"Mis criaturas nacen de un largo rechazo."
PABLO NERUDA




















viernes, 30 de abril de 2010

(Habla el aburrimiento)


Norte soy de ningún propósito,
derroche del tiempo que gotea tu futuro
o frase aleccionada en el silencio,
algo que dice sin decir tu indecisión
y te inocula la desgana
que vive por ti, que sueña por ti
sin soñar, sucede sin ocurrir siquiera,
transcurre o pasa o fluctúa
sin que vaya o vuelva o suceda u ocurra
nada.


             Soy el monstruo más inmundo
en un poema de Baudelaire,
flor del mal, bostezo ineluctable
que con gusto se tragaría el planeta.
Apaciento sombras cada noche.
Ocupo la celda vacía
de aquellos que ya emprenden procesión fatal
en los corredores de la muerte.
Soy paciente; la impaciencia, sin embargo,
es el mal que en ti procuro.
Retraso los relojes, alargo las esperas.
Con el rabo del Diablo mato moscas
o me hurgo con el cabo de su flecha
entre los dientes.

Autorretrato (mera meditación)

Quién pudiera verse desde fuera de sí y salirse de uno mismo para poder contemplarse y componerse una imagen fiable y ajena del todo a su propia persona, no ya desde su consabido reflejo en el agua dura del espejo o desde el instante paralizado y siempre pretérito de una fotografía, sino más allá de esos ángulos engañosos e inamovibles, más allá de esas trabas, desde la mirada de los otros -orilla de expectación apoyada en un mar de crítica, la mayor de las veces-, que tal vez habría de descifrarnos nuestro gesto más feo y real, ese gesto torcido y definitivo que vestiremos en la horizontalidad de la muerte.
Muchas veces he buscado en mí ese mismo gesto, el gesto sin conciencia ni propósito que sé que cometo sin percatarme. Y así, en ocasiones, hay quien me ha sorprendido asomado al hábito embebido de mirarse a los espejos y me ha tachado de presumido o narcisista, ignorando que mi hábito no es vanidad ni tan siquiera hábito, sino propósito de perspectiva, búsqueda, quizá puro juego. Lo más cercano que conseguí encontrar a ese gesto al que me refiero fue algunas malas fotografías que alguien me echó por sorpresa o por azar, capturándome de improviso con mueca idiota de párpados cerrados y boca ancha de bostezo inoportuno, por ejemplo, o mirando hacia qué punto, en segundo o tercer plano, por detrás del principal o principales fotografiados, abstraído y con esa cara imberbe, pusilánime, como reblandecida de modorra, con que suelen enmascararnos la abstracción y la vida contemplativa.