"Mis criaturas nacen de un largo rechazo."
PABLO NERUDA




















martes, 16 de noviembre de 2010

"El faro de la última orilla", de Stephen Marlowe (reseña)

Stephen Marlowe (Nueva York, Estados Unidos, 7 de agosto de 1.928 - Williamsburg, Virginia, Estados Unidos, 22 de febrero de 2.008), aunque pueda resultar un autor desconocido para muchos lectores, era un excelente biógrafo y novelista que ha escribió novelas de resonancia internacional, como son Las memorias de Cristobal Colón, que obtuvo en Francia el Prix Gutemberg du Livre en 1988, y Vida (y muerte) de Cervantes. Con este libro, El faro de la última orilla (The lighthouse at the end of the world), pretende acercar la figura del genial escritor Edgar Allan Poe, mostrándonos los vericuetos mentales por los que se movía el autor bostoniano y relatándonos la última semana de su vida, que pasó entre la cárcel y el hospital de Baltimore.

A tan sólo cinco días del fin de su existencia, Edgar A. Poe, escaso de recursos y prácticamente en la indigencia, hundido ya de lleno en toda su gloria demente, se suma a un partido político fraudulento en el día de las elecciones de la ciudad que cambia votos por dinero y comida caliente. Esta jornada hará de gozne que abra las puertas de la imaginación, y Poe se encontrará evocando el pasado y haciendo una incursión en una vida paralela que incluye un viaje a París en el que conoce a Alejandro Dumas y al personaje más famoso de sus propios relatos, el detective Auguste Dupin, padre de todos los Sherlock Holmes de la literatura, además de una visita a una isla de Malasia en la que tendrá que impedir la destrucción del ídolo de una tribu que puede suponer el fin del mundo. Asimismo, durante estas aventuras e incursiones a su mundo onírico e imaginario, Poe se imagina escribiendo una novela a la que no logra encontrarle el final, y que trata precisamente de un hombre que se enclaustra en un faro de una costa remotísima, absolutamente solitaria, a escribir una novela sobre el fin del mundo a la que tampoco consigue encontrarle un desenlace.

Aunque el argumento, leído así, pueda parecer un tanto peregrino e inverosímil, la trama va entretejiéndose a la perfección, hilando magistralmente unas aventuras con otras, y la pericia de Marlowe nos coloca allí y allá elementos tan propios de la literatura del autor de El cuervo, como pueden ser los dobles, los sonámbulos, el mesmerismo, los dificultades y los miedos que invadían a Poe cuando debía finalizar un relato, además de regalarnos pasajes de absoluta belleza que parecieran escritos de los propios puño y letra del genial escritor americano. Tal vez el único incoveniente de la novela sea que, para leerla, uno debe tener ciertas referencias de la biografía de Poe, debe haber conocido antes su vida y su literatura para poder complacerse en estas páginas de los guiños y homenajes entre líneas que Stephen Marlowe hace a uno de los mejores escritores de todos los tiempos. Por lo demás, quien conozca la vida y obra de Edgar Allan Poe disfrutará mucho con esta novela; sobre todo con los elementos biográficos que hay en ella, como es la relación que guardaba con su prima y esposa Virginia Clemm, de la que me concedo la libertad de incluir aquí un fragmento maravilloso: "[...] y yo la amaba por ser una persona para todos los demás pero otra persona diferente para mí y la hubiera querido aunque no fuera así. La amaba."

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