"Mis criaturas nacen de un largo rechazo."
PABLO NERUDA




















jueves, 21 de noviembre de 2013

Búscate un propósito, imbécil




Búscate un propósito, imbécil. Ya sabes, algo que hacer: coleccionar cromos, apuntarte a clases de baile o artes marciales, hacer crucifijos con pinzas para la ropa, sacar a tu abuela a pasear por las inmediaciones de la residencia de ancianos... no sé, algo que no te tenga desocupado, con demasiado tiempo para pensar en cómo joder al prójimo. No me creo que, entre todas las alternativas posibles de distracción y divertimento que ofrece la vida moderna, sólo seas capaz de andar planificando cómo hacer daño a los parroquianos que te rodean. Aunque quizá planificar es mucho decir; es muy probable que ni siquiera tu mente obtusa sea capaz de elaborar un plan para dañar a los demás, porque es sabido que hasta los villanos más despiadados que ha parido nuestra historia han necesitado cierto grado de inteligencia y algunas dosis de estilo, o de oratoria al menos, como Hitler, para desplegar su afán de fanatismo cerril. Y tú no eres inteligente, y ni siquiera malvado; sólo imbécil, aunque la imbecilidad demasiado prolongada a lo largo de los años acabe por desembocar en la maldad, una maldad idiotizada, que es la peor de las maldades. Así que escúchame bien, chaval, o chavala, o anónimo que anda insultando sin más en la red, sin formular una opinión, ni tan siquiera una crítica, tan sólo un insulto que no se sabe a qué ofensa atiende, con esa impunidad y esa valentía entrecomillada que otorga el alancear al toro desde detrás de la barrera: búscate un propósito, hazme caso; comprobarás, cuando te marques algún objetivo constructivo -acabar la colección de cromos, lograr la perfección en esa coreografía o esa patada, barnizar tu crucifijo con pinzas para la ropa, entrever la sonrisa de esa venerable anciana que hace un rato ni siquiera te reconocía...-, cómo la vida te abre nuevos horizontes, cómo todos los días no son iguales, y a lo mejor hasta comienza a apetecerte el levantarte de la cama, ver cómo los otros salen a la calle muy de mañana para ganar su pan, valorar el trabajo de los demás y no simplificarlo.

Lo primero es tratar de verse desde fuera, saber con precisión qué es lo que te gusta hacer o en qué cosas crees que eres bueno y podrías destacar. Ahí ya tienes un principio, una directriz a seguir. Por ejemplo, si eres el típico metepatas de garito al que le gusta buscar pelea, cubata en mano y empolvada la napia, podrías apuntarte a boxeo o artes marciales; lejos de lo que podrían creer otras personas, esa actividad no fomentaría tus ansias de violencia, sino que las aplacarían: el ejercicio te haría abandonar tus malos hábitos y tu exceso de energía no canalizada, aprenderías valores como el honor y la deportividad, sabrías en tu propio pellejo que hay tíos que dan más hostias en menos tiempo que tú, con más fuerza y más efectividad, haciendo que eso te bajara un poco los humos, y seguro que acabarías volviendo loca a alguna buena chica que te tranquilizaría y te haría recapacitar cuando tuvieses ganas de gresca en cualquier pub, a esa hora en que las calles parecen el escenario cutre de un holocausto zombie, y a lo mejor hasta llegarías a casarte, a tener churumbeles y a ser un hombre de provecho, o incluso un campeón olímpico. Si eres una choni, compulsiva mascadora de chicle y de ejercicios de arrodillamiento y succión a los jambos más chungos del barrio, en vez de andar fotografiándote delante del espejo del baño para colgar los atributos de tu escote en las redes sociales, podrías aprovechar ese tipín que te ha dado la genética yendo a estudiar, no faltando a clase para poder ir a la universidad, y estudiar idiomas, y por las tardes hacerte un book de fotos, apuntarte a una escuela donde te enseñen al menos a caminar con arte, y tal vez en el futuro puedas llegar a ser una modelo cotizada, no una de esas pedorras que dicen ser modelos y que en realidad son unas tiparracas que se han hecho famosas por tirarse a otro famoso que acabó siéndolo por tirarse, a su vez, a otra famosa que tampoco lo era en un principio, sino una top model, educada, ilustrada, inteligente, estilosa, guapa sin estridencias, que lo mismo sirve para desfilar por una pasarela, para hacer un papel de cine o para convertirse en empresaria de éxito con su escuela de modelos o su nueva línea de ropa.

