerpo a tales argumentos: la voz particular, en primera persona, del protagonista de esta novela, y los diálogos que -cosa extraña en literatura, y por ello muy meritorios-, siendo coloquiales y cercanos, ordinarios y comunes en el día a día de cualquier persona a pie de calle, están lejos de caer en vulgaridades y no pierden ni un ápice de autenticidad durante todo el relato.

Cada atardecer, Samuel se asoma a su terraza en el ático desde donde la ciudad de Madrid se ofrece con sus luces y sombras, observa el vuelo acrobático de los vencejos y medita acerca del vacío que, sin llegar a amenazar su vida, lo precipita al tedio de quienes están de vuelta sin haber salido nunca al mundo. Sabe que el amor sería un importante motor para su vida, pero se siente incapacitado para el compromiso, y por eso gasta el ocaso de su juventud en relaciones esporádicas. Una madrugada, alguien telefonea a su número para anunciarle que Clara ha fallecido. Él no es el Samuel por quien preguntan, pero en ese acontecimiento inesperado consigue ver una salida a los rituales y ceremonias vacuas de su día a día, y no dudará en suplantar esa identidad, primero presentándose al funeral de Clara y luego inventando una historia de amor con ella para Carina, la hermana de la difunta. Ingresa de este modo en un juego en el que, a cada nuevo paso, con cada nueva invención, corre el riesgo de perder el control.

José Ovejero ha dado a luz una historia que mantiene en vilo al lector, expectante en todo momento de las dotes de Samuel para salir del paso en su red de invenciones y mentiras, a la manera de un Tom Ripley patrio. Pero, muy al contrario de lo que sucede con el inquietante personaje de Patricia Highsmith, las intenciones de Samuel distan mucho de ser oscuras, y así se hace patente el propósito de una historia con enorme fuerza que nos habla del poder de la imaginación y de los dones revitalizantes del amor. La ficción como salvoconducto que nos permita huir de los aspectos más detestablemente mundanos de la existencia, tema hermoso donde los haya que Ovejero nos plantea aquí con dosis idóneas de anhelo, misterio y humor amargo. Redonda.


lunes, 26 de mayo de 2014

"Y el verbo se hizo polvo", de Isaías Lafuente




Con tan sugerente título, no podía dejar pasar la ocasión de leer el ensayo publicado por la editorial Espasa del reputado periodista y escritor Isaías Lafuente (Palencia, 1963), que en 2013 recibió el Premio Nacional de Periodismo Miguel Delibes y conduce, desde hace diez años, el espacio radiofónico Unidad de Vigilancia, emitido en La Ventana de la Cadena Ser, y que se dedica, semanalmente, a desentrañar los destrozos de nuestra lengua en los medios de comunicación. Con este libro, quizá lógica e inevitable prolongación de la labor que desempeña ante el micrófono, Lafuente no se ha propuesto elaborar una feroz crítica hacia los gazapos que, a diario, los hispanohablantes cometemos al hablar y al escribir (con mayor o menor asiduidad, tanto si se es o no una persona ilustrada; errare humanum est), sino más bien abrir un sustancial debate lanzando sobre el tapiz una serie de preguntas que deberían merecer toda nuestra atención, ahora precisamente que la palabra está más en auge que nunca, que todo el mundo escribe y comunica desde blogs, redes sociales, aparatos móviles, cuentas de correo electrónico, periódicos, radios, anuncios publicitarios y un sinfín de medios que nos hacen dueños -también esclavos- de aquellas cosas que decimos y transmitimos a los demás.

¿Se está produciendo una degradación progresiva de nuestra lengua o, por el contrario, gracias a la irrupción de las nuevas tecnologías y de las redes sociales, por fin se ha democratizado la palabra, no siendo ya de uso exclusivo de periodistas, escritores y comunicadores, y convirtiéndose de este modo, ahora más que nunca, en patrimonio de todos? Con estas y otras cuestiones, el periodista palentino desarma frases manidas y trilladas como aquella que reza que a las palabras se las lleva el viento; porque Isaías Lafuente tiene muy claro que somos los que hablamos, y para demostrarlo no duda en retrotraerse hasta los orígenes mismos de la humanidad, hasta el albor de sus primeros inicios con los sonidos que comenzó a producir. A día de hoy, la comunidad científica no ha sabido dilucidar aún, sorprendentemente, si nuestra especie, en el origen de los tiempos, llegó a hablar tras haber madurado su razón o comenzó a pensar después de inventar el instrumento de la palabra; a ese respecto, hay algún escritor consagrado que no le ha costado admitir que escribe para saber lo que piensa.

