"Mis criaturas nacen de un largo rechazo."
PABLO NERUDA




















viernes, 27 de julio de 2012

Soul shield (del poemario "Algo sagrado")




I

Amiga mía, ahora
que has ganado con creces ese rango,
que son hábito y hogar ahora tus palabras
donde es preciso arrimarme
prieto para abrigarme contigo de mí mismo,
hogar y hoguera ahora tus palabras
para lanzar a ellas los recuerdos
que ya no necesito -que ardan,
que ardan, malditos-, ahora y en tu voz
y tu escritura el exacto lenitivo,
la nocturnidad donde ya no ha de guarecerse
lamento alguno a resultas de qué culpa.


Me hablas, me sosiegas;
eres libro viejo, amigo, que espera en mi mesita
la noche insurgente en que deba concederme escudo
cuando la ansiedad o la aprensión
me encañonen a la nuca, o ese mirlo
que trepa un canto luminoso a mi ventana
y se mimetiza en lo oscuro y allí conspira
para aniquilar la madrugada desde dentro.


Así tu amigable retórica, tus palabras,
esa frase dicha siempre a tiempo
para pronunciarte a la diestra de mis ilusiones,
lamen sin asco esa llaga que padece mi vida,
desescombran este corazón en detrimento a la amenaza
del futuro, este costado al aire,
expuesto al sol de medianoche y los gusanos,
sobre el cual me repliego y me guarezco de los otros,
muladar a ratos de mis logros a medias,
vertedero a crédito de mis horas más bajas,
este miasma inocuo de mi aliento que ya sueña,
desde hace tiempo y lunas, cubrirte
esas mismas palabras (y otras tantas) con un beso.


II

Pero también tú herida, también tú
alero agusanado a veces
de pájaro muerto,
                               y no sé si ya es suficiente
o si aún te sirve esta correspondencia
de voces desacostumbradas, de tarde y en la noche,
en que yo ya te quiero sin llegar a decírtelo.


Si ahora preguntases por mí, si abolieras
de un solo tajo esta distancia física de ahora
que nos mantiene a descubrir despiertos un mismo amanecer
ocurriendo al tiempo en dos ciudades diferentes,
y me nombraras ansiosa y expectante en mis rutinas,
y buscases de ese modo mis ojos entre los ojos
que dan miedo de la gente, y allí preguntaras
por mí, por mis asesinados y mis protegidos,
a los cadáveres que fui dejando a mi paso,
a esos amigos que enemistaron con las mías sus pasiones,
a esos enemigos que alguna vez me invitaron a una copa,
y les preguntases a ellos y a mi propia vida
siempre establecida en la astenia de una carencia,
sabrías que soy de ese tipo de personas que nadie,
nunca, recomienda.


                                    A ti
puedo decírtelo: calidad de confesor
traigo en el amor que te profeso.
Porque también tú herida, también tú
cómputo noctámbulo de error cometido,
hábito de detrito, basura, mala compañía,
zona de sombra, criatura errabunda
que busca lamerse la culpa inmerecida a expensas
de qué alto precio que establezca el olvido.


No sé si ya es suficiente
o si aún te sirve esta correspondencia
de voces desacostumbradas al cariño,
pero el teléfono comunica, de tarde y en la noche,
repitiendo tu nombre y su fulgor,
y yo ya necesito verte y que me veas
para desarmar juntos tantas oscuras delaciones.

4 comentarios:

Eusebio Priego dijo...

Es un poema muy bueno, Raúl.
Te felicito.
Un abrazo grande, amigo.

Raúl Viso dijo...

Muchísimas gracias, Eusebio. Espero que la vida te sonría. Un abrazo enorme.

La Maga Lunera dijo...

Como siempre, sin palabras. Eres el más grande.

Raúl Viso dijo...

Palabras es lo que me falta a mí para parir este poemario tal y como lo tengo en mi cabeza. Te amo, mi deidad.