"Mis criaturas nacen de un largo rechazo."
PABLO NERUDA




















jueves, 18 de julio de 2013

Hoja de ruta




Está la noche perfecta en su quietud. Abre esclusas invisibles el verano a la esperanza, y la fragancia conciliadora a ozono que penetra en el habitáculo del coche a través de la ventanilla abierta viene a ser una carta de presentación de esa tormenta que he divisado por casualidad en el horizonte. En este preciso instante me gustaría sentir tu mano cerca de la mía, posada en el pomo de la palanca de cambios o refugiada en la cálida bisectriz de tu entrepierna, que me pidieras que acelere para ir a su encuentro, para acumular kilómetros en nuestro contador y atrapar esa luz eléctrica que estalla en la distancia con el color de tus ojos. Quién cazase un relámpago para ti, un haz de belleza fulmínea que pudiera desintegrar tu tristeza; quién pudiese desbastar el trueno y el relámpago, hacerlos herramienta para pulir con ellos un espejo fidedigno en el que pudieras reflejarte vista por mis ojos… Hay deidades atrapadas en mármoles y granitos opacos que no son conscientes de esa mirada absorta que les admira desde fuera de sí mismas.

Yo conduzco, conduzco, sereno, calmo, escucho esas canciones en que solemos reconocernos, atestiguo el sueño vetusto de los pueblos dormidos a ambos lados de la Autovía del Nordeste, comparto vocación con esos camioneros a los que adelanto, con esos dependientes que presienten el decurso del amanecer tras la modorra y las cristaleras de las estaciones de servicio abiertas toda la noche. Poética del cuentakilómetros, retrospectiva hacia el nómada que todos fuimos. Pero el mío es un trayecto de poca duración, de apenas veinticinco kilómetros: un viaje demasiado corto para soñar el mar tras la próxima curva; un viaje demasiado largo si en el camino interceden el cansancio, el sueño, la distracción, la imprudencia, la temeridad. El mar tras la próxima curva… Precisamente acabo de pasar el desvío hacia Meco, que antaño se creía que era la población de la península más alejada de la costa. Hoy sabemos que no, que la población más alejada de la costa está en Toledo, pero eso no reduce mis ansias de prometerte el mar y revalorizar, durante el viaje, ese fuego que estalla en el horizonte.

Al menos, en mi presente colisiona la certeza de saber que ya nunca más conduciré solo. Te siento a mi lado, pidiéndome precaución al volante, ofreciéndome agua o encendiéndome un cigarrillo, esa mirada por la que se iniciaron guerras en la Historia prendida de la noche en la autopista, recorriendo ciudades de paso, tal vez rogando tierra de promisión al cabo de un fin de destino. Tus ojos ya son mi hoja de ruta; hay una línea roja trazando estelas en tu pecho, nominando campos, estepas, poblaciones, montañas, bahías que esperan sentirte enamorada, calles solitarias y recién lavadas al amanecer que esperan tu primer paso al bajar del coche, mientras yo espero que me pidas que te lleve el equipaje, que me des la mano, que me enseñes el mar por vez primera, porque ya no lo recuerdo antes de ti.




3 comentarios:

La Maga Lunera dijo...

Cada paso dado a tu lado es un viaje lleno de cosas maravillosas, cada mirada perdida en tu piel es un crucero, cada beso es volar...Leerte es trasladarme hasta tus brazos. Gracias por tanto, eres lo mejor de mi vida, lo mejor de mi. TE AMO CON TODA MI ALMA, SIEMPRE A TU LADO, AMOR DE MI VIDA.

Raúl Viso dijo...

TE AMO, MI NIÑA.

Lourdes dijo...

¡Muy bonito el post! Un abrazo.