"Mis criaturas nacen de un largo rechazo."
PABLO NERUDA




















lunes, 16 de julio de 2012

La playa (del poemario "Algo sagrado")




Fueron siempre solos mis pasos
sobre la mudable cualidad de la arena,
aéreas huellas de nadie
que nada ni nadie nunca borrará
si se considera (o es lícito pronunciarse ahora,
instaurada la ausencia en esta noche
a levante de tus ojos)
que, a soledad por hábito y costumbre,
marcadas sin peso en ese reloj cambiante de las dunas,
nunca, para nadie en realidad, existieron;
pues así resulta imborrable lo que jamás aconteció
-como tu amor por el momento, apócrifo
lo mismo que el deseo a pálpito en pecho de aprensiones
de quien ya no sueña obcecado en su desgracia-
si establece permanencia a vigencia segura de lo siempre
incumplido o nunca sucedido.


Pero aquí y así te quiero, jamás ocurrida
y nocturno en mí el mar en esta playa oscura
donde doy ritos funerales a la combustión de las estrellas
que arden mientras te imagino, kilómetros por medio,
contemplarlas ya extintas, casi gata
en tu terraza desde los tejados de Madrid.
Aquí y así te quiero, intocada todavía,
a estrenar por mi boca entumecida y que me estrenes
como si nadie ya hubiera de amar más
ni haber sido nunca amado, ni tú ni yo mandásemos
cumplir promesas al olvido para constatar que ambos,
antes de unidos nosotros con nosotros aún sin nosotros,
tuyo yo conmigo sin ti mía tú contigo sin mí,
tuvimos un pasado.


Porque nunca te tuve en esta playa, esta playa
es tuya;
               y ya mi imaginación te asocia
a escenas de niña adulta jugando
con las olas, espuma de tu médula
en la noche dócil de brisa redentoria
si ya el futuro acarrea el fulgor de tu nombre,
albura, blanco sobre negro,
esperma de mi vigilia pensándote en un abrazo
que nos ungiera ya por fin, lejos del dolor,
en línea paralela contra el piélago
y su horizonte, enamorados igual que la luna de junio
enfrentada a su reflejo devuelto por las aguas,
amarilla y nominativa de la desnudez
que te supongo, que añoro ya
sin haberla navegado todavía.


Porque jamás me susurraste palabras de amor en esta
orilla
            ni en ninguna otra, remece
la marea tu voz y siento que me llamas,
siento faltarme la costilla de donde
te crearon, y en vano te busco
saliéndome al encuentro en este paseo marítimo
o persiguiendo mis pasos -siempre solos mis pasos-
sobre la mudable cualidad de la arena,
persiguiendo mis huellas, aéreas huellas de nadie
que nada ni nadie nunca borrará
si se considera (o es lícito incluirte ahora,
macerado el sentimiento en esta noche
a levante de tus ojos)
que así marcadas junto a las tuyas quedarían.