Valiéndose de ejemplos aparecidos no solamente en los medios de comunicación, sino también a lo largo de la historia, Lafuente hace un exhaustivo repaso a esas palabras que se han acuñado con un sentido distinto al original aparecido en el diccionario, y sobrevuela, entre estas páginas, por los términos no siempre bien usados o completamente fieles a sus acepciones en el diccionario, pero que políticos y locutores de fútbol, entre otros muchos, no sienten pudor en utilizar creyendo erróneamente que su retórica es la adecuada a la profesión que desempeñan. Además, desde este ensayo se lanza un envite a la entrecomillada intransigencia de los académicos, con respecto a cuestiones tales como la negativa a deshabilitar el género neutro al referirse a ciertas profesiones ocupadas por mujeres o las reglas ortográficas que, para algunos de nosotros, hace unos años, hicieron nuestro idioma más confuso y menos rico. Y es que un libro como el que nos ocupa no podía, ni debía, mantenerse al margen de ciertas polémicas.

Humor, sentido común, memoria y curiosidad son los elementos que han sido necesarios para elaborar un libro que todos, tan pagados de palabras en cualquier ámbito de la vida, deberíamos leer. Muy entretenido, muy didáctico: como deben ser las clases impartidas por esos profesores que, además, son maestros, que no es lo mismo lo uno y lo otro. Lafuente nos convence de que no es necesario ser filólogo para enamorarse de la palabra e internarse por sus interesantes y siempre sorprendentes vericuetos.




Título: Y el verbo se hizo polvo

Autor: Isaias Lafuente

Editorial: Espasa

ISBN: 978-84-670-4143-9

Nº de páginas: 304

miércoles, 21 de mayo de 2014

"Contingencia y otros relatos", de Alex García Franks




En otra época fui un voraz lector de relatos y un enamorado del género. Consideraba, y aún lo sigo pensando, que en este país (y, por extensión, en el resto de Europa) había muy pocos escritores actuales que hubieran sabido dominar esa disciplina literaria, y también que, a ese respecto, nuestros hermanos latinoamericanos nos llevaban muchos años de ventaja. Creía y creo que las editoriales -las más grandes y prestigiosas, al menos- apuestan muy poco por este género eclipsado por la novela, insufrible rockstar que brilla con luz propia en las estanterías de cualquier librería, y que las pocas colecciones que se publicaban, por lo general, con mayor o menor acierto, solían ser de escritores consagrados, afianzados en la narrativa novelística, que habían rescatado de los cajones sus primeros escritos, bien por voluntad propia o por exigencias editoriales. A día de hoy sigo sin entender por qué un género tan adaptativo a nuestro modo actual de vida, en el que priman la inmediatez, la prisa y lo compacto, siempre ha estado tan denostado por el gran público, a excepción de esos lectores contumaces que devoran todo lo que cae en sus manos y saben de buena tinta la dificultad que entraña tratar de escribir un buen relato, donde no se permiten dilaciones y la economía de medios es tan indispensable como dejar bien cerrado el argumento, valiéndose para ello de un desenlace que surta el efecto de un relámpago en la conciencia. Aunque nunca he dejado de asomarme a género tan excelso -en este lapso de tiempo han caído en mis manos relatos de Muñoz Molina y Martínez de Pisón, entre otros, y además tengo mucho interés por leer a Alice Munro, que según dicen es la actual maestra de esta disciplina literaria-, lo cierto es que mi fidelidad se había despistado un poco. Por suerte, Alex García Franks -del que se sabe muy poco, apenas que nació en Bilbao, Vizcaya; ni siquiera he podido encontrar una fotografía suya con que ilustrar esta reseña- y su libro Contingencia y otros relatos me han despertado las ganas de volver a ser ese lector fiel al género con el que me adentré de lleno a bucear en la historia de la literatura universal. 

La vida es más azarosa de lo que algunos creemos; tomamos decisiones, a veces creyendo que son erróneas o no son las más adecuadas, y luego, con el paso del tiempo, nos percatamos al echar la vista atrás de que esas decisiones, acertadas o no, fueron las únicas que las circunstancias nos permitieron tomar en ese momento. Aunque es verdad que cada cual elige el modo de conducir su propia existencia en la medida de lo posible, no es menos cierto que, en más ocasiones de las que nos gustaría admitir, esa existencia está regida por casualidades y circunstancias ajenas a nuestra voluntad. Esto no deja de ser peligroso, porque comprendida la vida como juego de azar es muy probable que eso nos exonere de la culpa, del arrepentimiento, depurando puerilmente las responsabilidades y arriesgándonos a abolir de nuestra conciencia los deberes morales y tantos valores que cada vez se echan más en falta. Este argumento viene a ser la tónica general en la colección de relatos que García Franks nos ofrece, donde cada historia se acomete con dosis de humor amargo; un total de dieciséis relatos que radiografían lo más cainita del ser humano, con su capacidad para la traición espoleada por el azar pero también cómodamente disculpada por éste.

