"Mis criaturas nacen de un largo rechazo."
PABLO NERUDA




















lunes, 9 de julio de 2012

Desiderata: fragmentos del bloque tercero del poemario "Algo sagrado".



A Paloma Rodríguez Ortega


FRAGMENTO 1


Vivir amadrigado en tu pecho, solícita
la mejilla a la suma protección de tu latido
por debajo de la ropa, la carne, el hueso,
y allí en el tórax tu pulso nítido que impulsa
tu vida y mi ternura, si es así como la habilita
y la atesora;
                       pues nunca un abrazo tuyo
acogiera tanta certeza de amor
como la que ahora yo te ofrezco
(y aunque suene altivo decirlo),
nunca uno mío fuera tan constrictor
y entregado, propicio a la dicha de saberse
al fin, en la albura del regazo, siempre ser único.


Vestido con tu piel, vivo un trance
de puro prodigio:
                              ya no soy
paria, ya no acorralo frases de filósofo ebrio.
Aun así, protégeme de mí,
levanta tus defensas en las postrimerías
de mi fatalismo, hazme saber
que soy tuyo, que soy perro, tuyo,
que eres propietaria incluso de mis aprensiones,
que no abandonarás la suscripción a mi mirada,
que soy tuyo, que eres mía,
que la posesión es palabra tan temida por el resto
pero condición indispensable
de nuestras pasiones hechas bloque único.


Aíslame del mundo, isla azul
y recogida, o repliégame en tu seno
como a un billete introducido en un escote.
Custódiame:
                       no quiero más ángel
que el ala desmayada de tu cabello
cuando lo cepillo.


FRAGMENTO 2


Que no te abandone, que no deje
a hurtadillas el lecho marital en que tu sueño
ya organiza luchas supraterrenas con la luz,
luz filtrada, haces en las mirillas
de la persiana de la fiesta que desdeñas
del nuevo día, intocado, todavía por abrirse
a la ensenada azul de tu mirada.
Que estás cansada, cansada de tu cansancio,
que el sueño te recobra
a la linde sin memoria
de un cálido olvido,
a un estadio sin dolor,
                                     y me llamas,
me reclamas a tu lado, me retienes, solicitas
mi peso tan escueto a la vera de tu horizontalidad,
y tu talle apretado de junco joven va cumpliendo
siluetas deliciosas y ciclópeas bajo las mantas.


Entonces me acomodo en tu sueño,
y porque a veces sea frágil y caprichoso como la fe en algún dios,
allí me mando mudar a soñar yo también
con aquello que quizás nunca fui, con ese
hombre que jamás podré ser, pero tú vislumbras y sostienes
sin ambages ni reversos.
                                         Tal vez
sólo en ese momento vaya lentamente
completándome, aceptándome a mí mismo,
a mi costumbre de pronta mañana
y premura inútil con los ojos ya abiertos,
y allí ocurre que en tu recogimiento de gata me hago
blandura, y abrazo tus márgenes,
y contemplo tus amortiguadas facciones,
el gesto que cometes de llevarte a los labios
dos dedos infantiles, como solicitando así
un silencio afelpado de sábanas usadas.

2 comentarios:

La Maga Lunera dijo...

Es una auténtica maravilla, y un honor, un orgullo, que estas letras hablen de nosotros. Eres muy grande y te admiro profundamente. Te amo.

Raúl Viso dijo...

Yo sí que te admiro, mi niña. Te amo.