"Mis criaturas nacen de un largo rechazo."
PABLO NERUDA




















lunes, 24 de mayo de 2010

Charla de gestación y sobremesa ("El libro de Dalila" 3)

Me aburre lo más elemental.
(Nacerás, crecerás y seguramente me reproches,
con la impertinencia joven de quien presupone su futuro,
la facilidad con que siempre el tedio
enumera y aplaza casi todas mis acciones.)


En esta charla de gestación y sobremesa,
con café, copa y cigarrillo,
los escucho calcular fechas, considerar nombres posibles,
predecir tu sexo por ahora inexistente
y similar al de ángeles abstemios, hacer
al respecto pueriles apuestas;
las mujeres veteranas hablan por boca
de su experiencia -evidencia
obsoleta ya y tradiciones-,
mientras los hombres bromean
desde el tintineo del hielo de sus copas
acerca de una improbable ilegitimidad disociada
entre mi supuesta paternidad
y mi hombría.


Yo los escucho y no puedo evitar aburrirme,
sonrío sin ganas, me siento mal si pienso
que los amigos me molestan más cuanto más fieles,
le doy vueltas en mi cabeza a un texto escrito
la noche anterior, recuerdo de repente
unos versos de Rimbaud,
miro el fondo verde e irisado de mi vaso
con la esperanza tal vez de que vuelva a llenarse,
habito lugares comunes
impuestos involuntariamente por los otros,
bostezo de modo muy humano y con pudor
ante sus muestras fraternales de cariño.


Contrario en mi forma de amar al resto,
no puedo sentirme partícipe o identificado
con esos pormenores,
porque yo no pienso en esas cosas
si pienso en ti, y pienso en ti
a cada instante.


Pienso en si es justo y hermoso
arrojarte ahora el mundo.
Pienso en mi propia infancia desvelada
por las carencias de un niño demasiado susceptible.
Pienso en la edad que se avecina, en tu altura
que deseo que desbanque a mi propia altura.
Pienso en si le servirá a tu vida de algo
mi vida, yo que sólo fui claro ejemplo
de cómo no deben hacerse las cosas.
Pienso en cuando tenga que explicarte
el concepto de la muerte y ocultar mi miedo
para no transferirte idénticos temores.
Pienso o elucubro, te imagino un rostro,
te cedo el glosario de todos mis errores, única herencia
que hoy, a todas luces, podría darte.