La facilidad con que hoy en día, gracias a las redes sociales, pueden tenerse citas y relaciones esporádicas, muchas veces con resultados decepcionantes, es el tema principal del primer relato del volumen, Tras la pantalla. Némesis nos relata la inusitada y repentina atracción por el asesinato de una persona aparentemente pacífica. He aquí el hombre es un relato que se estructura en cinco microrrelatos de corte histórico, al igual que el relato que da título al libro, Contingencia, que tiene resultados sorprendentes. Un accidente premeditado nos habla de relaciones extramaritales y mujeres despechadas. El retrato nos acerca las vicisitudes de la vejez y de los consuelos que nos sirven para sobrellevarla. En La huida, uno de mis relatos favoritos del volumen, el desenlace hará plantearse al lector la condición de sumo predador del ser humano. La soberbia y la altivez es el tema principal de La falsa apariencia. El psicólogo es un relato inquietante sobre el juego de identidades. La promesa es el debate íntimo de un hombre que deberá tomar una decisión difícil, y que para ello no sabrá si confiar en la fe o en la ciencia. Pinceladas propias de las novelas de aventuras, y también históricas, dan forma a El Zeus. La prometida y La incomparable Doña Caqui son dos narraciones hilarantes, muy divertidas, acerca de la tolerancia que debemos tener con personas absolutamente intolerantes e intolerables. En Al igual que Axel, el autor nos brinda una historia de metaliteratura y de los sinsabores que a menudo acarrean la creación artística. El funeral incide en el tema de la traición y las falsas apariencias.

Una prosa muy nutrida y grandes dosis de imaginación son las armas de que se vale Alex García Franks para recrearnos un mundo en el que, cada vez más, todo vale para dar rienda a nuestras ambiciones, disculpando nuestras trapacerías para conseguir aquello que queremos mediante el argumento de la casualidad y el azar, que cómodamente nos exoneran de nuestro sentido de la culpa. Con ese denominador común, el autor vasco ha parido una obra compacta, sólida, que se lee por separado pero que, en realidad, es un bloque único.



Título: Contingencia y otros relatos

Autor: Alex García Franks

Editorial: Chiado

ISBN: 978-989-51-0672-1

Nº de páginas: 234 


miércoles, 14 de mayo de 2014

"Breve historia del leer", de Charles Van Doren




Me gustan las personas que saben regalar un libro. Aunque a aquel o aquella a quien se le va a entregar ese presente no sea ningún doctor en literatura, no basta con entrar en el primer centro comercial y coger el primer volumen que se tenga a mano, con fajilla de papel añadida indicando los ejemplares vendidos o los premios que ha cosechado, e ir a la caja a pagar con la misma suficiencia con que compramos un pack de latas de conservas. Saber regalar un libro es mucho más: es involucrarse en una ceremonia que tiene mucho de sacrificio, de búsqueda del Santo Grial, de amor incondicional y lealtad por la persona a quien se lo vamos a regalar, de conocimiento de ella y de sus gustos, sus inquietudes, incluso sus demonios y desazones vitales. Como cualquier otro regalo que hacemos con el corazón, en definitiva, sin importar si es caro o barato. Digo esto porque, hace unos años, durante unas navidades, mi hermana me regaló un volumen con el que, sin él, mi biblioteca personal no tendría sentido o, si no tanto, al menos hubiera quedado ostensiblemente más empobrecida. Buena conocedora de mi pasión por la literatura, y siendo una de las personas de mi familia que más respeto ha demostrado por mis inquietudes con la escritura, estuvo peregrinando por diversas librerías y hablando con muchos dependientes para dar con un libro que fuese fiel reflejo de quien fui, quien soy y quien quiero ser. Y así es como llegó a mis manos esta Breve historia del leer, de Charles Van Doren.

