"Mis criaturas nacen de un largo rechazo."
PABLO NERUDA




















martes, 15 de febrero de 2011

La lluvia



Qué usual y, a la vez, qué extraño fenómeno metereológico el de la lluvia, qué poso de recuerdo las aceras mojadas en el final de la tarde (si atendemos a esos versos de Borges, tan nostálgicamente certeros, que dicen: Cae o cayó. La lluvia es una cosa / que sin duda sucede en el pasado), qué higiene la de una ciudad de polución lavada por ella, qué aroma reconciliador el suyo, qué necesidad fastidiosa o qué fastidio necesitarla… Amanece nublado hoy, cayendo una lluvia fina, no torrencial pero insistente como algún tipo de culpa, de ese tipo de lluvia que hace tanto bien al campo y que no se corresponde con el mes de febrero en el que estamos –principio de cola del dragón, esto es, del invierno, porque ya puede adivinarse, sólo adivinarse, de momento, su final-, sino más bien con un abril de juegos amorosos y ofrendas a tanta virgen, porque la temperatura es muy agradable pese al color de plomo del cielo y las nubes suspendidas como amenazas en las palabras de un hombre. Y viéndola caer pienso que sí, que, definitivamente, la lluvia es usual y extraña a un mismo tiempo: nos fastidia que ocurra, maldecimos y blasfemamos por los planes que nos anula, solemos creer que siempre tiene la cualidad inoportuna de caer solamente durante nuestro tiempo libre, en los fines de semana y durante las vacaciones; pero, a la par, se da la sensación de haber pasado mucho tiempo desde la última vez que llovió, sobre todo en nuestra geografía cada vez más acosada por la desertificación, y nos retrotrae al pasado, sospechando al recordar que hubo otro tiempo en el que solía llover más y también más a menudo.

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