"Mis criaturas nacen de un largo rechazo."
PABLO NERUDA




















lunes, 15 de noviembre de 2010

"La noche de los tiempos", de Antonio Muñoz Molina (reseña)




Esta es, sin duda alguna, la novela más ambiciosa en la bibliografía de Antonio Muñoz Molina (Úbeda, Jaén, 1956), uno de los escritores con una de las trayectorias más sólidas e interesantes de las dos últimas décadas en el panorama narrativo español. Las 958 páginas que contiene este libro dan buena cuenta de ello, y también la pericia necesaria para escenificar su relato en los primeros inicios de la Guerra Civil española sin politizar el mismo, aunando personajes reales (NegrínMoreno VillaBergamín...) con personajes ficticios, y logrando una perspectiva absolutamente objetiva de los bandos enfrentados, resaltando con idéntica lucidez tanto los defectos como las virtudes de cada uno de ellos. 

Un día de finales de octubre de 1936, Ignacio Abel, arquitecto español, llega a la estación de Pennsylvania (Estados Unidos), alejado ya tal vez para siempre de su mujer y sus hijos, que permanecen incomunicados en España tras uno de los múltiples frentes que ya comienzan a quebrar el país. Durante el largo viaje recordará los hechos acaecidos en los últimos meses, la historia de amor clandestino con la que ha de ser la mujer de su vida y la ofuscación social y la confusión que precedieron al estallido de la guerra, la dualidad entre la vergüenza y el escarnio por la traición que ha brindado a su familia a causa de su adulterio y la satisfacción íntima de haber encontrado un país tan diferente del suyo, moderno y progresista, en el que podrá desplegar con toda libertad de recursos sus dotes para la construcción de un edificio.

Aunque escenificada en los acontecimientos precedentes al estallido de la Guerra Civil y en los primeros inicios de ésta, la novela es una gran historia de amor clandestino. El protagonista se enamora de Judith, una chica americana que ha llegado a España para absorver cada partícula de la cultura y las costumbres del país, enamorada por las referencias culturales que tiene de él desde muy niña, desde que leyera "Cuentos de la Alhambra", de Washington Irving. No es solamente su belleza; Judith representa todo lo opuesto a lo que Ignacio Abel desprecia de su propio país: la zafiedad, lo arcaico, el folclore, lo manido, la perseverancia ciega en tradiciones que impiden una mirada objetiva y progresista del mundo, todas esas cualidades tan insoportables para él y que parecen reunir a pleno los miembros de la familia de Adela, su mujer, con los que no se siente identificado en absoluto
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Lo más atrayente de esta novela sea quizá la lucidez con la que Antonio Muñoz Molina ha incluido personajes reales en la historia, desprendiéndoles de ese rango de mito que sugieren sus grandes nombres. Así, podemos ver a un Moreno Villa que prácticamente vegeta en su cuarto de la universidad, condenado al olvido por esos personajes como Federico García Lorca que, tras haber acudido a él, a su pintura y su poesía, a sus enseñanzas, cuando aún no eran nadie, ahora en la fiebre de su enorme éxito ya no se acuerdan de él. También a un Rafael Alberti contradictorio, concienciado con su ideología política, que proclama consignas comunistas pero, sin embargo, organiza y asiste a fiestas lujosas en las altas esferas. Todo esto, unido a la capacidad del autor para saber ver con perspectiva ecuánime a ambos bandos de la guerra: el salvajismo y la violencia acérrima de los falangistas, pero también su sentido de la disciplina, del deber, del esfuerzo; el apoltronamiento haragán de los republicanos, su sobrada arrogancia al pensar que la guerra la tenían ganada de antemano; los sentimientos más condenables del ser humano, la envidia y las rivalidades individuales que existen entre ciudadanos que denuncian a sus vecinos falsamente por afrentas banales que sufrieran en el pasado...

Una novela redonda, de final abierto, donde Antonio Muñoz Molina despliega la exuberante precisión de su prosa y esa virtud, característica ya de su estilo, de encontrar siempre los adjetivos más exactos e inhóspitos que uno pueda imaginar.