"Mis criaturas nacen de un largo rechazo."
PABLO NERUDA




















martes, 3 de septiembre de 2013

"Los libros arden mal", de Manuel Rivas




Primera y grata, aunque extraña, incursión que hago en la obra de Manuel Rivas (A Coruña, 24 de octubre de 1957), autor del que no conocía nada, a excepción de esa adaptación al cine de uno de sus relatos, La lengua de las mariposas. Reconozco que, a veces, mi forma de escoger lecturas es algo aleatoria e incluso infantil, y cuando doy con un libro de un autor que no conozco (o que conozco pero no puede darme garantías de una plena satisfacción leyéndolo) suelo dejarme convencer si la sonoridad de su título me resulta agradable al oído, si me sugiere imágenes o si hay algo en él con lo que pueda llegar a identificarme de alguna manera. Trabajé durante algunos años como jefe de equipo en un almacén perteneciente al Grupo Planeta, distribuidor líder en España que repartía novedades editoriales a las más importantes librerías y grandes superficies del país, y entre las múltiples tareas que desempeñaba estaba también la de cuidar e inculcar el cuidado de que los libros no sufrieran desperfectos; eso, y el dócil e inofensivo pirómano que me habita dentro -me encanta el fuego, hasta el punto de que puedo pasar horas mirándolo, completamente hechizado-, me hicieron saber hace mucho tiempo que los libros, efectivamente, arden mal. Ya lo sabía cuando me largaron de esa empresa de malas maneras, al comienzo de la crisis, y ese pueril conocimiento me hizo desistir de darle candela a las instalaciones, un acto de conmiseración que tuvo que ver más con el respeto que siento hacia la literatura que el que le guardaba a los puteros de mis jefes. De ahí que el título de esta novela me fascinase en el acto. 

Bromas aparte, este título tan contundente como poético es una magnífica presentación del contenido de la novela, que remarca la censura como eje principal de las numerosas historias que van ramificándose en sus páginas, convergiendo entre sí y dando lugar a humildes testimonios acerca de un capítulo oscuro de la historia de nuestro país. De hecho, esta historia de historias arranca con una espeluznante escena, tanto más horrible por lo veraz e histórico que hay en ella. Dársena de A Coruña, 19 de agosto de 1936, un mes después del estallido de la Guerra Civil. Un nutrido grupo de falangistas efectúa el saludo fascista, reunido frente a una hoguera. En ella arden los libros, se alimentan las llamas con siglos de reflexión y creación. Es la misma madrugada en que son asesinados Federico García Lorca y el editor gallego Ánxel Casal, y el fuego censor es vitoreado por la satisfacción de unos y maldecido en silencio por el desencanto de otros. Con este inicio, Manuel Rivas comienza a desplegar un cuantioso elenco de personajes, entre los que destacan el gigantesco y bonachón Curtis, alias Hércules, nueva promesa del boxeo; su mentor Arturo Da Silva, sabio campeón de Galicia cuya pericia en ese deporte no le impide tener muy presente que, a menudo, suele ser más efectivo el gancho de un libro que el de los puños; Ó, la lavandera soñadora que ve peligrar su profesión con la llegada de las nuevas tecnologías; el impertérrito juez Samos, ultraconservador coleccionista de biblias; Chelo Vidal, pintora esposa del juez, al que traicionará; Gabriel, hijo de ambos, amedrentado por el autoritarismo de su padre y cuya convivencia con las palabras será tortuosa y placentera a un mismo tiempo... Entre otros muchos.

La de esta novela quizá haya sido una de las lecturas más difíciles a las que me he enfrentado en lo que va de año, y no porque el estilo de Rivas sea enrevesado ni pomposo. Muy al contrario, su forma de narrar es sencilla, llana, accesible; aunque me consta que las comparaciones, por lo general, suelen ser despectivas, su prosa me recuerda a la de Ignacio Martínez de Pisón, pero armada con una sutil ironía de la que carece la manera de escribir historias del autor maño. Lo complicado de esta lectura han sido los constantes saltos temporales, las múltiples referencias de la tierra natal del escritor, el prolijo reparto de sus numerosos personajes, cuyas historias y vivencias se cruzan entre sí para componer un ambicioso mosaico. Tampoco ha ayudado a amenizar la lectura la forma de puntuar del escritor gallego, su predilección por las frases cortas y concisas y los párrafos escuetos, plagados de puntos seguidos, que me ha parecido una forma de ralentizar en demasía la historia para una novela que cuenta con casi seiscientas páginas. Aun así y con todo, sus metáforas me parecen de las más originales que uno pueda encontrar en la narrativa española actual, además de lograr un libro que no apoya su peso en el mero entretenimiento, sino que ilustra, que obliga al lector a consultar otros libros y lo abruma con conocimientos de mitología, historia y otros ámbitos.

Tengo muy claro que habrá relectura de esta novela y que volveré a acudir a este autor para asomarme un poco más a su obra, aunque con calma, sin prisas, sabiendo ya del enorme potencial que posee para hacerse un asiduo de mi biblioteca personal, donde los libros que arden lo hacen por la admiración de quien los abre, los consulta y los disfruta, y no por un ejercicio feroz de censura que durante muchos años avergonzó a un enorme sector de la sociedad española, tal como ocurre en esta historia, no por ambiciosa menos humilde.



Título: Los libros arden mal

Autor: Manuel Rivas

Editorial: Círculo de Lectores

ISBN: 978-84-672-2300-2

Nº de páginas: 587 

2 comentarios:

La Maga Lunera dijo...

De los vistazos que le he echado, no he podido enterarme de mucho, pero si se que a pesar de su grosor, y quizá, ritmo lento, te ha enseñado muchas cosas que he tenido el placer de que compartieras conmigo. Ya te dejaré sus libros de relatos, a ver que te parecen. TE AMO.

Raúl Viso dijo...

Muchas, muchas cosas. Ha sido muy interesante su lectura, aunque sospecho que necesitaría una segunda para sacarle todo el partido necesario a esta novela.

TE AMO.