"Mis criaturas nacen de un largo rechazo."
PABLO NERUDA




















miércoles, 3 de abril de 2013

"El arpa de hierba", de Truman Capote




Difícil lectura la de esta novela, y no por enrevesada o engorrosa. Muy al contrario, su prosa es limpia y fluida, sencilla (que no simple), con un lenguaje claro y accesible; pero, para alguien con mis mismos gustos literarios, puede resultar algo inocente, rayana incluso a veces, a tramos, en lo infantil. No obstante, se alcanza el objetivo que, supongo, Truman Capote (Nueva Orleans, 30 de septiembre de 1924 - Los Ángeles, 25 de agosto de 1984) se propuso al escribirla: erigir un humilde himno a la inocencia perdida y defender el derecho a la realización del individuo, por encima de las críticas o la incomprensión de los otros. 

Hay principios que dicen más de una obra literaria que todo el contenido restante de la misma, libros que en sus dos o tres primeras páginas condensan toda la esencia de la obra y la ofrecen al lector sin previo aviso, sin medida, tirando de la artillería pesada, sin racionar la munición, a poco que comienza la batalla. Existen numerosos casos, magistrales todos ellos, aunque los que a mí siempre me impactaron (aun cuando, en algunos,  el resto de la obra no supiera tal vez, en mi opinión, mantener el mismo nivel de belleza) fueron los principios de Moby Dick, de Herman Melville -toda una declaración de principios, la de Ismael, contenida en las seis o siete páginas que componen el capítulo primero de ese clásico de la literatura-, Lolita, de Vladimir Nabokov, y Rayuela, de Julio Cortázar. Ese mismo fogonazo lo sentí con los principios de algunos cuentos escritos por Edgar Allan Poe, y me satisface decir que lo mismo me ha ocurrido esta vez, leyendo El arpa de hierba. Quizá, de no comenzar esta historia como comienza, mi visión de la novela de Capote hubiese estado más denostada. De hecho, me he sentido tentado a transcribir la primera página y media del libro en esta reseña, pero creo que es mejor que aquellos lectores que se interesen por la obra descubran por sí solos la sonoridad y el ritmo de sus primeras frases, cargadas de poesía y tan cercanas, presupongo, a un espíritu literario curtido en una antigua cultura de leyendas contadas de boca en boca por la vejez de los pueblos.

Una pequeña localidad de la Norteamérica profunda, tranquila, anodina y conservadora, se ve de pronto escandalizada cuando una de sus habitantes más distinguidas, Dolly Talbo, decide, a sus sesenta años, abandonar su casa para instalarse en la cabaña de un árbol, acompañada por su sobrino y su inseparable sirvienta negra, Catherine. Aunque del todo inocente y pueril, su pequeña e inofensiva revolución personal se produce después de una discusión con su hermana, que le hace recapacitar acerca de una vida desperdiciada en complacer el egoísmo de los otros, trayéndole no pocos problemas con sus vecinos del pueblo, en especial con Verena, su hermana, con el sheriff y con el predicador y la esposa de éste. A su causa se sumarán otros personajes, como el juez y el matón guaperas del pueblo, Riley Henderson, el primero harto de la hipocresía de los habitantes del pueblo y el segundo divertido con la posibilidad de hacer tambalearse la rutina acostumbrada en sus calles, provocando el orden moral de la buena sociedad.

Me gustan las personas que tienen un claro propósito en la vida, por inverosímil o absurdo que le parezca al resto; cada vez creo con más ahínco que son los desocupados los que afean el mundo y maceran en su interior los malos sentimientos hacia sí mismos y hacia el resto de la sociedad. También me interesaron siempre los motivos por los que un individuo puede llegar a replantearse, de la noche a la mañana, todo lo vivido en su existencia, iniciando una revolución interior, íntima y personal, para cambiar esos aspectos de su vida y de sí mismo que le disgustan, y así derrocar ese dicho manido que asevera que las personas nunca cambian. Por eso este Arpa de hierba -tal vez una de las obras más desconocidas de Truman Capote, precursor de la non fiction novel con A sangre fría y galardonado en dos ocasiones con el Premio O´Henry de relatos-, pese a no ser una novela a la que yo me hubiera acercado por mis propios medios, se ha ganado mi cariño y mi respeto.

2 comentarios:

La Maga Lunera dijo...

Has sido tú quien me enseñó que en esta vida es importante tener propositos, por absurdos que sean. Sabes el cariño que guardo yo por este libro, y es una maravilla compartirlo con tus ojos. TE AMO CON TODA EL ALMA.

Raúl Viso dijo...

Por el cariño que sé que le tienes, este libro me acompañará de por vida. Siempre irá ligado a tu recuerdo. TE AMO, MI NIÑA.