"Mis criaturas nacen de un largo rechazo."
PABLO NERUDA




















miércoles, 17 de julio de 2013

"El hombre duplicado", de José Saramago




A cada nueva lectura de su obra, José Saramago (Azinhaga, Santarém, Portugal, 16 de noviembre de 1922 - Tías, Lanzarote, España, 18 de junio de 2010) no hace sino confirmarme que él es el autor predilecto al que hay que recurrir cuando lo que se busca en literatura es una originalidad a rabiar y un prisma diferente desde el que disfrutar de una visión novedosa de los lugares comunes que, normalmente, habita el ser humano en su cotidianidad. Y es que el autor portugués tenía -tiene, estando tan viva su obra- la prodigiosa virtud de tallar el carbón hasta convertirlo en diamante, de tratar los refranes más manidos y trillados del sentir popular y dotarles de un sentido insospechado, genuino, así como de ofrecer nuevas aportaciones a temáticas que ya han sido muy usadas en la historia de la literatura.

Así ocurre con esta novela. No es nuevo el tema de los dobles y los impostores en literatura; numerosos antecedentes -por citar sólo a algunos, remitiré al lector a relatos como William Wilson, de Edgar A. Poe, o El otro, del maestro Borges- corroboran que es una temática que da mucho juego y ofrece infinitas posibilidades y satisfacciones para quien, recurriendo a ella, decide escribir una historia. Saramago nos la presenta entre estas páginas de una manera que no por más mundana es menos enigmática, aportando ese sello tan personal a que nos tiene acostumbrados el cómputo de su magnífica obra. Hay quien afirma que odiamos a aquéllos que más se parecen a nosotros, y en esta novela ésa parece ser una verdad incontestable y brutal, tanto más inquietante y opresiva cuando nuestra más terrible némesis es un calco de nosotros mismos, dispuesta a destruirnos para que no existan dos seres iguales en el universo conocido.

Tertuliano Máximo Afonso, profesor de Historia que no vive sus días de más bonanza, hombre en parte acomplejado por su ridículo nombre, cansado de las insatisfacciones de su oficio e incapaz de atreverse a comenzar una vida en común con su novia por los traumas que arrastra de su divorcio, siente de repente peligrar toda su existencia al visionar una película de videoclub que le ha recomendado un colega de profesión. En ella aparece Daniel Santa-Clara, actor secundario que es, de un modo más perfecto aún que si se tratase de un gemelo, la viva imagen del depresivo profesor. Atormentado por la presencia en el mundo de ese actor desconocido pero tan prolijo, Tertuliano decide seguir su trayectoria y realizar una serie de pesquisas hasta lograr contactar con él. Lejos de aclarar dudas, la toma de contacto sólo servirá para despertar una absurda rivalidad que traerá nefastas consecuencias en la vida de ambos y en la de las personas que les rodean.

Como de costumbre, a Saramago no se le escapa ni el más mínimo detalle que pudiera arriesgar la historia a resultar inverosímil, cuidando meticulosamente de atar cualquier cabo, aunque sería de justicia advertir al lector de que esta novela pudiera haberse escrito con la mitad de páginas, y que sólo es a partir de su meridiano cuando realmente se despierta el interés por las visicitudes del abúlico profesor de Historia. Hay infinitas disertaciones que el autor podría haberse ahorrado, aunque sin temor a equivocarme puedo afirmar que el desenlace, crudo y tierno a un mismo tiempo, donde resulta muy difícil demarcar la frontera entre destrucción y salvación, no puede ser más redondo e inusitado y sorprenderá incluso a los lectores más impasibles. Definitivamente, José Saramago, una vez más, lo ha vuelto a conseguir.


2 comentarios:

La Maga Lunera dijo...

Haces que tenga ganas de leerme casi cada libro que cae en tus manos. Grande Saramago, y grande tu. TE AMO.

Raúl Viso dijo...

Tú sí que eres grande. La mayor satisfacción que haya podido darme nunca este autor es la certeza de saber que siempre te tendré presente cada vez que lo lea, ya que lo descubrí a tu lado. TE AMO, MI DEIDAD.