"Mis criaturas nacen de un largo rechazo."
PABLO NERUDA




















miércoles, 27 de febrero de 2013

"El túnel", de Ernesto Sabato




Primera novela que leo del escritor y pintor argentino Ernesto Sabato (Rojas, 24 de junio de 1911 - Santos Lugares, 30 de abril de 2011). Y no será la última. Aunque admito que al principio me costó dar veracidad a la muy inestable personalidad del protagonista, siempre haciéndose preguntas cuyas respuestas parecen obvias en primera instancia, ya luego empecé a tomarle cierto cariño a su forma desmedida, obsesiva y atormentada de amar, y no me costó reconocerme en sus propias dudas, inseguridades y desconfianzas. Como ya digo, no será la última obra de este autor que leeré; hace algún tiempo, inducido por las buenas referencias que me dieron de él, me hice con casi todo el cómputo de su obra, aunque no encontré nunca el momento adecuado para iniciarme en su lectura. Así, en mi biblioteca cuento con su trilogía de novelas El túnel, Sobre héroes y tumbas y Abaddón el exterminador, además de varios libros de ensayo sobre el oficio literario y sobre el hombre en la crisis de nuestro tiempo, como son El escritor y sus fantasmas y La resistencia, más  dos volúmenes en clave de memorias titulados Antes del fin y España en los diarios de mi vejez.

A punto estuve de abandonar la lectura de esta novela al principio de la misma. Como ya he dicho, se me hacía difícil dar credibilidad a las numerosas dudas e incertezas que cruzaban la mente del protagonista y su incapacidad para resolver problemas de orden práctico. Después, a medida que avanzaba la lectura, comprendí que esos rasgos tan volubles y esa ineficacia para gestionar los aspectos más mundanos de la vida eran necesarios para dar a luz a un personaje que acabaría cometiendo un crimen pasional, no del todo esclarecido. Ya al final de la novela, comprobando en su trayectoria amorosa las fases de esplendor, decadencia y perdición, acabé de algún modo reconociéndome en sus propias preguntas y suspicacias.

Juan Pablo Castel, pintor de reconocido prestigio recluido en prisión por el asesinato de María Iribarne, irá rememorando durante su encierro los motivos que le condujeron a cometer ese crimen pasional. Asqueado de los círculos internos del arte y de la crítica, empalagado de elogios fáciles que no describen como debieran su manera de entender la pintura, Castel descubre en una de sus exposiciones a una chica que mira una de sus obras como él cree que es correcto mirarlas. En ella encuentra una nueva motivación, una representación de la pureza que ya no logra hallar ni en su arte ni en los demás ámbitos de su vida. Tanto es así, que no se detiene hasta encontrarla y comenzar una relación clandestina con ella, que es una mujer supuestamente feliz casada. A medida que transcurre la lectura, el comportamiento errático de ella, sus evasivas cuando él le pregunta acerca de su pasado y una extraña relación con un cuñado suyo, harán creer al pintor que María le miente constantemente y que no sólo su marido sufre la deslealtad de sus infidelidades, sino que él mismo también está siendo víctima de la presunta promiscuidad de la muchacha. Lo meritorio de la historia es que en ningún momento se confirman las sospechas del protagonista, aunque el retrato de María, sus idas y venidas sin explicación aparente, su comportamiento errático, su obstinación en ocultar capítulos de su pasado, su sensación de cansancio y hartazgo cuando está con el pintor, la relación ambigua que mantiene con su cuñado, harán creer que sí, que la chica miente impunemente y no está del todo limpia, y que en todo momento oculta algo. La incapacidad de Castel para poder probar sus sospechas, hará que se obsesione de manera terrible, hasta el punto de acabar matándola en un ataque largamente macerado en un caldo de cultivo de celos y desconfianza.

La historia no da cabida a sorpresas, es lo que es: una crónica acerca de cómo las turbiedades entre dos personas, sumadas a una personalidad obsesiva por parte de una de ellas y a vaguedades sentimentales por parte de la otra, pueden conducir a un crimen pasional. Que nadie espere encontrar aquí finales sorprendentes, giros inesperados de la trama o personajes irreales por demasiado atractivos. Es una historia llana, lineal, aunque no por ello peor escrita, y además -para quien le sirvan estas referencias a la hora de agarrar un libro- fue elogiada por Albert Camus ante la crítica mundial. Lean y juzguen ustedes mismos. Por lo que a mí respecta, aunque no haya sido de las novelas más apasionantes que han podido caer en mis manos, sí que me ha despertado la curiosidad por leer otras obras de Sabato. Lean y juzguen ustedes mismos.