"Mis criaturas nacen de un largo rechazo."
PABLO NERUDA




















lunes, 25 de marzo de 2013

"Hacia rutas salvajes", de Jon Krakauer




Se abre de nuevo, con este libro y este personaje -a todas luces real-, el eterno debate entre temeridad y valentía, entre idealismo o simple locura.  En abril de 1992, Chris McCandless, de veinticuatro años de edad, se adentró solo, casi sin experiencia en montañismo y supervivencia, y apenas equipado, en las tierras salvajes de Alaska. Cuatro meses más tarde, unos cazadores encontraron su cuerpo sin vida. Lo que en primera instancia parecía ser una triste desgracia más de un enamorado de la Naturaleza y los deportes extremos, se convirtió en una agitada polémica a raíz del reportaje que del joven graduado hiciera Jon Krakauer (Brookline, Massachusetts, 12 de abril de 1954), experto alpinista cuyas colaboraciones en la revista Outside le convirtieron en escritor, o casi. Pero no es la primera vez que un temerario de esta índole escandaliza a la comunidad deportiva y naturalista internacional: podemos remitirnos a Timothy Treadwell -encontraréis más información de él en esta entrada de La Maga Lunera Bloghttp://lamagalunera.blogspot.com.es/2010/04/timothy-treadwell.html-, ese enamorado de los osos pardos americanos que acabó siendo descuartizado por un enorme grizzly, también en Alaska. Aunque por motivos diametralmente opuestos, en ambos casos se da el ardor de pasiones que pretendieron ejercerse sin disciplina y que obtuvieron nefastas consecuencias. 

Poco tiempo después del descubrimiento del cadáver, el editor de Outside encargó a Krakauer un reportaje acerca de las extrañas circunstancias de la muerte del muchacho. Así, el experimentado aventurero pudo descubrir que Christopher Johnson McCandless había crecido en un acomodado barrio residencial de Whasington D.C. y  había sido un estudiante brillante y un atleta excelente. Pese a estas papeletas para convertirse en un hombre de provecho y un triunfador, se especula que problemas en el entorno familiar respecto a una antigua relación sentimental de su padre y un divorcio que nunca acaba de culminarse entre sus progenitores, motivan a McCandless en el verano de 1990 para, tras graduarse en la Universidad Emory de Atlanta y rechazar un coche nuevo que éstos deciden regalarle por su graduación, hacer la maleta -es un decir, y a medida que vayan leyendo comprenderán ustedes por qué- y desaparecer sin ni siquiera avisar a su hermana, con la que mantenía una estrecha relación. Cambió de nombre, donó los 24.000 dólares que tenía en su cuenta corriente a una organización humanitaria, hizo pedazos todas sus tarjetas identificativas, abandonó su viejo coche en el desierto, donó la mayor parte de sus pertenencias y quemó todo el dinero que llevaba en los bolsillos. Después de eso, pasó algún tiempo vagando por las carreteras y paisajes de Estados Unidos, trabajando temporalmente allí y acá para subsistir, hasta que decidió emprender su aventura suicida hacia las tierras salvajes del norte del país. Su familia nunca tuvo paradero de él hasta que se dio noticia de su cadáver, en estado de descomposición.

Aun así, McCandless se hizo valer bastante bien durante algún tiempo, pese a no estar lo suficientemente preparado. Siempre me han causado mucho interés esas personas que, de un día para otro y sin motivos aparentes, deciden abandonarlo todo, marcharse y no dar paradero ninguno; el tema me parece, sin lugar a dudas, un buen filón literario, y siempre entreví una idea romántica en ese propósito tan egoísta a veces. Los que conocieron al muchacho, afirman que Chris ya daba señales de su marcha desde hacía tiempo, no siendo de extrañar que sintiera esa devoción por la obra del escritor León Tolstoi, cautivado por el modo en que éste decidió renunciar a su vida de riqueza y privilegios para vagar entre los indigentes. Ya en la universidad, Chris McCandless emuló el ascetismo del autor ruso hasta un punto alarmante para sus allegados. 

Jon Krakauer
El reportaje se convirtió en libro, y el libro, cómo no, en película. En 2007, el actor y director Sean Penn decide llevar la historia del incauto muchacho a la gran pantalla, con Emile Hirsch como protagonista y música a cargo de Eddie Vedder. Para quien no le gusten este tipo de libros de no ficción repletos de datos, nombres y coordenadas, le recomiendo la película; ciertamente, es un buen film, con una inmejorable caracterización -es apenas imposible distinguir entre el actor y las fotografías reales del verdadero McCandless- y una banda sonora que la voz única del líder de Pearl Jam convierte en hermosísima. Además, está bien narrada y uno puede disfrutar del variopinto, diverso y gigantesco paisaje norteamericano. 

Historia de un muchacho descontento con su entorno que decide emprender un viaje de no retorno. Tengo mi opinión personal acerca de lo temerario de sus decisiones, pero no la expondré por no extenderme demasiado en esta reseña; si leen el libro o ven la película, ustedes mismos podrán decidir si se ponen a favor o en contra de él, y si se convierten en admiradores o detractores. 

Chris McCandless



2 comentarios:

La Maga Lunera dijo...

Muy buena reseña de una historia fascinante. Yo también tengo mi opinión acerca de la historia, aunque a decir verdad cabeza y corazón me dicen cosas diferentes. TE AMO.

Raúl Viso dijo...

Lo mismo me ocurre a mí: cabeza y corazón van por caminos totalmente opuestos, y así puedo entender las razones de McCandless, pero también las de su familia y las de todos esos expertos que lo critican. TE AMO.