"Mis criaturas nacen de un largo rechazo."
PABLO NERUDA




















martes, 13 de agosto de 2013

"Santuario", de William Faulkner




Resulta cuanto menos curioso que una novela como esta, concebida en su día con el único propósito de ganar dinero, sea considerada hoy como una de las mejores obras de su autor y, además, un hito en el desarrollo de la novela contemporánea. Sin embargo, no es de extrañar que William Faulkner (New Albany, Misisipi, 25 de septiembre de 1897 - Byhalia, 6 de julio de 1962) obtuviera ese logro sin proponérselo, teniendo en cuenta la férrea disciplina que guardaba para con la escritura: podía pasarse tres y cuatro horas bebiendo bourbon todas las noches, acostarse borracho, y aun así estar ya escribiendo a las ocho de la mañana hasta el mediodía, comer a las doce, y tras la comida seguir escribiendo hasta las cuatro de la tarde. 

Leyendas aparte, sean ciertas o no, la capacidad fabuladora de Faulkner -en realidad, Falkner; más tarde añadiría la u que uno de sus antepasados eliminó del apellido por desavenencias con otra rama de la familia- estaba espoleada por numerosas historias y anécdotas que había oído en boca de familiares y conocidos. Con todo ello, más su imaginación, el autor sureño levantó de la nada el ficticio condado de Yoknapatawpha, escenario principal de sus obras más emblemáticas y laureadas. Para prueba, un botón: precisamente uno de los personajes principales de esta novela, el duro y repulsivo Popeye, está basado en un personaje real que utilizaba el mismo apodo. Una noche, tomando una copa con un acompañante, se les unió una chica que les hizo algunas confidencias. Nacida en un pueblo de Tenessee, durante su juventud se había trasladado a Memphis, donde muy pronto se vio asociada a un joven gángster, un individuo llamado Neal Kerens Pumphrey que atendía al apodo de Popeye ("ojos saltones"). Pese a su aparente virilidad, de este maleante se decía que era impotente y que para poder consumar sus relaciones sexuales utilizaba todo tipo de objetos extraños con las mujeres, hasta el punto de que violó a una con un objeto especialmente sorprendente y había mantenido a la joven secuestrada en un lupanar durante varios meses. Con todo esto, Faulkner escribiría un relato breve titulado The big shot, en el que desarrolló un primer esbozo del sórdido personaje protagonista de Santuario.

Con una entramada galería de personajes pintorescos, entre los que se cuentan el abogado Horace Benbow, la víctima -no del todo inocente- Temple Drake y el ya citado Popeye, cuyas vidas se cruzan entre sí con actos terribles, William Faulkner profundiza en los aspectos más sombríos y repulsivos del alma humana. Contrabando de alcohol, prostitución, asesinato, hipocresía, malas artes..., elementos que, en su combinación, conforman una compleja bomba de relojería dispuesta a estallar y corromper cualquier vestigio de moralidad en una región donde ni los senadores -noticia fresca, tratándose de políticos- están limpios. 

Lo más meritorio a destacar en esta novela, a mi parecer, es el buen gusto con que el autor acomete ciertas partes que podrían herir la sensibilidad de algunos lectores, como las violaciones, donde omite información justo en el momento oportuno y sólo sugiere, de una forma inteligente en suma, en vez de contar y describir con todo lujo de detalles, recurso que hubiera sido el más fácil y cómodo para un escritor de menos talento. Santuario es una novela dura, violenta, implacable, donde Faulkner desarrolla una fidedigna radiografía del alma humana y de las trapacerías a las que puede entregarse con vehemencia, a la manera magistral en que lo hacía John Steinbeck, aunque sin caer en su mismo sentimentalismo. Hay autores que, nos gusten o no, deben estar en una biblioteca que se precie como tal, y William Faulkner, sin rastro de duda, es uno de ellos.



Título: Santuario

Autor: William Faulkner

Editorial: Espasa

ISBN: 978-84-670-2577-4

Nº de páginas: 293

4 comentarios:

La Maga Lunera dijo...

Muy buena reseña, parece muy interesante. TE AMO.

El infierno de Barbusse dijo...

Amigo Raúl, yo ahora estoy leyendo Santuario, y me está pareciendo abismal. Coincido contigo en (todo) lo que comentas.

Un saludo.

P.D. ¿Quién es el traductor de esa edición de Autral? Y ¿qué te ha parecido la traducción?

Raúl Viso dijo...

Gracias, mi niña. TE AMO.

Raúl Viso dijo...

Hola, Barbusse.

No te sé decir, aunque lo he buscado. Hay un prólogo magnífico de Javier Coy, pero ignoro si él también será el autor de la traducción. A mi parecer es una traducción buena y, además, cuenta con la garantía de Austral, que como seguro sabes es una colección que siempre gusta de poner anotaciones a pie de página para ilustrar a los lectores de los autores y obras que lee.

Muchas gracias, saludos.