"Mis criaturas nacen de un largo rechazo."
PABLO NERUDA




















miércoles, 3 de octubre de 2012

"Claus y Lucas", de Agota Kristof




Recién acabo de enterarme de que el 27 de julio de 2011 falleció, a los 75 años de edad, Agota Kristof. Estaba buscando una foto de la autora húngara para poner en esta reseña, cuando me he dado de bruces con la noticia. Murió en Suiza, donde residía desde 1956, exiliada por su activismo contra el régimen prosoviético. No es extraño en mí andar tan desactualizado, al menos en materia de literatura contemporánea, si consideramos que apenas leo novedades editoriales; si algún libro relativamente actual cae en mis manos es tras varios años después de su publicación, casi por casualidad o porque otras personas se han empeñado en que lo lea, y ya he dicho en reseñas anteriores de este blog que es muy difícil que los nuevos autores aparecidos puedan llegar a sorprenderme o emocionarme tanto como los de toda la vida.

Pero no es exactamente el caso de esta autora: primero, porque comenzó su andadura allá por 1987, y segundo porque, aunque por primera vez reunidas en un solo volumen, las tres novelas que conforman esta saga datan de los años 1987, 1988 y 1991, respectivamente. Fue en 2007 cuando se reunieron El gran cuaderno, La prueba y La tercera mentira. No me duelen prendas a la hora de reconocer que no está siendo un libro fácil de reseñar: el carácter extraño del argumento de cada una de las tres novelas -denominador común entre ellas- unido al desamparo al que se ven constantemente sometidos los personajes, hacen de este volumen, por tramos, un tanto confuso de leer, pese a que su estilo narrativo es seco, llano, sin florituras que adornen la crudeza de su prosa, a veces tratando de ser (al menos, en la primera novela) humorística.Yo llegué a este volumen hace un par de años, cuando me dirigí a la librería con algún dinero en el bolsillo y, raro en mí, me dejé convencer por el dueño, empeñado en que me interesase por autores que antes no conocía, abandonando por primera vez en sus estantes a mis predilectos. No me resultaba fácil sustituir a mis autores favoritos por una autora que no conocía, de la que antes nunca había leído nada, pero el buen hacer del librero, su esfuerzo y su asesoramiento -cada vez se echan más en falta profesionales así, acostumbrado a tratar con apoltronadas ratas de biblioteca que solamente se limitan a mirarte por encima de la montura de sus gafas, tras el mostrador y la caja, y a las que parece no importarles que las compres un libro o no-, me instó a ser agradecido y probar suerte con lo que me ofrecía.

La primera novela del volumen, El gran cuaderno, me pareció terriblemente divertida y audaz, un verdadero propósito en tratar de desarbolar de una vez por todas ese tópico manido acerca de la inocencia de la infancia. En ella, a causa de la guerra, los gemelos Claus y Lucas se ven de pronto escindidos de sus padres y obligados a vivir con su abuela, una anciana déspota, cruel y analfabeta. Los hermanos, condicionados por múltiples carencias vitales y afectivas, aprenderán las leyes de la vida, a ser autodidactas en muchos ámbitos, y se dedicarán a anotar sus proezas y progresos en un gran cuaderno. En la segunda novela, La prueba, los gemelos se separan: uno de ellos cruza la frontera y el otro se queda en un país que, aunque lejos de la guerra, está dominado por un régimen autoritario. Se hace patente el desgarro de Lucas al verse separado quizá de la parte más importante de sí mismo, su gemelo Claus, y de esa ausencia él construye la esperanza de poder suplir su dolor mediante el altruismo y el hacer el bien al prójimo, para aprender al regreso de Claus que, muchas veces, la generosidad puede preceder a la maldad. La tercera novela, La tercera mentira, es para mí la más confusa, y aquí se abandona ya del todo el tono humorístico de la primera para embarcarse en un viaje que oscila entre las ruinas del pasado, ya acabados los horrores de la guerra, y la falsa esperanza de llegar a alcanzar la plenitud que, bien mirado, pese a la idealización de cualquier pretérito, nunca se tuvo. 

Un libro extraño, sin duda, nimbado de cierta magia que hace que uno visualice en blanco y negro las escenas que lee. Aunque no me parezca de lo mejor que he leído, me aportó buenos ratos y me entretuvo mucho, propósito sencillo éste, el entretenimiento, que debieran perseguir tantas otras obras.

3 comentarios:

Lourdes dijo...

No conocía la obra, interesante, gracias por la información. Saludos.

La Maga Lunera dijo...

Ya me lo dejarás!Te amo. Muy buena reseña.

Raúl Viso dijo...

Te lo dejaré, eso seguro. Aunque eres una lectora voraz y fiera a la que respeto muchísimo, y no sé si el libro estará a la altura de tus expectativas. Yo sólo sé que a mí me entretuvo bastante, aunque no sea de las mejores lecturas que han pasado por mis manos. TE AMO.