"Mis criaturas nacen de un largo rechazo."
PABLO NERUDA




















domingo, 6 de enero de 2013

"La perla", de John Steinbeck





Última lectura de este año 2012 que recién ha salido por la puerta. O, mejor dicho, penúltima, porque leí parte de Camposanto, de Iker Jiménez, sin poder llegar a finalizarlo; aunque la historia me parece original y el personaje que la inspira interesantísimo -nada menos que el pintor Jeroen Anthoniszoon van Aeken, más conocido como Hieronymus Bosch, o El Bosco-, creo que le viene un tanto grande a la capacidad narrativa del periodista del misterio, tal vez por no saber separar, en su obra literaria, al locutor de radio y televisión de su faceta de escritor. Me pregunto qué excelentes resultados habría tenido una historia de tal envergadura de haber sido tratada en manos de Arturo Pérez-Reverte, por ejemplo, o de Javier Sierra, sin ir más lejos, que es precisamente colaborador de Iker Jiménez en el programa Cuarto Milenio que este último dirige en la cadena de televisión Cuatro. Pero vamos ya con la reseña.

Novela corta, en clave de fábula india, que viene a decirnos lo que yo llevaba tiempo sospechando: que hay que ser muy inteligente, muy responsable y muy prudente cuando, de pronto, de la noche a la mañana, uno posee una gran riqueza económica. ¿Cuántas veces hemos oído eso de que "a mí el dinero no me cambiaría"? Seguro que cualquiera de los que se asomen a esta bitácora y lean esta reseña han oído idénticas palabras de algún amigo o familiar, cuando el tema de la conversación ronda en torno a la posibilidad de una lotería premiada, fantaseando sobre qué se haría con ese dinero azarosamente ganado. Pero el dinero, cuando no cambia a las personas, cambia las circunstancias de éstas, y las circunstancias que mutan en la vida de una persona acaban, en última instancia, cambiando a la propia persona. ¿Seguiríais viviendo en el mismo barrio de clase obrera, exponiendo a vuestros hijos y a vosotros mismos a posibles secuestros y extorsiones por no vivir en un lugar con las adecuadas medidas de seguridad, en caso de que os tocara una cantidad ingente de millones de euros en el Euromillón? ¿Podríais disimular que no tenéis ese dinero? ¿No sería ese enorme poder adquisitivo, en caso de ser personas propensas a los excesos, como un arma en vuestras manos? ¿Os mirarían, a partir de entonces, de igual manera vuestros vecinos? Me remito al caso de un conocido, que tras haberle tocado una cuantiosa cifra de dinero -más que de sobra para no volver a trabajar en la vida- tuvo que dejar su barrio y no volver a ver más a sus amigos y vecinos, porque cuando se reunía con éstos cualquier gesto de buena voluntad y de generosidad por su parte era tomado como un síntoma de altivez y chulería, de superioridad frente al resto, y cuando decidió no ayudarles más por no ofenderles, fue automáticamente tachado de tacaño y avaro.

Pero, al contrario del mensaje que yo haya podido sacar de este relato, la novela carece por completo de moraleja; es una historia rotunda, dura, sin concesiones, que no cae en moralinas, aunque a la par también es muy lírica y sofisticada. Steinbeck, obsesionado en la mayoría de sus obras con la pobreza del sur norteamericano -se salvan solamente de esta obsesión sus novelas históricas-, expone los hechos sin hacer juicios personales ni suscitar ánimos en el lector. 

Esta es la historia de Kino y Juana, y de su hijo Coyotito, indios mejicanos y pescadores, prácticamente indigentes, que hallan en una inmersión una enorme perla de gran valor. Al principio, ese hallazgo supone para la pareja una apertura diáfana al futuro, porque con los beneficios que saquen de la perla podrán darle una educación a su hijo que le aparte para el resto de sus días de la pobreza y la indigencia; pero pronto darán cuenta del grado de maldad que esa riqueza hallada posee, de los oscuros intereses que mueven a muchas de las personas que les rodean, y todo acabará tornando en tragedia, obligando a Kino a abandonar su condición de presa y convertirse en cazador, para salvar a su familia con nefastos resultados. 

Una historia cruda y violenta, con marcados valores como el de la familia, que bien podría haber utilizado Federico García Lorca, de haber sido España su escenario, para parir una de sus navajeras obras de teatro. 




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