"Mis criaturas nacen de un largo rechazo."
PABLO NERUDA




















miércoles, 26 de septiembre de 2012

Chitón




No hay cosa que me irrite más sobre la faz de la Tierra que las personas que no escuchan y no dejan hablar a nadie. No soy un hombre maniático; tengo algunas rarezas, como todo el mundo, pero en cuestión de manías estoy bastante limpio: no me molestan la luz ni el ruido para dormir, no me molesta que alguien me pida un cigarrillo por la calle (siempre y cuando lo haga con educación, faltaría más), no me irrita que alguien pruebe de mi comida, no soy escrupuloso, no tengo rituales específicos para hacer tal o cual cosa, no soy fácilmente escandalizable, no tengo ningún problema en hablar con cualquier tipo de persona, independientemente de su condición social, su raza, religión, sus creencias políticas (si no son extremistas, lo mismo me da hacia la derecha que hacia la izquierda), y únicamente soy más susceptible cuando escribo, tarea que me gusta desempeñar con el máximo silencio posible y sin distracciones de ningún tipo. Pero a las personas que no escuchan y/o no dejan hablar, con mucho gusto las agarraría del pescuezo y lo retorcería como a una bayeta usada. 

Recién llego de una reunión de padres del colegio de mi hija y, como siempre que se dan estas citas en la escuela, vengo con una sensación a caballo entre el cabreo y el desamparo. No soy un acérrimo defensor de los profesores -tampoco es que sea un gran detractor-, porque considero que, en esto de la docencia, hay demasiado profesor y muy poco maestro, mucha suficiencia al elegir profesión dependiendo de la nota sacada en su día en selectividad y muy poca vocación, muchos intereses de bienestar personal y poca preocupación por el futuro de las generaciones venideras, muchas miras al presente más inmediato y ningún atisbo al mañana, mucho abuso de poder y muy pocas ganas de una igualdad real, mucha pugna entre docentes y padres y poco o ningún entendimiento. Pero al César lo que es del César, y el tutor que le ha tocado este año a mi hija ha merecido con creces que me quitase el sombrero ante él y que partiese una lanza a su favor frente a muchos de los padres allí reunidos. Y es que es increíble que a un grupo de veinte padres (y madres, no se me vaya a ofender alguna feminista talibán) se les tenga que llamar, en el aula, más la atención que a los menores -nuestros hijos- que nos acompañaban en la reunión. La escenita hay que cogerla con pinzas, que se dice por estos pagos: el profesor tratando de explicar la dinámica de trabajo y los objetivos a conseguir durante el curso, en tanto que la una hablaba con la otra sobre si tal o cual niño convidaba o no a sus compañeros en su cumpleaños, dos madres llegaban con media hora de retraso (riendo joviales por haber interrumpido la reunión, que por lo visto les hacía mucha gracia), a aquél de más allá le atronaba el chunda-chunda del teléfono móvil, otra mujer nos contaba sus penas y desgracias personales y la gran mayoría discutía acerca de si era mejor o no una cooperativa para comprar el material escolar, todo esto antes incluso de darle la oportunidad al profesor de explicarnos con detalle en qué consiste exactamente la opción de la cooperativa. A todo esto, mientras contemplaba al profesor teniendo que interrumpir sus frases cada dos palabras, a mí me iba subiendo un creciente mosqueo por la sangre, y a poco no me he levantado de mi sitio y me he puesto a su vera para decirle: "Tú por el ala izquierda y yo por el ala derecha. A repartir hostias se ha dicho y a ver si se callan todos de una puta vez: la letra con sangre no entra, pero de todos modos éstos no van a gotear mucha porque la tienen solamente en la sinhueso." Juro por mi hija que he estado en garitos de copas menos ruidosos que ese aula y conocido a peluqueros, taxistas y prostitutas que prestaban más oídos que este nutrido grupo de maleducados. 

Lo peor es cuando la persona que habla por los codos no atiende a sutiles señales. Entonces, lo mismo da que le pongas cara de fastidio, que abras un libro y te pongas a leer durante su charla, que le respondas con escuetos y secos monosílabos, o incluso, cuando a unas malas, resignado ya, intentas meter baza en la conversación y la cotorra en cuestión no te permite ni pronunciar dos palabras seguidas. Es ahí cuando uno quisiera llevar un kit especializado para estas ocasiones: esto es, cinta americana de buena calidad para amordazar, una soga resistente con nudo corredizo incluido o un aerosol de pimienta. Para gente pacífica, existe también el pack más light, que no consiste en otra cosa que un ipod, provisto de auriculares, con la discografía entera de Pantera y Sepultura, o bien un buen megáfono para hablar más alto y tapar las palabras del otro, hasta que se aburra, o mejor aún, para gritarle: ¡Chitón!

2 comentarios:

La Maga Lunera dijo...

Que se calle todo el mundo, que además, los que más hablan, son los que menos tienen que decir! Te echo muchisimo de menos...TE AMO

Raúl Viso dijo...

Yo también te echo mucho de menos,preciosa. TE AMO.