"Mis criaturas nacen de un largo rechazo."
PABLO NERUDA




















miércoles, 27 de marzo de 2013

"Omnia", de Juan Manuel Muñoz Aguirre




Creo que es de justicia concederle honores a quien los merece; más aún si, como Juan Manuel Muñoz Aguirre (Madrid, 1959), se es un gran desconocido en el panorama poético actual en nuestro país no por falta de talento -les aseguro que a este poeta le sobra-, sino por apartarse del resto y no querer formar parte de grupúsculos ni promociones poéticas, ni menos todavía enaltecer o vilipendiar tendencias. El coste que hay que pagar por preferir ser un lobo solitario al que no le mueven intereses personales y que prescinde de promocionarse de ninguna manera -tanto es así, que en la red apenas he podido encontrar información sobre él; ni tan siquiera una fotografía suya con la que ilustrar esta reseña- en un mundo donde, como en tantísimos otros, no es tan importante la valía que se tenga como las amistades que uno atesore, el número de blogs de los que se haga seguidor y lo que interactúe con los administradores de cada uno de ellos, los recitales poéticos que ofrezca, las fiestas y reuniones sociales a las que acuda y un largo etcétera, sumado a las flacas intenciones por parte de  editoriales de querer vender material desconocido (pero de calidad), es muy caro, cercano casi al ostracismo. A todo esto hay que añadirle también la escasa producción del autor, que cuenta solamente con tres poemarios desde la publicación del primero en 1986, desbancándose  así, claramente, de un tiempo en el que proliferan los poetas y sus obras -lástima que no ocurra lo mismo con los lectores y consumidores de poesía-, gracias a la opción de autofinanciarse que ofrecen las pequeñas editoriales y a los innúmeros blogs que existen en la red, que otorgan la posibilidad de publicar sin necesidad de intermediarios, agentes literarios, editores e incluso imprentas. 

Ya he recalcado en entradas anteriores de esta bitácora que me cuido mucho de reseñar libros de poesía; me parece una tarea harto complicada, y tratándose de un género literario que da cabida a muchas interpretaciones -ese poema que a mí no puede decirme nada, a otra persona quizá le ilumine el día- se hace realmente trabajoso el meditar sobre la obra con imparcialidad, sin dejar que las pasiones lo muevan a uno y guíen sus dedos por el teclado, quedando no bien definida la línea que separa la crítica constructiva de la destructiva. Por tanto, solamente me atrevo a reseñar a poetas cuando no me cabe ninguna duda de que merecen algún tipo de promoción, por humilde que sea. Y Muñoz Aguirre, sólo por ser un poeta tan distinto a la mayoría en estos tiempos que corren, merece ser conocido.

Pero que no sea conocido, no quiere decir que no haya sido reconocido. Si bien es cierto que su carrera literaria ha pasado más bien desapercibida -unos pocos poemas suyos en revistas literarias y en alguna sigilosa antología de jóvenes poetas, sumado a sus tres únicos poemarios, el último, Hacia el viaje, con una distancia temporal de quince años respecto al anterior, Adiós, dijo el duende-, no es menos verdad que Omnia, la obra que aquí nos ocupa, fue galardonada con el Premio de Poesía Ciudad de Alcalá de Henares, en 1985. Asimismo, Adiós, dijo el duende, segundo poemario de su producción, recibió el VI Premio de Poesía Hiperión en 1991, un premio que era de los más anhelados por poetas de todo el país en esa época. Tras eso, el autor desapareció de la escena poética: ni lecturas, ni reseñas, ni publicaciones en revistas, ni actos públicos. Juan Manuel Muñoz Aguirre no pudo o no quiso aprovechar la coyuntura, siendo contrario a esos autores que, tras brillar fugazmente en algún momento de su carrera, se valen de un éxito momentáneo para tratar de vivir de él hasta el fin de sus días. Aun así, y tras su reaparición en 2006 con su último poemario, Hacia el viaje, hay que achacarle una gran parte de culpa a la negligencia distribuidora el Centro de Poesía José Hierro de Getafe, descuidando inexplicablemente su primer premio de poesía, que ni siquiera se encuentra registrado en el ISBN.

