"Mis criaturas nacen de un largo rechazo."
PABLO NERUDA




















martes, 3 de diciembre de 2013

"La ternura de los lobos", de Stef Penney




Nunca la elección de una lectura, por la mera sonoridad que tiene el título del libro elegido, me había reportado tan buenos resultados. Razón peregrina o endeble ésta que, no obstante, dice mucho de mí. Me encantan los lobos -tanto es así, que tengo uno tatuado en mi hombro derecho-: son animales a los que admiro profundamente por su condición de renegados, por esa injusta fama que siempre se les ha atribuido ya desde los cuentos populares infantiles, por su obstinación y resistencia cuando quieren alcanzar un objetivo, por su paciencia en el momento de dar caza a una presa, por su ahínco en querer prevalecer pese a las adversidades. El lobo es, con mucho, de entre todos los animales, un hijo legítimo de la supervivencia; su sigilo y su templanza han logrado que, casi sin ayuda por parte del ser humano, vuelvan a resurgir en lugares de Europa donde ya se les consideraba prácticamente extintos, tras la brutal persecución que sufrieron en el continente -sobre todo, en Alemania-, mermando considerablemente su población y dejando muy reducido su número, siendo tal vez los Montes Cárpatos, en Europa Oriental, donde más cómodamente y sin problemas han vivido todos estos años, en relación más o menos cordial con el hombre. Por eso, cuando vi este libro me llamó tanto la atención la fuerza de su título y esa especie de hermosa contradicción u oxímoron que parece acarrear, además de resultarme poderosamente atractiva la sinopsis que pude leer en la contraportada, habiendo sido en mi juventud un lector tan voraz de los relatos y novelas de escritores como Jack London o Fenimore Cooper

Añadido a todo esto, se suma el que sea una autora, y no un autor, quien ha parido este intrigante thriller que bebe de la novela de aventuras. Me pareció muy interesante leer a una escritora que se decantaba por escribir sobre tramperos y parajes casi inaccesibles, un tipo de literatura que, por lo general, siempre ha estado asociada a escritores varones, de los denominados "aguerridos". El resultado, ya puedo decirlo, ha sido inmejorable. Sobre todo, tratándose de la primera novela de Stef Penney (Edimburgo, 1969), cuyo nombre siempre ha estado más asociado al cine que a la literatura, ya que es una directora de cine escocesa. Su enorme madurez narrativa abarca todo lo mejor de la literatura masculina y femenina: describe escenas de acción con la misma determinación con que lo haría cualquier reputado escritor de novelas de aventuras, y a ellas les suma la sensibilidad, carente de sentimentalismos baratos, y la inteligencia propias de esas escritoras que consiguen radiografiar el alma humana con una precisión fotográfica y que no caen en el error de convertir sus relatos en cruzadas particulares acerca de la desigualdad entre hombres y mujeres.

La ternura de los lobos nos traslada al siglo XIX, a Dove River, un poblado al nordeste de Canadá fundado por pioneros escoceses. Allí, poco antes de comenzar el cruento invierno, una mujer halla el cuerpo sin vida de Laurent Jammet, un trampero local, de origen francés, que ha sido asesinado. La Hudson Bay Company, empresa encargada de impartir justicia que ejerce el monopolio del lucrativo comercio de las pieles, se traslada allí para hacer sus pesquisas, teniendo como principales sospechosos del asesinato del trampero a un audaz rastreador mestizo y al hijo de la señora Ross, fugado desde el mismo momento en que ésta encuentra muerto a Laurent. Para mostrar la inocencia de su hijo, la mujer deberá emprender un duro viaje por la tundra nevada en compañía del rastreador, y durante el trayecto, a través de su propia voz, la señora Ross nos hará partícipes de su pasado en un manicomio y del idilio que tuvo con el director del centro psiquiátrico, de los sinsabores de su actual matrimonio y de las verdaderas razones que condujeron a huir a Francis, su hijo, muchacho retraído que siempre se sintió fuera de lugar en Dove River, entre hombres rudos acostumbrados a la acción.

El relato, escrito a dos voces -una omnisciente, objetiva, que relata los hechos sin involucrarse en ellos, y la otra, la de la señora Ross, más íntima y personal, que nos va acercando los rasgos más singulares de cada uno de los personajes de la novela-, es asombrosamente ameno, pese a la monotonía de los parajes nevados que describe, uno de los rasgos más meritorios de esta magnífica historia. Como anécdota a mencionar sobre la construcción de este libro, Stef Penney tuvo que documentarse sobre el Canadá de esa época en la biblioteca nacional de Londres, y no en el mismo país donde transcurre la novela, tal como era el deseo de la autora, por culpa de una crisis de agorafobia que sufrió mientras se encontraba escribiendo la historia. Debió resultar un arduo trabajo de determinación y estoicismo el obligarse a escribir sobre parajes inhóspitos, amplios y desiertos, albergando durante ese trance un miedo tan acérrimo a los espacios abiertos. 

Tramperos, rastreadores, raptos y fugas, indios mohawks y chippewas, lobos, el misticismo de la tundra nevada e inextinguible... En segundo plano, Stef Penney también trata en esta novela temas como el racismo o el acusado alcoholismo al que, incluso a día de hoy, se han visto inmersas las tribus de nativos norteamericanos, desde que iniciaran relaciones comerciales con el hombre blanco. La propuesta de su novela, valiente y bien trabajada, consiguió hacerse merecedora del codiciado Costa Book of the Year Award, además de consagrarla como una escritora de enorme valía, de la que sin  ningún tipo de duda ya estoy deseando volver a tener noticias.



Título: La ternura de los lobos

Autor: Stef Penney

Editorial: Salamandra

ISBN: 978-84-9838-375-1

Nº de páginas: 448




2 comentarios:

La Maga Lunera dijo...

Por tu reseña se nota que has disfrutado enormemente leyendo el libro, es curioso viendo la foto de la autora, con esa aparente fragilidad, que haya parido una novela tan dura (engañosas apariencias, como casi siempre). Para mi ha sido un placer poder disfrutar de ciertos pasajes a través de tu voz. TE AMO CON TODA MI ALMA, GRANDE!

Raúl Viso dijo...

Así es, he disfrutado mucho, y para mí ha supuesto un agradable descubrimiento. Tú sí que eres grande. TE AMO.