"Mis criaturas nacen de un largo rechazo."
PABLO NERUDA




















miércoles, 27 de junio de 2012

Elogio del insomnio




Siempre he tenido problemas para dormir. Ya siendo muy niño mis noches eran largas y estáticas, un trance de horas que fueran siempre una sola, eternamente detenida en la esfera de un reloj en cuyo mecanismo sólo se moviesen las ruedas del segundero y el minutero, permaneciendo así inmutable la de las horas, las agujas siempre señalando los mismos números, para nunca ver amanecer... Si bien decir que el mío era un insomnio elegido, forzado, una vigilia de préstamo, un desvelo que se busca para no tener que asomar el alma al vértice impreciso del sueño -"esa gigantesca cavidad en donde el alma sólo puede caber a pedazos", escribí en mi novela Ampliación del insomnio- , donde los puñetazos son mucho más lentos y las copas de los árboles se mueven aun sin ningún viento en la atmósfera que las agite, como en el paisaje onírico de ese cuento-fábula de Poe, Silencio, uno de mis favoritos de su producción. Mis pobres padres pueden dar buena cuenta de ello: mi madre, con esa asombrosa capacidad que tienen las madres para percibir desórdenes en sus vástagos, cuando abría los ojos en plena madrugada y me descubría a los pies de su cama, contemplándola fijamente en la penumbra porque tenía la insana costumbre, aprensivo ya a temprana edad, de vigilar a los habitantes de mi casa cuando dormían para comprobar si respiraban; mi padre, por su lucha conmigo por que apagase la luz y durmiera, con la resolución poco efectiva de amenazarme con echarme a dormir al descansillo, que precisamente era siempre el escenario de mis pesadillas recurrentes, ésas mismas que me conminaban a provocar adrede mi desvelo. Tanto es así, que lo tomé como una de las temáticas principales de mi obra: ahí están, para probarlo, relatos como Primera vez (publicado en este mismo blog), el poemario Ejercicios con lo oscuro -algo más de una decena de poemas de ese volumen aparecen también aquí, en A DESHORAS- y la ya mencionada novela Ampliación del insomnio.

Pero no siempre mi insomnio -y no solamente éste, sino también las aprensiones que en un hombre de mi carácter acarrea- fue un insomnio elegido. A lo largo de los años, dependiendo de las épocas y las circunstancias en que lo padeciese, ha ido pasando por diversas fases: unas veces -sobre todo en la primera infancia y en mi primera juventud- fue, como digo, elegido, bien por las pesadillas o por la hipocondría surgida de la ansiedad, hace tiempo cronizada en mí, y que no me permitían que yo me permitiera dormir; otras, simplemente viví la noche porque me resultaba más apacible para escribir; de cuando en cuando, eran la culpa y el remordimiento por errores cometidos quienes sujetaban con alfileres mis párpados; ahora mismo, en el presente en que escribo esta entrada, porque las preocupaciones, mi situación laboral y económica extremadamente alarmante, las deudas, la incertidumbre constante por el futuro de mi hija, mis deseos de prosperar como escritor y las fatigas del amor, impiden que el sueño entre en mí, se asiente, le tome el relevo a mi actividad y se expanda. 

Dibujo de Raúl Viso
Y sin embargo, pese a que un servidor ha vivido una noche eterna de imaginaria, y aunque lo que busca ahora, en palabras de Borges, son las mañanas, el centro y la serenidad, le tengo cierto cariño a esta existencia de sobresalto, este permanecer siempre con la guardia alta. La prueba de ello es que casi nunca tomo nada para dormir y apenas me valgo de remedios, naturales o farmacológicos; solamente cuando siento que las aprensiones y la escolopendra constricta al corazón de la ansiedad me van a tener comiendo techo, con dos dedos crispados tomándome constantemente el pulso y mi cabeza rumiando acerca de la idea de la muerte, me coloco media benzodiacepina bajo la lengua, con temor de convertirme en uno de esos zombies que hasta para echarse una siesta de comida copiosa necesitan ponerse hasta el culo de Dormidina. Tengo algo de gato sobre el tejado mirando a la luna, así que como una vez leí que el efecto de la valeriana en los gatos era similar al que causa el LSD, paso muy mucho de las adormideras, que no me hace falta estar más loco.

Bromas aparte, desconfío de aquellas personas que siempre, en cualquier circunstancia, pueden dormir a pierna suelta. Se dice por ahí que aquél que no puede dormir es porque no tiene la conciencia tranquila, pero no las tengo yo todas conmigo. Aunque tal vez sea cierto, tal vez Hitler tenía la conciencia tranquila y el muy hijo de puta roncaba como un oso después de cargarse a montones de personas... En cualquier caso, creo que es necesario que, al menos una vez en la vida, cualquiera experimente una noche de insomnio, meditando tal vez acerca sobre los errores cometidos, sobre lo que pudo ser y no fue, sobre esas oportunidades que se esfuman apenas uno se despista un poco, y tantas y tantas flaquezas del alma, propias y ajenas. Un guerrero que duerme con los ojos abiertos es mejor guerrero, y esa especie de lucidez alucinada que proporciona el no haber dormido durante varios días puede ayudar a parir alguna buena obra, lo mismo que otros para idéntico propósito prefieren tomar drogas. A la mierda con Sigmund Freud y con los planchaorejas seguros de su aportación a los ritmos interiores del mundo.


2 comentarios:

duermemejor dijo...

Felicidades, interesante blog! Por lo leído en tu post eres más bien búho que marmota! Te invitamos a visitar nuestro blog sobre el sueño y el insomnio. Un saludo! http://www.duermemejor.com/blog/

Raúl Viso dijo...

Pasaré por vuestro blog, sin duda, aunque más para documentarme para mis proyectos (con vuestro permiso, por supuesto)que para ponerle remedio a mis desvelos. Como bien dice esta entrada, yo elogio el insomnio. Gracias por leerme.