En fin, son sólo dos ejemplos que tenía a mano, pero hay muchos más. Creo que el aprendizaje más indispensable que le he brindado a mi propia hija es no obligarla a ser lo que no quiere ser o, lo que es peor aún, obligarla a ser lo que yo quiero que sea o lo que a mí me gustaría haber sido y no pude. Abogada o albañil, lo mismo me da -eso es lo que la digo-, pero trata de ser la mejor en lo que tú elijas; hay muchas posibilidades de que no lo consigas, dado que, a pesar de tanto desocupado, también hay muchísimo talento por todas partes, pero al menos nadie podrá reprocharte nunca que no lo has intentado, que no has puesto todas tus ganas, tu pasión, tu disciplina, tu tiempo, tu vida en ello. Así que búscate un propósito, imbécil, porque a la larga las personas con propósitos acaban por ser las más respetadas. Búscatelo, hazte un favor a ti mismo, por friki que tú creas que sea, transformista, jugador profesional de petanca, coleccionista de tapones para recipientes, lo que sea: comprobarás las beldades de seguir una rutina, de valorar el trabajo de los demás y que éste te inspire o te motive para acabar el tuyo propio, y aprenderás a admirar, y a respetar, y a su vez a tener la hermosa responsabilidad de ser admirado y respetado, de no fallar a quienes han confiado en ti, de ayudar a otros que han empezado más tarde que tú, de querer ser un poco mejor cada día, de mirar atrás y ver tu ascensión a lo largo del tiempo, tu esfuerzo, tus logros.

 Atrévete a la valentía de cambiar de vida, de quitarte el disfraz, de rasgarte las vestiduras en pos de aquello en lo que crees. Combatirás con luz la oscuridad, como decía con otras palabras mi primo Bob Marley, después de subirse a un escenario tras haber sido disparado en un concierto anterior por un desocupado como tú, que no tenía otra cosa mejor que hacer que la idiotez de pagar una entrada para ver un concierto de un músico que no le gustaba, sólo para sacar un fusco y pegarle un tiro. Como quien se compra un libro de un autor que no le gusta, o pone la televisión pese a saber que no encontrará nada interesante hoy en la programación, con ese total absurdo de los idiotas como tú que navegan por la red para meterse en bitácoras que no le gustan solamente a insultar, ni siquiera a criticarlas, que para eso, por despiadada que sea la crítica, hace falta cierta capacidad de argumentación, sino sólo para escribir un par de insultos seguido de un emoticono de una cara sacando una lengua. Esta entrada es para ti, querido anormal de carrito. Te brindo estos consejos: léelos, al menos, aunque no los hagas caso, mientras alguien te da la papilla y te limpia la baba. 

2 comentarios:

La Maga Lunera dijo...

Pues ya lo sabes, amor, completamente de acuerdo. Cuanto mejoraría este pais, este mundo, si la gente, en general, se buscara un hobby, si alimentara su vida de alguna manera. Porque las vidas vacías llevan implicitas grandes dosis de envidia y rabia hacia el resto del mundo, y eso hace que no tengan mejor manera de pasar sus horas que jodiendo a los demás, o mejor dicho, mal jodiendo, porque como tú bien dices, para hacer daño u ofender, hace falta cierto grado de inteligencia y estilo, cosas ambas de las que carecen gran parte de la población. TE AMO CON TODA EL ALMA!

Raúl Viso dijo...

Amén. TE AMO, MI VIDA.