"Mis criaturas nacen de un largo rechazo."
PABLO NERUDA




















martes, 22 de febrero de 2011

"En la frontera", de Cormac McCarthy

Cormac McCarthy (1933, Providence, Rhode Island, Estados Unidos), considerado como uno de los escritores norteamericanos más importantes de la actualidad, ha sido el más grato descubrimiento literario que he hecho en los últimos dos años. Su biografía está envuelta en la leyenda: lector tardío que no cogió un libro hasta los veintiún años, cuando se alistó en el ejército y sus alternativas de ocio se vieron limitadas, no suele conceder entrevistas y de él se cuenta que vivió bajo una torre de perforación petrolífera y que en su juventud llevó la vida de un vagabundo. Comparado con William Faulkner y Herman Melville, entre otros autores, ha sido galardonado con el National Book Award por su novela Todos los hermosos caballos y con el Premio Pulitzer 2007 de ficción por su novela The road (La carretera), ambas llevadas a la gran pantalla.


En la frontera es uno de los tres volúmenes (junto con Todos los hermosos caballos y Ciudades de la llanura) que componen la llamada Trilogía de la frontera. Ambientada en una época que oscila entre los últimos coletazos del Far West y el inicio de la Primera Guerra Mundial, es la historia de aprendizaje vital de Billy y Boyd, dos adolescentes de la América rural y salvaje que, tras el asesinato de sus padres a manos de unos cuatreros, iniciarán un viaje fabuloso y empírico que les conducirá hasta México. Múltiples aventuras se les deparará a los dos muchachos, desde la relación extrañamente afectiva con una loba acosada por los tramperos hasta una gloriosa e incierta leyenda surgida en las aldeas y basada en ellos a raíz de los actos de valentía cometidos contra unos matones.

Con una estructura cambiante, susceptible de ser criticada como difusa e improvisada, el hilo argumental de esta novela está plagada de parábolas semibíblicas, parajes inhóspitos, chamanes y gitanos y toda la desolación personal, íntima –una constante en la obra de este autor, que ha llegado a ser una seña de identidad de su estilo y de sus temáticas preferentes-, a la que uno pudiera acceder enfrentado a la magnitud y la belleza abrumadora de la Naturaleza. Más iglesia hay en el paisaje que en la propia iglesia, parece decirnos McCarthy en este libro, que a ratos recuerda las grandes obras de Jack London; más espiritualidad en la búsqueda y encuentro de un territorio particular que en rezos y oraciones; más redención en la solidaridad que en la penitencia. Billy y Boyd –más el primero que el segundo- aprenderán que la belleza y la mezquindad del ser humano viven conjuntamente en el complejo entramado de la vida, a menudo de un modo inseparable.

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