"Mis criaturas nacen de un largo rechazo."
PABLO NERUDA




















miércoles, 24 de julio de 2013

Custodia compartida




No hay formas de consenso ideales, y eso es algo que deberían saber las asociaciones de padres y madres y las expertas feministas -así lo pone en un titular, aunque a mí me gustaría que alguien me explicase qué es ser una "experta" feminista- que han criticado el proyecto de ley que ha presentado Alberto Ruiz Gallardón, contemplando una reforma del Código Civil que equipare la custodia compartida a la monoparental en los casos de separación o divorcio. Lo ideal sería poder alejarte de aquella persona con la que no quieres estar sin que tus hijos se conviertan en moneda de cambio o arma arrojadiza; lo ideal sería dejar de sentir amor, y que el despecho de la persona de la que te has desenamorado no se extienda como un cáncer y convierta tu vida en un infierno, conminada al chantaje, el acoso y el derribo (los mismos elementos que son tan condenables en el maltratador, si es varón); lo ideal sería que el menor pudiera ejercer su pleno y universal derecho a querer disfrutar tanto de su madre como de su padre; lo ideal es que el cónyuge que tiene la guardia y custodia del menor no use ese privilegio para manipular los sentimientos de su hijo, adoctrinándolo y usándolo de perro de presa contra el desalmado o la desalmada que le abandonó; lo ideal sería que un proceso de separación o divorcio no se convierta en un rentable negocio. Pero lo ideal es relativo, y para las "expertas" feministas lo ideal sería que las leyes continuaran como hasta ahora, y así poder seguir disfrutando del monopolio del pastel.

Y es que ya sienten peligrar su imperio, aunque esta reforma de ley tampoco sea del completo agrado de los hombres separados o divorciados. Es sólo un arribo a alcanzar esa verdadera igualdad que nada tiene que ver con la que nos han vendido hasta ahora, en la que el hombre está capacitado para compartir las tareas del hogar pero, contradictoriamente, no para cuidar de sus hijos, aunque sí pueda cambiar pañales y dar biberones a horas intempestivas si vive bajo el mismo techo que la mujer, y en la que sólo se contempla y reconoce la paternidad si se tiene una opulenta cartera y no mete demasiado las narices en la educación y el bienestar de los hijos, delegando esas decisiones a su ex pareja. La última palabra la tendrá el juez que lleve el proceso de separación, y los hombres que hemos vivido, vivimos y viviremos bajo el yugo de nuestras ex mujeres, arriesgándonos además a ganarnos inmerecidamente el desprecio de nuestros hijos, sospechamos que todavía se encontrarán maniatados por el correctismo político y por esos complejos que arrastramos en este país, donde siempre actuamos con el miedo al qué dirán. Según los últimos datos, sólo el 12% de las custodias que se dictan en España son compartidas, mientras que en el 81% de los casos se asigna el cuidado a las madres y se establece un régimen de visitas para los padres. Muchas de las madres que gozan de la custodia monoparental saben que los hijos -nunca mejor dicho- vienen con un pan debajo del brazo. Y con una casa, y con un coche, y con una cuantiosa pensión alimenticia que sufraga con mucho las necesidades y gastos del menor. Pero ellas alegan que es una compensación por renunciar al ascenso laboral por cuidar de sus hijos -no se puede tener todo, al igual que no hay formas de consenso ideales, y en todo caso esa lucha deberían dirigirla contra las empresas y no contra los padres de sus hijos- y que dictar custodias compartidas puede traer infinitos problemas al menor. Se les olvidó citar, quizá, que casi tantos como los causados de no poder disfrutar de esa figura de protección que es un padre, y que el hombre no solicita compensación ninguna por cuidar de su familia: la compensación es la propia satisfacción de saber que tu familia está siendo cuidada por ti. 

Habría que revisar cada caso individualmente, pero las "expertas" feministas exigen que la custodia compartida sea concedida solamente en el caso de estar de acuerdo las dos partes, eso sí, sin mencionar que son ellas habitualmente las que se niegan a que haya acuerdo, en muchas ocasiones conminadas por sus propios abogados a denunciar falsamente y así sacar mayores beneficios del proceso. Claro, lo ideal sería un acuerdo por ambas partes, muacks, muacks, que te vaya muy bonito y que seas muy feliz con Benito, y tú a Cádiz y yo a California de vacaciones, en julio el nene para ti y en agosto la nena para mí, y mucha foto familiar en la playa, haciendo castillos en la arena con tus hijos. Pero saben de sobra que los acuerdos no ceden casas, ni coches, ni pagan la mitad de la hipoteca de la vivienda común que sólo ellas disfrutan, ni dan pensiones alimenticias, ni les aseguran lealtades ciegas que ellas mismas imponen a sus hijos. Los acuerdos impiden que sean ellas quienes elijan a qué colegio deben ir sus hijos, qué comer, con quién deben juntarse, impiden dictaminar cuál es la abuela buena y cuál la mala, impiden mentir sobre los padres porque los menores pueden contrastar de propia mano lo que sus madres han dicho de ellos. En definitiva, impiden tener ese comportamiento tiránico que poseyó el hombre durante mucho tiempo y que ahora es de su absoluta competencia, viniendo a convertirse en algo parecido a esos vigilantes judíos asignados por los nazis para controlar a otros judíos y denunciarlos al Reich. No sirvas a quien sirvió ni pidas a quien pidió, decía mi abuelo. El machismo tiene ahora pechos, y vagina, y se viste de Prada, aunque ellas se hagan llamar "expertas" feministas. 

2 comentarios:

La Maga Lunera dijo...

Creo que aunque poco a poco, las cosas están cambiando, y tú me enseñaste que lo más importante es no dejar de luchar, por muchas puertas que te cierren en la cara. Ojalá todo se ponga en su sitio y se valore, como debe valorarse, la importancia de la figura del padre, porque es cierto que madre no hay más que una, pero padre, tampoco. TE AMO .

Raúl Viso dijo...

Me cuesta creerlo, la verdad. Lo de dulcificar y maquillar se les da muy bien a los políticos para tratar de agradar al máximo número de votantes posible, pero los complejos, la demagogia y el miedo a que nos tilden de esto o lo otro es algo muy arraigado en este país. No se van a dar custodias compartidas como primerísima opción, que sería lo ideal salvo en caso de maltratos, adicciones, agresiones sexuales, etcétera, o en esos casos en que un cónyuge vive demasiado lejos del otro; la última palabra la tendrán los jueces, y se cuidarán mucho de que no les tilden de fascistas o machistas. Además, mientras no se instaure otra vez la presunción de inocencia en las denuncias de maltrato, y se compruebe la veracidad de dichas denuncias, las feministas y las listas aún tendrán de dónde tirar para seguir disfrutando de custodias monoparentales. TE AMO.