Omnia cuenta con un total de cuarenta poemas, estructurados en tres secciones tituladas Isla del norte, Interior y La voz del extranjero. No voy a dedicarme aquí a desentrañar el propósito y las claves de esta hermosa obra, en primer lugar porque no soy un estudioso, y en segundo por hacer mía esa frase con la que Pablo Neruda  respondió a un periodista que le preguntó acerca del significado de sus poemas: "No me preguntéis a mí por mis poemas; preguntad a mis poemas por mí." Lejos de complicados estudios, lo mejor para comprender a un poeta es leerlo, con lo que aquí les dejo con tres poemas de Omnia, uno de cada sección que estructura la obra. Grande, Juan Manuel Muñoz Aguirre.


DESAPEGO DE LOS FRUTOS DEL ACTO (De Isla del norte)

Y ahora diga el alba su noticia,
si alguien la oye, y traiga de nuevo
su cortejo de asombro. Dígalo todo,
también tu nombre, para que así
cumpla el olvido su tarea
como insiste el amor en ser abandono.

Árboles en sombra espesa,
viento de lejos como una palabra
murmurada, colores del agua
y aquel gesto indeciso: nada.

Cada mañana
busco en mi corazón
la renovada joya del miedo.

La voz, el sueño, la pétrea mirada.


V (De Interior)

Este cuarto es el mundo.

Fuera, lejos, arde la vida
en su tumulto
y un resto de ceniza, los otros,
nos buscan bajo sus cuerpos.

Arrodillado para la ofrenda
abro tus piernas como si abriese
un surco en la tierra.


FÁBULA IMPROPIA (De La voz del extranjero)

El dolor cura con dolor, se dijo,
y, como un niño aún no repuesto del arte,
corrió a copiar en su cuaderno
esa frase.
                          Aquí dispongo la cima,
volvió a decir, el nombre secreto,
y dejó pasar este atardecer
como si en verdad, indefenso,
nunca más fuera a contemplarlo.

Una raíz bajo la tierra, un árbol,
fueron sus emblemas: toda la fe
que alguien perdió hace tiempo
y, con la fe, el silencio.

Mas vinieron luego los años
como heraldos crueles
de un solo día inmerecido
y así desmintieron su breve sabiduría.

Absorto en la nada, el miedo es su risa.

Avaricia de la dicha: miseria del espíritu.




3 comentarios:

La Maga Lunera dijo...

Gran poeta, y gran reseña. Me da rabia lo denostada que está en general la poesía, y más aún ese sentimiento de que hay que ser un poco lameculos o estár metido en todos los fregados para ser alguien. Estoy segura de que el tiempo y el talento acaban poniendo a cada uno en su lugar. Y así creo que pasar{a contigo. TE AMO, ERES MUY GRANDE.

Raúl Viso dijo...

El "lameculismo" y los ejercicios profundos de succión están a la orden del día. Pero el talento, tarde o temprano, habla por sí solo. Remito a ese literato odioso, Griswold, que en su época fue un escritor afamado y bien remunerado que le hacía la vida imposible a Poe, pobre y casi desconocido. Sin embargo, Poe pasó a los anales de la historia, mientras que a Griswold sólo se le conoce hoy en día por ser el enemigo literario del primero.

También ocurrirá contigo, si lo permites. Y yo confío plenamente en tu talento. TE AMO, MI DEIDAD.

Antonio Fco Buitrago Fernandez dijo...

...Mas vinieron luego los años
como heraldos crueles
de un solo día inmerecido
y así desmintieron su breve sabiduría.

Me ha gustado mucho,
saludos