"Mis criaturas nacen de un largo rechazo."
PABLO NERUDA




















viernes, 19 de noviembre de 2010

"Ya sólo habla de amor", de Ray Loriga

LETRAS LIBRES /  (De click para agrandar)De sobra es conocida ya la actividad imparable de Ray Loriga (Madrid, 1967), escritor, guionista y director de cine, que ha colaborado, entre otros, con Pedro Almodóvar y Carlos Saura, ha dirigido las películas La pistola de mi hermano y Teresa, el cuerpo de Cristo, y es autor de las novelas Lo peor de todo, Héroes, Caídos del cielo, Trífero, El hombre que inventó Manhattan, además de los libros de relatos Días extraños y Días aún más extraños. Traducido a catorce idiomas, y con el beneplácito de la crítica internacional, de él se ha dicho que se ha unido al selecto grupo de escritores (como Houllebeq y Murakami) que están redefiniendo la ficción del siglo XXI.

Pero Ray Loriga hace ya algún tiempo que abandonó ese estilo literario heredado de la cultura del rock and roll y que le llevó a ser comparado con cierto tipo de literatura que se practica sobre todo en Estados Unidos. Poco queda del autor de novelas como Lo peor de todo y Héroes y de las etiquetas manidas y facilonas que se le colocaron en el inicio de su trayectoria literaria. Si bien esto ha causado cierto desencanto entre algunos de sus seguidores, creo que esa madurez, que  ya comenzó a palparse notablemente con su novela Trífero, es muy necesaria; los escritores crecen, se ven enfrentados a nuevas perspectivas de la vida a medida que los años transcurren y, aunque esto pueda pesarle a muchos consumidores de sus obras, hubiera sido inverosímil e incluso mediocre que Loriga continuase hablando en sus historias de drogas y adolescentes confundidos. Sus novelas tal vez hayan perdido algo de frescura, pero han ganado en cambio en sentido común y coherencia respecto a la edad en que se han escrito.

Ya sólo habla de amor es un descenso íntimo a los infiernos del sentimiento amoroso y un atestiguamiento de la caída de la autoestima que puede suponer una relación fallida. Sebastián, el protagonista, incapaz de superar la pérdida del amor, se entrega vehementemente a su derrota, y en tanto que se da con entusiasmo al sentido de la culpa, se dedica también a darle la murga a los amigos, a observar a las mujeres con una minuciosidad obsesiva y a traducir poemas de William Blake. Sin una acción ni un argumento palpable en el que la historia se sostenga (una noche por delante para pensar en los errores del pasado y para atreverse a sacar a bailar a una chica a la que corre el peligro de perder de nuevo por estar rebozándose demasiado en los motivos que le llevaron a perder a su anterior pareja), no obstante el libro quizá pretenda enseñar que los errores son casi siempre los mismos a lo largo de la vida y que el arrepentimiento, aunque inevitable, no es el motor más adecuado para cambiar las cosas que no nos gustan de nosotros mismos.

Una historia absolutamente normal, corriente, cotidiana, tan usual y conocida que podría ser susceptible de causar aburrimiento o indiferencia. Pero ahí radica su encanto. En muchas ocasiones, los libros que más nos entusiasman no son los que nos enseñan algo, sino los que nos dicen cosas que ya sabíamos.


martes, 16 de noviembre de 2010

"El faro de la última orilla", de Stephen Marlowe (reseña)

Stephen Marlowe (Nueva York, Estados Unidos, 7 de agosto de 1.928 - Williamsburg, Virginia, Estados Unidos, 22 de febrero de 2.008), aunque pueda resultar un autor desconocido para muchos lectores, era un excelente biógrafo y novelista que ha escribió novelas de resonancia internacional, como son Las memorias de Cristobal Colón, que obtuvo en Francia el Prix Gutemberg du Livre en 1988, y Vida (y muerte) de Cervantes. Con este libro, El faro de la última orilla (The lighthouse at the end of the world), pretende acercar la figura del genial escritor Edgar Allan Poe, mostrándonos los vericuetos mentales por los que se movía el autor bostoniano y relatándonos la última semana de su vida, que pasó entre la cárcel y el hospital de Baltimore.

A tan sólo cinco días del fin de su existencia, Edgar A. Poe, escaso de recursos y prácticamente en la indigencia, hundido ya de lleno en toda su gloria demente, se suma a un partido político fraudulento en el día de las elecciones de la ciudad que cambia votos por dinero y comida caliente. Esta jornada hará de gozne que abra las puertas de la imaginación, y Poe se encontrará evocando el pasado y haciendo una incursión en una vida paralela que incluye un viaje a París en el que conoce a Alejandro Dumas y al personaje más famoso de sus propios relatos, el detective Auguste Dupin, padre de todos los Sherlock Holmes de la literatura, además de una visita a una isla de Malasia en la que tendrá que impedir la destrucción del ídolo de una tribu que puede suponer el fin del mundo. Asimismo, durante estas aventuras e incursiones a su mundo onírico e imaginario, Poe se imagina escribiendo una novela a la que no logra encontrarle el final, y que trata precisamente de un hombre que se enclaustra en un faro de una costa remotísima, absolutamente solitaria, a escribir una novela sobre el fin del mundo a la que tampoco consigue encontrarle un desenlace.

