"Mis criaturas nacen de un largo rechazo."
PABLO NERUDA




















miércoles, 27 de junio de 2012

M-300 (poema inédito)




A Érika Pérez García
y Eduardo López Escobar


He venido a sentarme en la cuneta
para otorgar despedidas.


Si me dolió abarcar algunos abrazos,
de tan intensos como fueron, era porque
ya estaba instruido en el adiós.
(Dieciséis años y un día, pero a los quince
ya conocía la acepción de la palabra ruptura.)


Lanzo guijarros a la carretera y recuerdo,
fumo con parsimonia y chulería,
los tejanos rotos, el alma desgreñada
como a punto de no serlo o de negarse
a sí misma, pellas y sueños en los bolsillos
a falta de efectivo, ningún pañuelo que agitar al aire
y un espejismo en el asfalto al final de esta recta.


Ya interfería en sus planes un silencio entre los dos,
forma perfecta del reproche.
No cabe en una maleta la vida, y hay pliegues
de la piel que un día los vistió a propósito de sí mismos
que se resistían al cierre de la cremallera.
Ya eran sus ojos de ausencia, y sus palabras, de más;
ya sobraba quizá hasta el último beso,
ése que se da a buen perder,
esperando que el final sea el comienzo de algo.


Los vi abrazarse y llorar, desamándose, igual
que condenados contra la tapia de un cementerio;
la mutua decisión de abandonarse
ya trascendía al estadio sigiloso del olvido.
Fui testigo de su unánime adiós
y sentí que ya había vivido antes esa escena;
equidistaban dieciséis años y un día, pero a los quince
ya conocía la acepción de la palabra ruptura:


cuando mis padres también se desamaron,
a expensas de qué lágrimas,
y me fugué a sentarme y fumar en la cuneta,
para lanzar guijarros a la carretera y no agitar
ningún pañuelo al aire
que otorgase despedidas.

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