Es muy probable que la gran mayoría de los lectores españoles no hayan oído hablar nunca de este autor. Sin embargo, su nombre ha traído cola a lo largo de los años. Los lectores más cinéfilos podrán reconocerlo en la piel del actor Ralph Finnes, que interpretó a este autor en la película Quiz Show, cinta dirigida por Robert Redford que trata sobre el escándalo que salpicó a la cadena CBS en los años cincuenta, al demostrarse que su famoso concurso Twenty-One estaba amañado, siendo Charles Van Doren, precisamente, una de las personas implicadas, concursante que batió todos los récords y cuyo supuesto mérito le valió una portada en la prestigiosa revista Time. Perteneciente a una de las familias que formaba parte de la élite cultural norteamericana, su padre fue Mark Van Doren, al parecer notable poeta que ganó el codiciado Premio Pulitzer (aunque de él no se conoce en el mundo más que una traducción sobre un ensayo que hizo sobre el Quijote), galardón que también cosechó su tío, Carl Van Doren. Escándalos a parte, lo cierto es que el bagaje cultural de este hombre es ingente, y en la película se muestra que sus conocimientos sobre literatura y otras materias no eran fingidos. Prueba de ello eran las reuniones donde él y su familia efectuaban juegos y desafíos, emitiendo al aire fragmentos de libros y citas literarias que los demás debían completar, reseñando su procedencia y a sus autores. 

"Este libro es el fruto de una historia de amor que ha durado toda una vida. Leer es, creo, mi actividad favorita; los libros y yo hemos sido inseparables hasta donde me alcanza la memoria... Aún hoy, me angustia no tener a mano un libro, una revista, un periódico, un trozo de papel para leer... [...] La vida sin libros sería para mí un horror vacío." Con tan lúcido criterio, Van Doren dispara al aire, desde estas páginas, una bala trazadora, deja una estela a seguir, un rastro que puedan olfatear aquellos que quieran tener una idea sobre qué es indispensable leer para entender en su relativa totalidad la historia de la literatura universal, confeccionando para ello un nutrido listado de títulos y autores de todos los tiempos y lugares. Como suele decirse, no están todos los que son ni son todos los que están; es evidente, por ello, que habrá lectores suspicaces que opinen que algunos de los títulos y autores que se incluyen en este volumen no merecen tal o cual mención o posición, y también justo al contrario, que faltan nombres y se han obviado grandes títulos en esta compilación. (A mí personalmente, sin ir más lejos, me duele que no se incluya a Edgar A. Poe, padre de todos los Sherlock Holmes del mundo, y que el autor sí incluya sin embargo a su propio padre.) Desde la Edad de Oro -Homero, Sófocles, etc...-, pasando por el Renacimiento y el Barroco -Maquiavelo, Garcilaso, John Donne...-, haciendo mención a los espíritus románticos -Goethe, Balzac, Stendhal...- y también a los críticos y visionarios -Baudelaire, Dickens, Walt Whitman...-, hasta llegar al anteayer, el ayer y el hoy -Galdós, Woolf, Joyce, Steinbeck, Saramago, entre otros muchos, muchísimos-, con cabida además, entre los autores más recientes, de dos escritores españoles que, pese a todo, nunca han sido profetas en su propia tierra, porque nunca o rara vez aquí, y sí en el extranjero, se les ha premiado: Arturo Pérez-Reverte y Javier Marías. Con este enorme y jugoso listado la polémica está servida, como siempre que se abren debates sobre gustos y preferencias literarias. En cualquier caso, tanto si se está de acuerdo en parte o en su totalidad con el criterio de Van Doren, es indiscutible que Breve historia del leer se acerca mucho a la guía definitiva que todo amante de la lectura debe tener en los anaqueles de su biblioteca. El autor nos propone al final de sus páginas, además, un plan de lectura para los próximos diez años que es digno de acaparar nuestra atención, aunque no se siga al pie de la letra.

 Les puedo asegurar que merece la pena hacerse con un ejemplar de este volumen, aunque solo sea por comparar nuestros gustos personales en materia literaria con los propios gustos del autor y mantener, de este modo, un íntimo y cordial debate con el propio libro que tenemos entre las manos. Las consultas que se puedan hacer a estas páginas siempre resultarán edificantes y muy, muy interesantes, y como valor añadido Van Doren nos espolvorea sus reseñas, menciones y pequeñas biografías de los autores con meditaciones lúcidas, muy a tener en cuenta, acerca del placer de leer y del contexto histórico y personal en que se parieron tantos y tantos buenos títulos que se incluyen en esta guía de lectura. Acepten mi consejo y no se lo pierdan.








Título: Breve historia del leer

Autor: Charles Van Doren

Editorial: Ariel

ISBN: 978-84-344-8834-2

Nº de páginas: 696