Aunque el argumento, leído así, pueda parecer un tanto peregrino e inverosímil, la trama va entretejiéndose a la perfección, hilando magistralmente unas aventuras con otras, y la pericia de Marlowe nos coloca allí y allá elementos tan propios de la literatura del autor de El cuervo, como pueden ser los dobles, los sonámbulos, el mesmerismo, los dificultades y los miedos que invadían a Poe cuando debía finalizar un relato, además de regalarnos pasajes de absoluta belleza que parecieran escritos de los propios puño y letra del genial escritor americano. Tal vez el único incoveniente de la novela sea que, para leerla, uno debe tener ciertas referencias de la biografía de Poe, debe haber conocido antes su vida y su literatura para poder complacerse en estas páginas de los guiños y homenajes entre líneas que Stephen Marlowe hace a uno de los mejores escritores de todos los tiempos. Por lo demás, quien conozca la vida y obra de Edgar Allan Poe disfrutará mucho con esta novela; sobre todo con los elementos biográficos que hay en ella, como es la relación que guardaba con su prima y esposa Virginia Clemm, de la que me concedo la libertad de incluir aquí un fragmento maravilloso: "[...] y yo la amaba por ser una persona para todos los demás pero otra persona diferente para mí y la hubiera querido aunque no fuera así. La amaba."

lunes, 15 de noviembre de 2010

"La noche de los tiempos", de Antonio Muñoz Molina (reseña)




Esta es, sin duda alguna, la novela más ambiciosa en la bibliografía de Antonio Muñoz Molina (Úbeda, Jaén, 1956), uno de los escritores con una de las trayectorias más sólidas e interesantes de las dos últimas décadas en el panorama narrativo español. Las 958 páginas que contiene este libro dan buena cuenta de ello, y también la pericia necesaria para escenificar su relato en los primeros inicios de la Guerra Civil española sin politizar el mismo, aunando personajes reales (NegrínMoreno VillaBergamín...) con personajes ficticios, y logrando una perspectiva absolutamente objetiva de los bandos enfrentados, resaltando con idéntica lucidez tanto los defectos como las virtudes de cada uno de ellos. 

Un día de finales de octubre de 1936, Ignacio Abel, arquitecto español, llega a la estación de Pennsylvania (Estados Unidos), alejado ya tal vez para siempre de su mujer y sus hijos, que permanecen incomunicados en España tras uno de los múltiples frentes que ya comienzan a quebrar el país. Durante el largo viaje recordará los hechos acaecidos en los últimos meses, la historia de amor clandestino con la que ha de ser la mujer de su vida y la ofuscación social y la confusión que precedieron al estallido de la guerra, la dualidad entre la vergüenza y el escarnio por la traición que ha brindado a su familia a causa de su adulterio y la satisfacción íntima de haber encontrado un país tan diferente del suyo, moderno y progresista, en el que podrá desplegar con toda libertad de recursos sus dotes para la construcción de un edificio.

Aunque escenificada en los acontecimientos precedentes al estallido de la Guerra Civil y en los primeros inicios de ésta, la novela es una gran historia de amor clandestino. El protagonista se enamora de Judith, una chica americana que ha llegado a España para absorver cada partícula de la cultura y las costumbres del país, enamorada por las referencias culturales que tiene de él desde muy niña, desde que leyera "Cuentos de la Alhambra", de Washington Irving. No es solamente su belleza; Judith representa todo lo opuesto a lo que Ignacio Abel desprecia de su propio país: la zafiedad, lo arcaico, el folclore, lo manido, la perseverancia ciega en tradiciones que impiden una mirada objetiva y progresista del mundo, todas esas cualidades tan insoportables para él y que parecen reunir a pleno los miembros de la familia de Adela, su mujer, con los que no se siente identificado en absoluto
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Lo más atrayente de esta novela sea quizá la lucidez con la que Antonio Muñoz Molina ha incluido personajes reales en la historia, desprendiéndoles de ese rango de mito que sugieren sus grandes nombres. Así, podemos ver a un Moreno Villa que prácticamente vegeta en su cuarto de la universidad, condenado al olvido por esos personajes como Federico García Lorca que, tras haber acudido a él, a su pintura y su poesía, a sus enseñanzas, cuando aún no eran nadie, ahora en la fiebre de su enorme éxito ya no se acuerdan de él. También a un Rafael Alberti contradictorio, concienciado con su ideología política, que proclama consignas comunistas pero, sin embargo, organiza y asiste a fiestas lujosas en las altas esferas. Todo esto, unido a la capacidad del autor para saber ver con perspectiva ecuánime a ambos bandos de la guerra: el salvajismo y la violencia acérrima de los falangistas, pero también su sentido de la disciplina, del deber, del esfuerzo; el apoltronamiento haragán de los republicanos, su sobrada arrogancia al pensar que la guerra la tenían ganada de antemano; los sentimientos más condenables del ser humano, la envidia y las rivalidades individuales que existen entre ciudadanos que denuncian a sus vecinos falsamente por afrentas banales que sufrieran en el pasado...

Una novela redonda, de final abierto, donde Antonio Muñoz Molina despliega la exuberante precisión de su prosa y esa virtud, característica ya de su estilo, de encontrar siempre los adjetivos más exactos e inhóspitos que uno pueda imaginar.