"Mis criaturas nacen de un largo rechazo."
PABLO NERUDA




















lunes, 11 de junio de 2012

Gracias

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Dicen que sólo el dolor es real. Y quizá sea cierto, pero con matices a añadir: sólo el dolor es real... mientras se padece. Cuando el dolor ya ha desaparecido, resulta muy difícil evocarlo de manera fidedigna, en todo su lacerante esplendor y con todo su vigor. Aunque haya ciertos tipos de dolor que nunca se olvidan, a mí, por lo menos, me resulta difícil evocar con todo lujo de detalles, en propia piel, cómo eran exactamente esos latigazos y calambres de un nervio enloquecido agitándose bajo el esmalte cariado de una muela en mal estado, por ejemplo, o cómo la fiebre me abrazaba en sus ensueños de alta temperatura para doblarme ante una vigilia de sudor que en realidad no lo era, sino un duermevela erigido a partes iguales por microsueños y desvelos... Prueba de ello es que uno nunca sabe con certeza cuánto dolor ha padecido hasta que no ha conseguido salir del trance; entonces, y contradictoriamente, ya a salvo, uno se da cuenta de todo lo que ha sufrido pero no logra restaurar en su recuerdo, con la exactitud que debiera, toda la intensidad de ese sufrimiento. 

De igual modo, yo no supe lo solo que estaba hasta que no me encontraste. Sé que pesaba mi tránsito sobre el mundo, que caminaba sin rumbo por la ciudad por el simple placer de autoimponerme una desfasada penitencia y contemplar la vida y la felicidad de los otros, a veces acodado en una barra cualquiera, abrigado al escondite de un par de cervezas y un periódico abierto ante mis narices desde el que espiaba los actos del resto de la gente, para verter luego la opinión que de ello sacaba en las redes sociales y encontrar en ellas algunas buenas voluntades y un sinfín de enemigos más bien mediocres. Sé que mi paso era inercia inútil, potencia sin control, cercado pensamiento. Ahora ya no consigo recordar, antes de ti, cómo llenaba tantas horas vacías, ni cómo influían mi sentir y mis actos en las vidas de los demás. 

Ha pasado poco más de un año desde que me buscases para acompañarme en uno de esos exilios personales que, a veces, tengo la necesidad de imponerme para encontrar el norte, o mejor aún, para desnortarme, para imantar la brújula y cambiar así destinos preestablecidos. Y no ha sido un año fácil, ni en nuestra vida en común, ni tampoco en la que cada uno de nosotros dos lidia respectivamente. Ha hecho falta  amoldarse al otro, pulir caracteres, encontrar zonas comunes en las que los dos nos moviésemos con la misma comodidad... Pero aquí estamos. Me educaron siempre para dar las gracias, pero no es fácil cuando no se trata simplemente de un mero acto de cortesía: dar las gracias de verdad, sintiendo que las palabras quedan parcas y como demasiado usadas, se me antoja una tarea titánica. Ya no sé qué homenajes rendirte para pedirte que nunca me faltes. Ahí está EL RECONOCIMIENTO DE ARGOS, por ejemplo, nuevo blog parido a inspiración únicamente de tu persona, o el proyecto del poemario Algo sagrado, que cada vez toma más forma y van acumulándose versos que han de tratarse con gracia, fuerza y tiempo, a expensas de adoptar su cuerpo definitivo. 

Hoy estoy vacío de literatura, aunque esta entrada no pretenda serlo. No sé dar las gracias como debiera. Lo que tengo que decirte, está en mis proyectos literarios: que pregunten a ellos por ti y por el amor más grande que jamás nadie me ha dado. 

1 comentario:

La Maga Lunera dijo...

Gracias a ti, por darme también el amor más grande que nadie jamás me ha dado. Y por muchas cosas que ambos sabemos. Te amo, siempre estaré a tu lado, y el mundo será nuestro. Gracias por cada homenaje, por cada caricia, por cada beso, por cada día. Por casi un año maravilloso y la certeza de toda una vida. Eres mi todo.