"Mis criaturas nacen de un largo rechazo."
PABLO NERUDA




















miércoles, 24 de abril de 2013

"Las intermitencias de la muerte", de José Saramago




Cada vez que cae entre mis manos un libro de José Saramago (Azinhaga, Santarém, Portugal, 16 de noviembre de 1922 - Tías, Lanzarote, España, 18 de junio de 2010), no puedo evitar tirarme de los pelos por la imperdonable torpeza de no haberme acercado antes a su obra. En un mundo donde ya está todo dicho, donde ya se han tocado todas las historias habidas y por haber, todos los géneros literarios, todas las temáticas, el portugués se eleva por encima del resto y nos lega una originalidad que, además, es capaz de sostener con magistralidad literaria, con un dominio meticuloso de la palabra escrita, hasta el punto de tornar como nuevos los lugares comunes más oídos, los tópicos al uso, las frases manidas y trilladas, los dichos populares, otorgándoles una frescura de significado como si él mismo los acabase de crear de su propia pluma. 

Las intermitencias de la muerte, segunda novela que leo del autor, no hace sino confirmar lo que ya sintiera leyendo Ensayo sobre la ceguera, reseñada también en esta bitácora. Si ya es bastante difícil -por no decir imposible- ser original al escoger un tema sobre el que escribir, el mérito se duplica cuando esa originalidad se sostiene con coherencia, cuando el argumento va fluyendo de una manera tan aparentemente natural que podríamos creer que la historia, por increíble que resulte, puede llegar a suceder en verdad. De lo contrario, la originalidad puede transformarse, automáticamente, en inverosimilitud, y ya se sabe que la inverosimilitud, llevada a la literatura, bien puede traducirse en mediocridad. Al fin y al cabo, el objetivo del farsante que, en última instancia, es cualquier escritor, es precisamente el de hacer verosímiles sus historias y que el lector las sienta como suyas. 

En un país cuyo nombre no es mencionado en ningún momento, la muerte abandona sus funciones y la gente deja de morir. Esto, que en un principio desata la euforia colectiva, acaba por resultar un problema gravísimo, una crisis de primera orden: la muerte ha dejado de actuar, pero el tiempo no se ha detenido y los habitantes del país están condenados a una vejez eterna. Muy pronto, los recursos no serán suficientes para todos: la gente no muere, el índice de natalidad sigue creciendo sin ser contrarrestado por un índice de mortandad, los viejos acaban por ser un estorbo, la economía no tardará en verse gravemente mermada por la caída de gremios como el de la sanidad, las residencias de ancianos, las funerarias, los seguros de decesos, y hasta la Iglesia Católica verá peligrar su imperio, contando con que, sin el recurso de la muerte y el chantaje de ofrecer una vida eterna después de ésta, la religión ya no existe. El gobierno tendrá que tomar medidas poco ortodoxas, hasta el punto de sobrepasar ilegalmente los límites territoriales con los países colindantes e incluso contratar a la propia mafia para forzar a la muerte a que actúe de nuevo. Hasta que un día, la muerte decide retomar sus funciones...

Hay, aunque en ningún momento el libro se secciona, dos partes muy claras en esta novela. En la primera, Saramago aborda el debate sobre hasta qué punto una sed de eternidad acaba resultando nociva para cualquier ser vivo, y para ello despliega magistralmente con su pluma toda la cadena de acontecimientos nefastos a la que una población puede verse sometida en caso de no morir nunca. Esta primera parte parece escrita en clave de crónica periodística, de un modo objetivo, imparcial, en la que no hay personajes individuales con los que el lector pueda confraternizar y sentirse allegado, sino tan sólo la masa, la población que no muere, y lo más meritorio de ella es cómo describe magistralmente las incidencias que van ocurriendo en esa nación, sin dejar ningún cabo suelto, sin que se le escape el más mínimo pormenor ni la más ínfima consecuencia que acarree el no morir nunca. En la segunda, dos personajes sólidos, un músico y la propia muerte hecha carne y hueso, ente humano, nos darán las claves del porqué del abandono de las funciones de ésta última. Reconozco que, al principio de bifurcarse la narración, comencé a sentir que la historia iba perdiendo veracidad; no me gustaba la muerte convertida en personaje principal, en individuo. Pero, ya luego, el desarrollo de su historia personal enfrentado al desarrollo de la historia del país donde no muere nadie, y un desenlace tan tierno como inesperado, hacen que la trama se cierre perfectamente, sin dejar tras de sí ningún cabo suelto.

Hay autores con los que uno se entretiene, y otros, los menos, con los que, además de disfrutar de buenos ratos lectores, se aprende. José Saramago, para mí, ha pasado a engrosar la lista de esos escritores a los que me gustaría parecerme. Su prosa abigarrada y densa al servicio de la originalidad, da garantías de una obra de peso, meticulosamente elaborada, para satisfacer a esos lectores más exquisitos. La muerte actuará siempre, más por fortuna que por desgracia; pero Saramago seguirá siendo igualmente eterno.


Título: Las intermitencias de la muerte (Cuarta edición: julio de 2010)

Autor: José Saramago

Editorial: Punto de lectura

ISBN: 978-84-663-1895-2

Nº de páginas: 251

4 comentarios:

La Maga Lunera dijo...

Maravillosa reseña, amor mío. Estoy deseando leerme el libro, sabes que no hay nada que aprecie más que la originalidad bien sostenida en la literatura, y desde luego, Saramago, la tiene con creces. TE AMO.

Raúl Viso dijo...

Gracias, mi vida. Sé lo importante que es para ti el encontrarte con historias originales, y te aseguro que esta novela no te defraudará. La recomiendo apasionadamente a cualquiera. TE AMO.

Anónimo dijo...

Yo llegue a Saramago por mis pequenas memorias, despues pase a Cain y ahora ensayo sobre la ceguera. De verdad pienso lo mismo que escribio esta resena, es de esos autores que no te dejan indiferente.

Alejandro Vargas Sánchez dijo...

Saramago fue un mastodonte literario, uno de los mejores escritores contemporáneos. Tenía la rara cualidad de deslumbrar y exasperar a la vez, con esas frases que parece no van a cerrarse nunca. Magníficas reseñas en tu blog, muy completas. te dejo la URL de mi blog, es http://alejandrovargassanchez.blogspot.com, tb estoy aquí, en la Blogoteca. te votaré si encuentro tu mail. saludos