"Mis criaturas nacen de un largo rechazo."
PABLO NERUDA




















martes, 11 de septiembre de 2012

"Por quién doblan las campanas", de Ernest Hemingway




Ciertamente, no resulta nada sencillo escribir una reseña literaria halagüeña de un autor que, como escritor, nunca me dio ni frío ni calor, y como persona me pareció un ser más bien detestable, con sus aficiones a la caza mayor y la tauromaquia, y esa imagen algo casposa de hombre aventurero que escribe literatura aguerrida. Pero esta novela es un aparte en su obra, tal vez porque la primera vez que la leí pasaba por momentos personales muy duros y su lectura me ayudó a distraer la mente y sobrellevar el trance. Por aquel entonces -hace ya once años de eso-, el libro me lo prestó un amigo; y yo, idiota y nostálgico de una época que, aunque dura, me sirvió de aprendizaje vital, tenía la espina clavada de no tener un ejemplar de esta obra en mi biblioteca. Mi novia conocía muy bien el cariño que le tengo a esta novela, así que no se lo hizo pensar y me la regaló por navidades, pagando por ella un precio que me parece desorbitado -cuarenta euros- para una nueva edición revisada y traducida, con no demasiado acierto por Miguel Temprano García, que flojea en calidad si consideramos su portada más bien sosa e incongruente y las muchas, muchísimas erratas que resaltan en el texto. 

Por quién doblan las campanas es una historia de valor, amor y muerte, ambientada en la guerra  civil española y protagonizada por el americano Robert Jordan, oriundo de Montana y profesor de español que es enviado a luchar en el bando republicano como especialista dinamitero. En tanto que es encargado por el general Golz a destruir un puente, objetivo de vital importancia para desmantelar la contraofensiva del bando nacional durante la batalla de Segovia, Jordan se enamora de María, una muchacha que es rescatada por los guerrilleros que sobreviven en las montañas y que deberán ayudar al estadounidense a llevar a buen puerto su misión. Se da en este grupo un elenco de personajes maravillosos, siendo para mí el más destacable el viejo Anselmo, un hombre de ley, pequeño, duro y valeroso -de ese tipo de valor encomiable del que son capaces las personas que tienen miedo pero no lo demuestran-, armado con la lealtad férrea del perro que duerme sobre la lápida de su dueño recientemente fallecido.

Ernest Hemingway -en realidad, Ernest Miller Hemingway (Oak Park, Illinois, 21 de julio de 1899 - Ketchum, Idaho, 2 de julio de 1961)- fue enviado a España en 1937 por la North American Newspaper Alliance para cubrir como periodista la guerra civil española. Acabada la guerra, tres años más tarde, comenzó a escribir la novela. En julio de 1940, el autor había terminado su manuscrito y, poco tiempo después, en octubre, el libro fue publicado por la editorial Scribner and Sons y tuvo un éxito tremendo que le valió una candidatura al premio Pulitzer. La traducción de la presente edición está basada en la original publicada en aquella época, y aunque es muy lícito que el traductor haya decidido respetar los recursos estilísticos de Hemingway, que incluían arcaísmos y transliteraciones, no entiendo la fijación del escritor por censurar las palabras malsonantes y sustituirlas por los términos, entre corchetes, "obscenidad" e "impublicable", dejando solamente sin censurar las palabras soeces cuando los personajes hablan en español, lo que deja al texto algo cojo, con una sensación de infantilidad sacada de un tebeo cargado de onomatopeyas.  

En cualquier caso, y pese a la decepción por la baja calidad de una edición demasiado cara, siempre le guardaré un cariño especial a esta novela, siendo la cita harto conocida de John Donne que abre el libro (y que ya he publicado alguna vez en este blog) tan grande o más que la propia novela. No me resisto a terminar esta reseña reproduciéndola de nuevo, por el puro placer de volver a leerla por enésima vez y compartirla con los lectores de A DESHORAS:

[...] la muerte de cualquiera me empequeñece porque estoy ligado a la humanidad. Por eso no preguntes nunca por quién doblan las campanas. Doblan por ti.

2 comentarios:

La Maga Lunera dijo...

El primer libro que me leíste...

Raúl Viso dijo...

Cierto, aunque no completo, ¿recuerdas? Me pediste que te lo leyera en voz alta cuando ya iba bastante avanzado. Una razón de peso para tenerle tanto cariño. TE AMO.