"Mis criaturas nacen de un largo rechazo."
PABLO NERUDA




















jueves, 12 de septiembre de 2013

"Hablar solos", de Andrés Neuman




Cuando uno se asoma a la vida de un joven escritor que, pese a su edad, disfruta de una trayectoria literaria tan inquebrantablemente sólida, prolífica, fructífera y exitosa, tiende en primer lugar a desconfiar de esas virtudes que tanto celebran público y crítica, y en segundo, a desarrollar hacia él un extraño sentimiento a caballo entre la admiración y la envidia. Prejuicios, aunque los tengo como todo el mundo, siempre he gastado pocos (y cada vez menos; sobre todo, en materia de literatura); de modo que, cuando me sale al paso un escritor de la talla de Andrés Neuman (Buenos Aires, 28 de enero de 1977), en vez de andar a la gresca preguntándome a qué se debe su éxito, simplemente comienzo a leerlo para hallar esas respuestas en la ejemplaridad de su obra. Es algo que recomiendo fervientemente a esos blogueros aprendices de escritor que han convertido sus bitácoras en cruzadas en contra de todo lo que huele a best-seller o de algunos géneros en concreto, ignorando en suma que no hay géneros, temáticas ni éxitos de ventas desdeñables, sino autores mediocres. Ocurre lo mismo en la música, cuando una banda o un compositor ofendido y soberbio, al percatarse de que no entra en la lista de los más vendidos o escuchados, desdeña altaneramente las multinacionales y se declara, a mucha honra, independiente, una manera de disfrazar tal vez su impericia, aunque hay una notable diferencia entre ser independiente y que no te quede más cojones que serlo, porque no te escucha ni tu padre.

Neuman tiene razones de sobra para estar donde está, y su enorme talento, que en la página escrita se va revelando de a poco, progresivamente a medida que uno avanza en sus textos, de una manera tan sutil como efectiva, como si no costara esfuerzo, con esa cualidad pasmosa que tiene el verdadero talento de hacer parecer fácil lo que en realidad es muy difícil de lograr, se ha merecido con creces el favor de la crítica y los numerosos galardones que ha cosechado en casi todos los géneros literarios con los que se ha atrevido. Premio de Poesía Joven "Antonio Carvajal", por Métodos de la noche (1998); finalista del XVII certamen del Premio Herralde de novela, por Bariloche (1999), y nuevamente finalista en su XXI edición, por la novela Una vez Argentina (2003); Premio Federico García Lorca de poesía, por Alfileres de luz (1999); XVII Premio Hiperión de poesía, por El tobogán; finalista del VI Premio Primavera de novela, por La vida en las ventanas; XII Premio Alfaguara de Novela, por El viajero del siglo (2009); LIV Premio de la Crítica de narrativa castellana, por El viajero del siglo (2010); IV Premio La Tormenta en un vaso al mejor libro del año, nuevamente por El viajero del siglo (2010); finalista del XVII Premio Rómulo Gallegos a la mejor novela en lengua española del bienio, otra vez por El viajero del siglo (2011). Además, fue seleccionado por la revista británica Granta como uno de los mejores veintidós jóvenes escritores en lengua española, trabaja para medios de comunicación españoles y argentinos, como el diario ABC o la Revista Ñ del diario argentino Clarín, fue guionista de tiras cómicas en el diario Ideal de Granada y escribe regularmente en su blog personal, Microrréplicas.

Lejos ya de interesarnos por su currículum, vamos a abordar de una vez el libro que aquí nos ocupa, Hablar solos, breve aunque intensísima novela que se deja leer de corrido, que va abriéndose paulatinamente al lector, con esa sutilidad propia de los preliminares en un acto sexual, para acabar desembocando en un torrente de sensaciones entre las que no faltan esa emoción que nos pone un incómodo nudo en la garganta y nos hace ir a escondernos para que nadie vea el afloramiento de las lágrimas a nuestros ojos. Tantas ganas tenía de leerla, y tan bien se deja leer, que devoré este libro ayer mismo, en algo más de dos horas. Después de ese transcurso de tiempo, cerré el libro tragando saliva, con un asomo de llanto a mi cara. Ternura y crudeza se beben en un solo trago en esta novela, amor inmaculado y sordidez, vida y muerte a un solo paso, traición y lealtad inamovible, inquebrantable, en una misma impostura; la propuesta de este magnífico libro, como ocurre con las voluntades más humanas, está llena de contradicciones, de errores, de culpas, pero se explican con voces tan propias y argumentos tan bien edificados que pareciera que, con tiempo y distancia, puedan llegar a convertirse en aciertos. Tanto es así, que a este autor hispano-argentino se le pueden perdonar, incluso, algunos tópicos -pocos, muy pocos, no se me asusten- en los que cae sobre el matrimonio o el hombre y la mujer.

Historia a tres voces, tratada desde tres perspectivas diferentes: la de Mario, padre de familia protector y leal como un mastín que, acuciado por una enfermedad terminal, decide grabarle unas cintas a su hijo Lito explicándole los avatares de su vida y el motivo de su despedida; la de Lito, niño imaginativo y competitivo, que rebosa de entusiasmo por el viaje de carretera que ha emprendido a solas con su padre, ignorando que esa aventura, tan pueril en verdad pero tan importante para ellos, es el último homenaje que Mario podrá hacerle a su hijo; la de Elena (tal vez la más inteligente de los tres personajes, pero también la más disoluta), esposa de Mario y madre de Lito, profesora de literatura, que irá desentrañando, mediante un diario personal, la terrible enfermedad de su marido y el desamparo al que será sometido su hijo, plagando la historia de magníficas disquisiciones -acertadas o no, pero en suma inteligentísimas- acerca de los cuidados que necesitan los cuidadores de un enfermo, del lenitivo de la lectura y del íntimo nexo de unión que existe entre la muerte y el sexo, y que le servirán como justificación para la imperdonable infidelidad que ha cometido con Ezequiel, el propio médico que está tratando la enfermedad terminal de su marido. 

Tras la lectura de esta novela, Andrés Neuman se ha convertido en uno de esos escritores que me han despertado las ganas por leer todo cuanto hayan escrito. Hablar solos atrae y asusta, te provoca la ternura y el rechazo, te saca la risa o te emociona, te devuelve la sonrisa y te hace llorar, te instaura en la vida después de haberte provocado la muerte. Tal como se supone que debe sentir una mujer un buen, prolongado y sincero orgasmo. 




Título: Hablar solos

Autor: Andrés Neuman

Editorial: Punto de Lectura

ISBN: 978-84-663-2748-0

Nº de páginas: 192

2 comentarios:

La Maga Lunera dijo...

Grandiosa reseña, invita a leer no solo este libro, sino a seguir férreamente la trayectoria de este escritor.Sin duda, lo leeré. Te AMO, VIDA MÍA.

Raúl Viso dijo...

Creo fehecientemente que te encantaría, mi vida. Y conociendo tu agilidad lectora, lo devorarías de inmediato. TE AMO CON TODA MI ALMA.