"Mis criaturas nacen de un largo rechazo."
PABLO NERUDA




















martes, 16 de abril de 2013

"Del hombre aquel que fui cuando callaba", de Jesús J. Nebreda




Se agradece, de cuando en cuando, encontrar a un poeta realista, sencillo, humilde, que no trata de desbancarse del resto haciendo infumables experimentos literarios y que conoce a la perfección sus limitaciones. En definitiva, se agradece encontrar a un poeta que no esté acomodado en la fácil excusa de su supuesta transgresión, innovación y originalidad para poder parir obras que son meras frases versificadas, sin emoción ni menos aún trascendencia alguna para quien las lee. La propuesta de Jesús José Nebreda, arandino afincado en Granada desde 1981, es simple y concisa: llegar al consumidor de poesía sin una palabra de más ni una palabra de menos, mediante una sencillez que suscita una cálida ternura de hombre sensible y vulnerable que se desnuda ante el resto, tratando siempre de dar lo mejor de sí y dando cuenta de la difícil tarea que es lograr una poética en la que un público mayoritario se reconozca. Así lo confirma el autor en el prólogo inicial: "Alguien dejó dicho que uno escribe para que lo quieran los amigos. Espero que mis amigos me sigan queriendo después de esto. Y mis esperanzas se atreven a pensar que quizá gane alguno más." 

Con un título exquisito que emula un verso muy famoso de Blas de Otero, el cómputo de este poemario es el resultado de once años de trayectoria poética; con lo que, como bien dice el propio autor, este es un libro que en realidad son al menos cuatro y medio. Los cinco bloques de poemas que seccionan la obra, comprendida entre 1969 y 1980, hacen suponer que cada uno de ellos pertenece a un linaje distinto, y atienden a los cambios y necesidades a los que, de una manera lúcida por natural, el poeta debió verse sometido en las distintas épocas en las que abordó su escritura. Prueba de ello es el sutil hilo argumental que guardan los poemas incluidos en una misma sección. Así, en la primera sección, De silencio y palabras, Nebreda trata el tema de la relación íntima que la poesía guarda con el hallazgo de la palabra exacta, pero, también y sobre todo, del sustento que a todo poema, sublime o mediocre, aporta el silencio bien escogido. La segunda sección, Animal errabundo, viene a ser como una nostálgica hoja de ruta, un extenso mapa trazado verso a verso que unifica el  recorrido de esos pueblos y ciudades que marcaron al poeta. En la tercera, Historias de un españolito, el autor arandino nos habla de posguerra y de ese infundado sentimiento de inferioridad que hemos arrastrado siempre por el mundo los españoles. Del hombre aquel que fui cuando callaba es quizá la sección que más despliega la ternura característica en la poética de Nebreda, donde mediante salmos y coplillas el poeta nos acerca capítulos de la infancia. Del amor y otras soledades, quinta y última sección del poemario, nos acerca a la elevación del sentimiento amoroso y a la lucidez de amar, ante todo, las cosas pequeñas. 

Hay, en cada una de las secciones, un poema a atesorar o un verso que guardar en el bolsillo para cuando sea necesario sacarlo y airear con él, como si de un abanico se tratase, las fatigas de la vida. Es la ternura, sin lugar a dudas, el mayor exponente de esta obra sencilla, humilde, que no trata de ganar al lector con la grandilocuencia propia del poeta que en realidad es un farsante. Así entonces, no esperen encontrar una lectura de Jesús J. Nebreda en ningún círculo underground. Ahora bien, si lo que ustedes buscan es leer a alguno de sus hijos antes de dormir y que vayan aficionándose a la poesía, o si les gusta la poesía accesible, sin malabarismos innecesarios, esta obra es muy recomendable. Palabras de talla humana, dice un verso de este poemario; y qué acertado estuvo el autor al escribirlo, contando con que este poemario está plagado de ellas.


Título: Del hombre aquel que fui cuando callaba

Autor: Jesús J. Nebreda

Editorial: Alfar

ISBN: 84-7898-061-x

Nº de páginas: 143







3 comentarios:

Samuel Álvarez dijo...

Desde luego esta clase de poesía es la que saca a la luz los sentimientos que todos llevamos dentro. Un lenguaje entendible es imprescindible para mantener esa conexión tan especial entre escritor y lector.

Saludos,

Sam

La Maga Lunera dijo...

Muy buena reseña, me gusta la poesía sencilla, los autores sin máscaras. Te amo.

Raúl Viso dijo...

A mí la complejidad o lo abstracto en la poesía me gusta cuando surge de forma natural, no cuando un poeta decide imponerle a su obra cotas de innovación forzada.

TE AMO, MI DEIDAD.