"Mis criaturas nacen de un largo rechazo."
PABLO NERUDA




















martes, 5 de marzo de 2013

"El día de mañana", de Ignacio Martínez de Pisón




Vuelve a confirmarse esa ternura, no exenta de una bien dosificada sobriedad, con que Ignacio Martínez de Pisón (Zaragoza, 1960) elabora y trata a los personajes de sus novelas. Ya hace algunos años, cuando cayó en mis manos la primera obra que leí de él -Carreteras secundarias, llevada al cine en dos ocasiones, en versión española por Emilio Martínez Lázaro y con guión del propio escritor zaragozano, y en versión francesa por Manuel Poirier, aunque bajo el título Caminos cruzados (Chemins de traverse)-, pude advertir que ése era uno de los grandes rasgos estilísticos de Pisón: personajes que tienen mucho de cómicos de la legua, en un peregrinaje constante por dar alcance a sus ambiciones y realizar sueños que, en apariencia, son muy sencillos, aunque las trabas de su propia incompetencia para poder llegar a cumplirlos hace que se tornen casi utópicos. 

¿Qué saben los demás de nosotros? ¿Puede realizarse la radiografía fidedigna de una persona a raíz de lo que las demás personas cuentan de ella? ¿Cuántas de las personas que nos conocen podrán hablar bien o mal de nosotros cuando ya no estemos, cuánto habrá de cierto en lo que digan admiradores y detractores de nuestra persona, y cuál será la nota media que sacaremos del cómputo total de todas esas declaraciones y testimonios? ¿Qué imagen veraz es la que ofrecemos al mundo, fuera de nosotros mismos? ¿Será nuestro recuerdo el mismo para todas las personas que se cruzaron en nuestro camino a lo largo de la vida? Éstas y otras muchas son las preguntas que parece ofrecernos esta novela, narrada fragmentariamente por una docena de personajes que irán desentrañando los años más convulsos del protagonista, Justo Gil, joven emigrante recién afincado en Barcelona, ambicioso, ávido de prosperar, al que no le temblará la mano al traicionar a sus allegados con tal de llevar a buen puerto sus infructuosas empresas y que, finalmente, acabará por convertirse en un patético confidente de la Brigada Social, la policía política del régimen franquista. 

Con esta novela, narrada apenas sin ardides literarios ni malabarismos dialécticos, Martínez de Pisón ha cosechado numerosos premios, entre ellos el Premio Nacional de la Crítica, el Premio Ciudad de Barcelona, el Premio Espartaco de Novela Histórica y el Premio de las Letras Aragonesas. Mediante las idas y venidas de su protagonista, el autor maño nos acerca etapas fundamentales de ese capítulo crucial de nuestra historia reciente que fue la Transición. Con la que está cayendo últimamente en España, se agradece leer de una forma amena, tristemente cómica o cómicamente triste, algunos de los episodios en sepia a los que podríamos regresar si no comienza a cuidarse de nuevo, como se debiera, nuestra democracia. Justo Gil nos explica, con su comportamiento, que no estaba ya todo logrado con la muerte del dictador, que hubo más clandestinidad y cainismo de lo que se daba a entender en aquellos años, y que en materia humana uno nunca puede fiarse de nadie, con esa facilidad pasmosa que tenemos en callar y otorgar y en cambiar de bando según muten nuestros intereses personales. 

Obra cargada con grandes dosis de ternura y frustración a partes iguales, muy amena de leer por su estructura construida a partir de fragmentos testimoniales y su sencillez, que intercala historia y relatos personales para enseñarnos una parte no del todo esclarecida de nuestro país, en los años inmediatamente anteriores y posteriores a la muerte del general Franco. Queda confirmado: Ignacio Martínez de Pisón no defrauda.

3 comentarios:

Talisman Dreams dijo...

No lo conocía, pero lo tendré en cuenta por si puedo hacerme con él.

Gracias por la reseña :)

La Maga Lunera dijo...

Grandes tus reseñas, como tú. Ojalá algún día me lo leas, amor mío. TE AMO MÁS CADA DÍA.

Raúl Viso dijo...

Te lo leo cuando quieras, mi reina. Aunque tenemos aún muchos libros pendientes... El próximo "Tortilla Flat", de John Steinbeck.
Te amo.