"Mis criaturas nacen de un largo rechazo."
PABLO NERUDA




















martes, 19 de junio de 2012

La tormenta (poema inédito)




Fue siempre noche dócil, displicente,
madrugada de estancia grata sin monstruo en el armario
en la infancia de mis aprensiones,
aquélla en la que la tormenta descargaba
a voz en trueno, como el rugido
de un dios desesperado
clamando desde el cielo
y pronto a perderse su fe en él
entre los hombres, con nubes de jergones rojos
recortándose contra la negrura
y contra la negrura, entre sí, colisionando
en eléctrico estallido, así a parir el relámpago iridiscente,
hermano de mi prosa, y el rayo que no logro en mis versos
por más fulmíneo que sea su sentido.


Tal vez fueran el verano y su bochorno,
la fragancia conciliadora del ozono asfixiando el miedo de mis noches
en cuarto de luz hasta las tantas
con reproches de mi padre,
quien así apaciguaba mi vergüenza y mi ridículo,
quien así erguía mi desvelo con mano izquierda
de luces y sombras, azul sobre negro,
lluvia tardía que en la sobremesa ya se sospechaba
de tarde a madrugada, mi vigilia a regadío,
a milagro denostado de la tierra que aplacaba su sed,
la transformaba en aroma
como de sexo del planeta,
lo ascendía a mi ventana con alféizar sucio
de vencejos guarecidos, cualidad olorosa de la tierra mojada
colmando mi memoria para su futuro crecimiento,
ocurriendo así un otoño de horas en pleno infierno de agosto.


Yo contaba el tiempo transcurrido entre el rayo
y el trueno, metrónomo a sonido y luz
hipnóticos, consenso gradual de las fuerzas que pocas veces
me aterraban en mitad del alabastro de las noches:
luz, segundos, sonido, milagro, rachas
de pesada lluvia agobiando los grados del asfalto,
en verano frío, prodigio, madrugada sin miedo,
agua a la tierra, agua al agua, al aire expendida
con furiosa ternura, agua de larga espera,
agua originaria en mi creación, ser de agua como soy,
agua liberada en manto oscuro, incontinencia del agua
queriendo pesar sobre mi sueño.


Y ya en la mañana, al despertar en cuna de lluvia acontecida
la noche anterior, buscaba la cinérea claridad
del verano aliviado en la tormenta;
lavada la ciudad de sus miasmas,
era yo perdurando con mi sueño, al fin yo,
tramando un desenlace en trama de calles a refresco
para tanta madrugada inacabable
si la tormenta no iluminaba la longitud de sus augurios
hechos formas ciclópeas en la profusión de los objetos en desorden
que la oscuridad amontonaba con tinieblas.